edición: 2765 , Lunes, 22 julio 2019
09/07/2009
OBSERVATORIO LATINOAMERICANO
Crsitina Fernández de Kirchner y Néstor Kirchner

Qué pasa en Argentina para que las energéticas quieran salir corriendo por temor al colapso

El intervencionismo, los representantes estatales en sus Juntas, el control de las tarifas, la carga impositiva y las restricciones sorpresa las ahogan en un modelo energético fallido
Los Kirchner buscan torniquetes de urgencia para evitar la fuga tras Chevron y conjurar los recelos de las empresas tras los argumentos de YPF
Ana Zarzuela

Estira otra falange de su mano de hierro. O, al menos, Cristina Fernández hace el gesto, ahora que han tirado por la borda de la economía al ministro Fernández a cambio de Bodou -el ‘fontanero’ de la estatalización de las pensiones-. Del tango arrebatado a la milonga del paso a dos, intenta despejar las amenazas de Chevron y el descontento de Repsol y Petrobras y adorna su derrota electoral con nuevas ofrendas de paz para las energéticas. A las puertas del invierno austral, no quiere desatar más choques con los grandes de un sector que le enciende de nuevo las luces rojas. Pero ni la mano abierta a las tarifas revisadas del gas y la luz aprobadas hace meses -las que congeló para la galería electoral- ni la desgravación por inversión en hidrocarburos sirven de bálsamo. El empeño en deshacer las amenazas con órdenes contrarias a las de junio, como permitir repartir dividendos a Edesur y cobrar 60 millones de deuda a Edenorte, no opacan la huella del intervencionismo. La Casa Rosada estrecha el cerco de la regulación, se lo pone difícil a las exportaciones y no atiende, tarifas en mano, a los costes. Sin el reajuste prometido, Metrogas rozará la suspensión del pago de deuda. Las alertas de Techint y de YPF ante la SEC llueven sobre mojado en las alarmas que acababa de encender el informe de ocho ex ministros de Energía argentinos, reunidos para recordarle a los Kirchner que su modelo está al borde del colapso.

La dependencia del gas foráneo y el final de las exportaciones de GNL a Chile, el descenso de la explotación de crudo, la renuncia a las infraestructuras regionales que soñó y los recortes eléctricos acotan un nuevo ‘corralito’ con las empresas como víctimas y con las tarifas, las limitaciones a las exportaciones de energía, o los muros del pago de dividendo como verjas del laberinto. Las multinacionales se resguardan y diversifican, en aliados y en proyectos: el petróleo de Uruguay y Brasil, el GNL de Chile y hasta los hidrocarburos de Bolivia y la eólica de Perú quedan más cerca con la bandera de la argentinidad.

Ni el atractivo de unas reservas que se han dejado caer, ni las concesiones de unas provincias petroleras que disputan tasas y regalías con la Casa Rosada y han visto cómo la explotación y exploración de hidrocarburos se reduce son suficientes para compensar la pérdida de las ‘reservas de la confianza’ de las multinacionales en la ‘energía’ de Argentina. Los Kirchner les han recordado, a sangre y fuego, el peso del marco regulador y de la huella del intervencionismo. Lo saben los de Antoni Brufau, gracias al 85% de Repsol en YPF. Se lo han cantado a los cuatro vientos de la SEC: las brasileñas AESU y Sulgas le reclaman a YPF 756 millones de euros por daños y perjuicios derivados de un corte de gas que, en todo caso, fue impuesto por ley por Argentina como parte de la política de Estado de la Casa Rosada. Y Metrogas -controlada por la británica BG pero en la que Repsol tiene un 45% del capital- trata de esquivar el desfiladero de la suspensión de pagos a la que, una y otra vez, la empuja el inmovilismo de los Kirchner: desde 2002, la mayor distribuidora de gas del país no ha conseguido que Néstor Kirchner primero y Cristina Fernández después, le permitan aplicar las subidas aprobadas. Lo avisa Repsol: aunque a diciembre de 2008 la inversión de YPF en Metrogas fue provisionada, si en el segundo semestre de 2009 no se descongela la tarifa, dejará a la empresa al borde de la suspensión de los pagos de la deuda. En seis años, las autoridades argentinas ni siquiera fueron capaces de agilizar el visto bueno administrativo para que Marathon y Ashmore consumaran un acuerdo de canje accionarial con Repsol y BG; menos aún de indemnizar a BG con los 65 millones de euros que exigió la justicia internacional. A la Casa Rosada le ha pesado más la denuncia ante la Comisión de Naciones Unidas para el para el Derecho Mercantil Internacional, que falló a su favor en 2007.

