edición: 2561 , Martes, 25 septiembre 2018
17/11/2015

Queda abolida la deflación

¿Quién lo iba a decir? Pero es cierto, las agencias de noticias anuncian que la inflación interanual de la zona euro subió en octubre un poco, dos décimas, que es como decir que "algo es algo". ¡Al fin suben los precios! todo está, menos mal, un poco más caro. ¡Todo costará más...! Todo el mundo (casi) se sentirá no se sabe cómo cuando tenga que aflojar más en las tiendas, en el súper del barrio, en la gasolinera.

Porque, a fuerza de hacernos creer que la no inflación, la deflación, era en realidad perjudicial a la larga, dañina en el medio plazo, de efectos perniciosos para le economía, el empleo y todo, acabamos creyéndolo. Cierto es que en este largo período de tiempo, la tal deflación nos ha enseñado cosas tales como que es posible que los precios bajen y la economía suba y crezca. Incluso que acabe por crear empleo a lo bestia (lo dicen autoridades y la oposición).

Todo un espectáculo este el de la reinvención de la economía al que los economistas tienen por "asincronismo de hechos que coinciden en un mismo tiempo". Los precios bajaban, dicen, porque los empresarios querían vender como fuera (casi a cualquier precio) y porque para salir del bache las autoridades primaron el dinero caliente, suavizar los impuestos y crear expectativas positivas. Y ala, la gente, la ciudadanía toda, como loca a comprar, a gastar y a consumir como buenos y obedientes consumidores.

Hombre, hasta ahora la deflación nos ha ayudado a devolver algunas deudas, porque el salario se mantuvo y porque algunos precios intervenidos se han comportado, ocasionalmente, como aliados en una mala situación que ahora parece querer (digo parece) quedar atrás. Se regresa por tanto a los vicios de la no crisis, vuelve la inflación y además se quiere a esta no por encima del 2%, ya que si ello sucede sonaría el implacable teléfono germano que obligaría a corregir el tiro.

Se acaba, maldita sea, el tenido por los economistas por defecto, como el hijo espurio e ilegítimo de la crisis, la deflación. Se va aburrida por falta de contemplación y se lleva consigo la ilusión de creer que el kilo de pollo o el litro de gasolina podían resultar más baratos. Ya lo advirtió Cervantes, "En casa del pobre, dura poco la alegría". En fin.

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