edición: 2597 , Viernes, 16 noviembre 2018
10/07/2017
El BCE evita ser prestamista de último recurso

Comienza la revisión de los criterios de las pruebas de estrés a la banca

Los test son ineficaces, no detectan los problemas más graves ni evitan el pánico -la huida- de los depositantes
Juan José González
Fallos en las auditorías, en la aplicación de los criterios en las pruebas, en los contrastes de hipótesis adversas... muchos fallos que hay que revisar. Y a ello se dispone el BCE a tenor de los últimos eventos bancarios en Italia y España, rescatados por el Estado en el primer caso y resuelto con venta en el segundo, han conseguido remover los endebles cimientos sobre los que se asienta el débil edificio de los departamentos de la unión bancaria europea. La muy distinta fórmula de resolver las últimas crisis de las entidades bancarias como Banco Popular, Banca Popolare de Vicenza y Veneto Banca, dejan en evidencia la fuerte fragmentación del sector en Europa, paralizado en parte en espera de las grandes operaciones de fusión trasnacionales pronosticadas por varios Gobiernos de socios de la Unión. Incluso podría afirmarse que un sistema bancario en las actuales condiciones, además de un lastre actúa como un impedimento para la recuperación de la inversión en la Eurozona, cuando en realidad, una de sus funciones debería ser el pilar más sólido del euro. Pero es a propósito de las crisis de las tres entidades citadas, cuando queda demostrada la inutilidad e incapacidad, no sólo de algunas instituciones financieras europeas en su papel de supervisores, sino también -y para algunos, sobre todo- de las pruebas de estrés, en posición de esperpento, con resultados irrisorios y cometido absurdo mostrados y demostrados con estos últimos y recientes episodios de crisis.
Se suponía que el cambio de supervisor desde el nacional, o local Banco de España, en favor del supervisor europeo, el MUS, como organismo dependiente del BCE, encargado de evitar entre otras, situaciones de crisis y también con funciones de prevención y análisis de la solvencia, terminaría con los episodios de crisis, quiebras y rescates de antaño. Pero no, de poco o -a tenor de los más recientes episodios de crisis bancarias- de nada parecen servir las nuevas instituciones y sus métodos de intervención. Hace apenas un año, el Banco Popular recibía una nota de la autoridad bancaria europea del 6,6 puntos como resultado de las pruebas o test de estrés aplicadas a sus cuentas.

Era -fue- la calificación que reflejaba la realidad de los últimos tres meses (abril, mayo y junio de 2016) en ese momento del análisis, a mitad del ejercicio pasado y que venía a mostrar que, con todos los matices posibles, el banco español se mostraba resistente (y solvente) ante las distintas hipótesis que se podían presentar, incluso a las más adversas. La EBA (la Autoridad Bancaria Europea) contaba con las cuentas auditadas del auditor independiente -PwC auditaba las cuentas del Popular desde la década de los 90- y que fueron la base de trabajo de la EBA para construir la mayor parte de las hipótesis que contemplan las pruebas de estrés.

Por tanto, se daba por hecho la calidad y la solvencia de la información en poder de los técnicos de la EBA para llevar a cabo su trabajo, lo que podría servir para afirmar que la base de la información para hacer los contrastes de las hipótesis más adversas, eran tan sólidos como fiable su información. Y el resultado fue el señalado, esto es, un aprobado (por un punto, puesto que el nivel para el positivo está situado en 5,5 puntos) que despejaba las dudas crecientes en aquellos meses sobre la solvencia de la entidad. 

Sin embargo, las pruebas no mostraron algunas debilidades evidentes del banco porque el problema no era de falta de solvencia sino de liquidez, de disponibilidades líquidas. En el caso de las entidades bancarias italianas, las pruebas de estrés ya habían avisado -desde octubre de 2014- que de las quince entidades analizadas de ese país, nueve no superaban las pruebas de solvencia, siendo advertidas en los exámenes posteriores de las "potenciales carencias de capital". Entre estas entidades, siempre aparecían citadas las tres de siempre con problemas de solvencia: Monte dei Paschi, Popolare di Vicenza y Veneto Banca.

La actuación de las autoridades bancarias en la resolución de la crisis del Popular, así como su inacción en la de las entidades italianas, ha servido en último extremo como enseñanza y demostración de algunas realidades. La primera de ellas es que el BCE no parece haber mejorado ni el método ni la oportunidad en sus decisiones, es decir, el papel de supervisor y su eficacia quedan en entredicho a partir del 7 de junio con la decisión adoptada. Y no parece ser su actuación mejor a la que podría haber adoptado un Banco de España, como supervisor local nacional, si hubiera contado con las funciones anteriores a noviembre de 2014, fecha de la cesión al BCE de las mismas. La segunda de las enseñanzas, y quizá la más práctica, apunta a que cualquier medida de las previstas en la actualidad para casos de crisis, sea capaz, y por tanto eficaz, para evitar el pánico de la clientela y consiguiente huida de los depósitos. Y la tercera enseñanza es la constatación de que no hay prestamista oficial, público, de última instancia -el BCE- que se haya mostrado dispuesto al auxilio de un banco en crisis. De ahí la rapidez en buscar un buen comprador y a un buen precio.

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