Gas Natural se blinda en su mayoría, su ‘argentinidad’, las tarifas y los resultados. YPF no oculta ya que ni la ‘argentinización’ preventiva de YPF, ni la presencia del Grupo Petersen -con un 14, 9% y opción preferente a otro 10% que no ha ejercido- han sido suficiente vacuna ante los ‘daños colaterales’ del ‘efecto Kirchner. Ni siquiera la sintonía de Enrique Eskenazi con el matrimonio justicialista ha sobrevivido intacta a los seísmos energéticos y empresariales de Cristina Fernández. Con o sin nuevos aliados a bordo, amansa sus caballos en Argentina: busca la cara de la refinación y afianza la tierra del tango como palanca de su diversificación regional. Endesa peina la calma -y los resultados- y digiere las compensaciones tras la marcha atrás de los Kirchner en el frustrado ‘affaire’Edesur.

DE AMENAZA EN AMENAZA

Ni Edesur- aunque ya superó el bloqueo a sus dividendos- ni Petrobras, ni Metrogas están solas ante un aviso para navegantes a la patronal, que se resiste a las ‘vacunas’ oficiales. Respiran por las mismas heridas que han llevado a la Casa Rosada a imponer directivos en las empresas participadas por la Anses, a pelearle los dividendos a Techint, o a transferirle a la Secretaría de Comercio Interior unas nuevas riendas del mercado de las tarjetas de crédito. Pero el tambor de las amenazas hace eco con más fuerza en el sector energético: en el del gas, el Gobierno extrajo a un millón de clientes de las nuevas tarifas. El cese de pagos le ha abierto las puertas de la Casa Rosada a TGN, que volvió a postergar hasta el 5 de agosto el plazo para reestructurar su deuda. Sólo el fallo judicial en abril devolvió al congelador de manera temporal la nacionalización de la Transportadora de Gas del Norte), a la que las autoridades le pisan los talones -y las ganas- desde que en diciembre la intervinieron por 120 días tras una cesación de pagos. Ni las promesas de reestructuración de pasivos por parte de la empresa ni los recelos manifiestos de la Cámara Nacional de Apelaciones apuntan a parar los tanques del Estado. En la electricidad, busca rentabilidad en la guerra con las eléctricas y el repudio al ‘tarifazo’ que apadrinó. Pero ni siquiera las manipuladas estadísticas oficiales disimulan la situación. La demanda eléctrica se ha reducido, incluso según el Indec. Ni siquiera ocurrió en la recesión del efecto tequila, con una caída de cuatro puntos del PBI.

Se lo han dicho, claro y alto y en foros ajenos Techint -TGN-  e YPF: las distorsiones entre los precios locales y los internacionales, el abrazo argentino a los subsidios, los cortes de energía ordenados por el Ejecutivo al tejido industrial, la inflación, la flotación administrativa del peso, las barreras regulatorias y los altos impuestos a la exportación son las señales de humo del fuego de la crisis energética con la que coquetea ya el país. Las exigencias más estrictas de abastecimiento de las estaciones de servicio, y la importación de fuel a precios internacionales para satisfacer la demanda local “a precios locales significativamente más bajos” les quitan oxígeno a la operación de las multinacionales energéticas. Repsol fue forzada más de una vez  a renegociar los contratos de exportaciones con previa autorización del gobierno. No pueden asegurar que puedan ser renegociados en términos favorables y menos aún que la carga fiscal no aumente a medio plazo. El sector petroquímico perdió atractivo para las compañías extranjeras cuando Néstor Kirchner fijó el precio máximo por barril que obtienen las petroleras y, de esa manera, restringió las ganancias corporativas. Y las líneas rojas del suministro gasista encadenan los cortes en las plantas de generación eléctrica. 

MODELO ENERGÉTICO EN ALERTA

No son los ocho ex secretarios de Energía los únicos que advierten a la Casa Rosada: “Argentina tiene un presente decadente en materia productiva y un futuro incierto". Si no hay inversiones en generación y transporte de energía, no será sólo la rentabilidad de las multinacionales y el abastecimiento los que estén en peligro. La producción de crudo disminuye desde 1998 encaminando al país a la importación y  las reservas comprobadas disminuyen tanto en petróleo como en gas natural, sin que se hayan descubierto nuevos yacimientos de tamaño significativo en los últimos 15 años. La política de subsidios a los hidrocarburos impuesta desde el gobierno nacional, que comenzó a importar combustibles caros como el fuel oil y el GNL, contribuyó a que se liquidaran las reservas hidrocarburíferas y disminuyeran las inversiones de las compañías para encontrar nuevos yacimientos: mientras entre 1999 y 2001 se perforaron 48 pozos, en los últimos dos años la cifra no llega ni a la mitad y sólo hay reservas para 11 años. 

