edición: 2724 , Viernes, 24 mayo 2019
20/03/2012
OBSERVATORIO INMOBILIARIO

Quabit reduce capital a la mínima expresión, con la acción a un céntimo, para equilibrar su patrimonio

Se acabaron las prórrogas; a partir de 2013 se computarán pérdidas en caso de reducción de capital y de disolución, como fija la Ley de Sociedades de Capital
Juan Carlos Martínez

Quabit ha sido la primera inmobiliaria cotizada que quiere adaptarse a la nueva situación que se avecina tras las consecuencias que encierra la disposición adicional quinta del Real Decreto-ley 2/2012, de 3 de febrero, de saneamiento del sector financiero. Si finalmente se ejecuta su contenido –“sin solución de continuidad”, se especifica claramente–, a la conclusión del presente ejercicio se pone fin a una situación ficticia. La que han vivido durante los últimos cuatro muchas empresas, sobre todo inmobiliarias.

Compañías que, gracias a la medida de gracia tomada en diciembre de 2008 por el Gobierno presidido por José Luis Rodríguez Zapatero para evitar un aluvión de insolvencias y concursos de acreedores, llevan esquivando desde entonces la ‘espada de Damocles’ que hubiera supuesto la aplicación, sin miramiento alguno, la Ley de Sociedades de Capital.
 
La misma que obliga a computar las pérdidas por deterioro reconocidas en las cuentas anuales, derivadas del inmovilizado material, las inversiones inmobiliarias y las existencias a los efectos de determinar las pérdidas para la reducción de capital de una empresa o establecer si entra en causa de disolución en el momento que las pérdidas dejan reducido el patrimonio neto a menos de la mitad del capital social. Pues bien. Quabit, la empresa presidida por Félix Abánades, sabedora de que la situación actual apenas va a cambiar durante el presente ejercicio y de que ya no habrá más prórrogas, ha movido ficha.
 
Todos los accionistas conocen ya el contenido del orden del día de la junta prevista para el próximo 26 de abril. Sobre todo el de ese punto dos relativo al “examen y aprobación, en su caso, de la reducción del capital social en un importe de 243.227.617,07 euros para el restablecimiento del equilibrio patrimonial disminuido como consecuencia de pérdidas, mediante la disminución del valor nominal de la totalidad de las acciones de 0,20 euros a 0,01 euros por acción, y todo ello previa compensación de resultados negativos de ejercicios anteriores con las reservas disponibles”.
 
El consejo de administración viene a decir a los accionistas que, a cambio de reducir los resultados negativos de anos anteriores y de mantener los fondos propios, se disminuye el capital de la empresa a tan solo 2,8 millones de euros, y que la acción se sitúa en una situación mucho más cercana a la de la cruda realidad del mercado, esa que lleva cuatro meses fluctuando por debajo de los diez céntimos, entre siete y nueve.
 
La propuesta de reducción de capital se produce mes y medio después de que Abánades, presidente y primer accionista de Quabit a través de Rayet, vendiera 62 millones de acciones de la inmobiliaria los días 30 de enero y 3 de febrero, a nueve céntimos la acción, disminuyendo su participación del 49,9% al 45,08% actual. La transmisión se produjo mediante dos aportaciones no dinerarias a sendas filiales de Rayet, procediéndose a la venta de las participaciones representativas del 100% del capital de dichas filiales a terceros.
 
Medida meramente mercantil toda vez que Rayet ya había cumplido su compromiso de disminuir su participación en Quabit por debajo del 50%, como le había requerido el supervisor bursátil cuando, en 2008, le eximió de lanzar una OPA sobre la antigua Afirma después de hacerse con la mayoría de su capital.
 
Quabit ha sido la primera, pero a buen seguro no será la única. La Ley de Sociedades de Capital establece que las empresas estarán obligadas a reducir capital cuando las pérdidas disminuyan su haber por debajo de las dos terceras partes del capital y hubiere transcurrido un ejercicio sin haberse recuperado el patrimonio, o que ese patrimonio neto esté por debajo de la mitad del capital social.
 
Reyal Urbis, por ejemplo, con tan solo un capital social de 2,92 millones de euros cerró el pasado ejercicio con un patrimonio neto negativo de 703 millones de euros, más del doble que un año antes, tras el progresivo reconocimiento de minusvalías de los activos. En el caso de Metrovacesa, el patrimonio neto a efectos de reducción y disolución quedó cuantificado, tras ajustes por cambios de valor por coberturas de flujos de efectivo, en 604,7 millones de euros, por debajo de los 741 millones equivalentes a la mitad de su capital social. Así que no queda otra. O reducir capital o convertir deuda en préstamos participativos para evitar la quiebra, o, si se tercia, abrir un proceso de fusiones.

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