edición: 3072 , Jueves, 22 octubre 2020
26/03/2020

¡Qué grande fue Nerón!

La ceremonia de la confusión propició que en la Roma de Nerón se cortasen cabezas nobles y plebeyas. En otra ceremonia similar, el relevo de los zares fue testigo de algo peor. Y ahora a la sombra de la catástrofe, de las quiebras, Ertes, millones de desempleados temporales, continuos y discontinuos, se quieren mezclar recortes con caídas, reducciones de sueldos, horas, salarios y dividendos con pagos de bonus y otras regalías que la sociedad moderna, la digital, ya debería haber desterrado hace tiempo. Pero no, ahí siguen, gozando de admirable salud para mayor gloria de sus perceptores que, casualmente, casi siempre coinciden con los pagadores.

Coincidencia habitual, consentida en muchos casos, justa en otros, por qué no, pero reprobable y repugnante en otras. Podría ser este el caso de la Sareb, una salida para la crisis inmobiliaria, el `banco malo´ que así le llaman (nunca un calificativo había hecho tanto daño a la banca) auténtica joya de la chapuza oficial y hoy ya despropósito societario, un absurdo artilugio, bofetada intelectual, un roto, un agujero colosal que tiende a cero pero que entretanto va dejando huellas, y no precisamente honorables. Siete años sin perdón, sin beneficios, echando dinero al fuego, al absurdo, justificando pérdidas, echándole la culpa de estas al pago, al cumplimiento, de los impuestos. Vergüenza torera y ajena. Y ahora va la dirección y aprueba el reparto de un bonus a toda la plantilla. Nerón no lo hubiera consentido.

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