Las reservas de gas se han reducido un 43% desde el 2000. Ni la caída del consumo por la reducción de la actividad industrial ni los esfuerzos de Cristina Fernández por fortalecer los lazos del gas y del petróleo con Hugo Chávez a cambio de carne argentina han aminorado el impacto de las zozobras bolivarianas: Bolivia ha reducido sus envíos a la mitad que hace un año (tan sólo un tercio de los 5 millones diarios acordados) y a la planta regasificadora que se prometían Venezuela y los Kirchner ni está ni se la espera, ha corrido la misma suerte que el complejo entre Pdvsa y la estatal argentina Enarsa en la Faja del Orinoco. Santiago, Buenos Aires y Sao Paulo han descartado el anillo de gasoductos regionales con el que soñaron los Kirchner y Alan García. Hasta Lula –con una inversión de 7.000 millones de dólares en plantas gasistas- ha entendido que por las venas energéticas del sur no correrá el gas de Argentina. Es el único vértice huérfano del triángulo de las Bermudas energéticas del cono sur abocado a importar GNL y a depender de sus vecinos, ahora que Uruguay se prepara para instalar una nueva planta de gas natural licuado en Montevideo y que Chile acaba de estrenar la regasificadora de Quintero y comenzará en diciembre a operar la de Mejillones y que – por primera vez-  ya no necesita más el gas de los Kirchner. Serán los envíos de Trinidad y Tobago -más seguros y un 50% menos costosos- los que nutran las urgencias chilenas. Y los que permitan a la mano de Repsol en Metrogas y a Endesa (a través de su filial local) diversificar gracias a las grietas energéticas de la Casa Rosada.  A medio plazo, serán también los padrinos del tratamiento de choque gasista argentino.

ESTRECHA EL LABERINTO DEL INTERVENCIONISMO

Ni la limitación del voto al 5%, ni la imposibilidad de sumar acciones individuales de las AFJP y la incapacidad estatal -teórica- para nombrar directores han alterado los planes de la Casa Rosada por el atajo de las AFPJ. Los Kirchner se encapricharon, para empezar, del gas y la electricidad, con la llave de la regulación de los sectores estratégicos en una mano y la avidez por el control de las grandes compañías en la otra: han desembarcado en las juntas directivas de Camuzzi Pampeana y Gas Cuyana y han colocado a Simón Dasensich en la Junta de en Endesa Costanera y al sindicalista Bassi en la de Gas Natural Ban y han aterrizado con directivos y síndicos en Siderar, Edenor y EMDERSA, entre casi otra veintena.

Pero los tentáculos de las AFPJ ya le saben a poco a Cristina Fernández. Levanta los baldosines propios y ajenos, en busca de liquidez y actos de fe para inversiones futuras. Por eso hizo hace un mes de Edesur la última de las ‘piezas’ de un safari empresarial en el que busca demostraciones de control y promesas de inversiones sobrevenidas. El amago de emboscada a la participada por Endesa  fue sólo ‘una mancha más para el tigre’, no fue muy diferente a lo que ejecutaron en 2008 con Edelap: a Edesur le exigían reinvertir el 50% de los 53 millones de divisas de dividendos para repartir el resto. A Camuzzi (62 millones de pesos), TGS (30 millones), Gas Natural (6 millones) y Distribuidora de Gas Cuyana (8,5 millones) la luz verde al reparto de dividendos entre sus accionistas ya les costó antes de las elecciones una concreción al alza de las inversiones previstas.

Con la temporada alta la casa Rosada y el Enre (Ente Regulador de Energía Eléctrica) sangran por las heridas del recuerdo del desabastecimiento. Agobiado por el peso de los subsidios, el Gobierno descongeló a fines de 2008 las tarifas de luz y gas para los hogares residenciales. Pero menos de un año después, le fallaban las cuentas del populismo. La marcha atrás en su plan de reajuste tarifario y la exclusión de un millón de nuevos hogares (otros 300.000 habían sido ‘tocados por la mano de Kirchner en abril) compensaron la denuncia del Defensor del Pueblo y taponaron en junio el reclamo de inconstitucionalidad. Pero ahora necesita nutrir las arcas del Estado y ajustar el sudoku del déficit energético. Ha empezado a hacerlo con el señuelo’ de Endesa y Petrobras.

A la brasileña -la segunda energética del país- le ha permitido ser la única de las grandes que ha hecho valer su repudio a los apellidos del enviado de los Kirchner, con el estandarte de las AFJP -que ostenta un 15,32% de las acciones de la brasileña-  a su Junta Directiva. A Edesur, Edenor y Edelap, intenta compensarles ahora con la luz verde -tras dos años de demora- para cobrar la deuda de 60 millones de dólares por el servicio eléctrico a las villas (barriadas) y los asentamientos del Gran Buenos Aires, a los que suministran sin cortes por impago, como una ‘obligación social’ con la Casa Rosada. El gobierno acaba de hacer un ‘guiño’ fiscal a las petroleras: tan sólo uno días después de que YPF anunciara su inversión de 348 millones de dólares (suficiente para que el país mejore en un 18% la refinación y la producción de naftas) decidía incluir la construcción de las plantas refinadoras en el Programa de beneficios impositivos. Los aumentos tarifarios desde este mes dan oxígeno a TGS y a Camuzzi Gas Campeana. Sólo tras las elecciones las estaciones de servicio han podido incrementar un 5% el gasoil y la nafta. Pero la Casa Rosada sigue enseñando los galones del intervencionismo: ha dejado claro con el antecedente de la papelera Massuh y Quilmas que el medio centenar de fábricas y empresas que quedaron a cargo del Estado por quiebras sólo pagarán su consumo energético -si llega el caso- en especie.

REPSOL Y GAS NATURAL, A CUBIERTO

Como al resto, a YPF cada vez le resulta más rentable la venta de derivados, la reducción de compras a otras petroleras locales que los riesgos de la exploración y la explotación: ha reducido su participación en la producción de petróleo a un 35% del total, cuando en los noventa representaba el 43%. Brufau protege sus almenas australes, lo justo para hacer de ellas un granero para la diversificación regional, más ahora que los resultados del primer trimestre del año  comenzaron, por primera vez, a dejar sitio a la sombra del descenso de beneficios netos: un 58,6% menos que en igual período de 2008. De hecho, aunque anunció en 2008 que pretende destinar al país austral una cuarta parte de las inversiones previstas en su plan estratégico 2008-2012 -unos 7.950 millones de euros de un total de 33.350 millones-, ninguno de los 10 “proyectos clave” para el periodo se ubica allí. A la vista de los vecinos, puede aguantar.

Una postura que, incluso si el ´default´ llega a las tierras del tango, le permitiría  pasar a resguardo la tormenta y seguir esperando. Con, o sin nuevos socios. A la vista de ese horizonte, Repsol se refuerza en Perú, es uno de los principales operadores del sector, con de más de 230 estaciones de servicio distribuida en casi todo el país, dueño de la Refinería de La Pampilla, la instalación de refino más importante y líder en el mercado de GLP; Reacomoda sus alfiles en Brasil, los pone bajo cubierto en Ecuador y Bolivia y hasta se atreve con las primeras licitaciones para la exploración en la plataforma continental uruguaya, de la mano de la estatal Ancap. Todo con tal de reducir riesgos, diversificar la producción y reponerse de la pérdida de reservas latinoamericanas -un 25% en dos años.

Gas Natural se salvaguarda. La presencia del enviado estatal en GN Ban llegó en abril, para los de Salvador Gabarró. Pero con el 50,4% de las acciones en las riendas de la española, ni el control ni la estrategia se cuestionan. Y eso no tiene capacidad de erosionarlo el Gobierno argentino al que, hasta ahora, la compañía presidida por Salvador Gabarró -presente en Argentina desde 1992, con cerca de 1.380.000 clientes y responsable de la distribución de gas natural en la provincia de Buenos Aires Norte- ha sabido encontrarle el ritmo y despejar el camino a revisiones tarifarias en 2007 y septiembre de 2008 y un contrato prorrogado hasta 2027. Para Gas Natural, la respuesta pasaba por la ‘argentinización’ que a Antoni Brufau le funcionó con Eskenazi en YPF.  La venta del 19,6% de Gas Natural BAN el pasado trimestre le ha permitido hacerse con un tentetieso argentino ahora que el Estado desembarca  en la gasista por la puerta de las pensiones y responder al desafío de Gazprom en la construcción del Gasoducto del Noreste. Ahora promete no levantar el acelerador de las inversiones, pero mira a México y Brasil y mueve sus fichas argentinas para diversificar y rebajar la exposición a los vaivenes de los Kirchner. Paradojas del peronismo, las AFJP pueden ser la ofrenda de paz de la Casa Rosada: hasta ahora, debían destinar un 5% a sectores productivos; si quieren, los Kirchner le pueden poner el apellido de YPF o de Gas Natural Ban y abrirles además a Gabarró y Brufau el acceso a los planes de producción industrial e infraestructuras energéticas.

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