edición: 2361 , Lunes, 11 diciembre 2017
28/05/2013
Se refugia en la crisis

Rajoy, convencido de que la reactivación del crédito es sólo una cuestión de tiempo

Se acentúa la desconfianza de los socios europeos hacia la gestión del Ejecutivo y se agrava la recuperación
Juan José González

El crédito está inmóvil, se le espera pero no arranca y continúa infiel a la cita. Los economistas creadores de opinión, aseguran estos días que sobran razones que justifican este comportamiento esquivo y estático. Razones hay de todo tipo, aunque las principales son de oferta y de demanda: lo de siempre. Se inclinan los expertos hacia el lado de las empresas y con ellas acuerdan que son los bancos, la oferta, quienes no ofrecen dinero a buen precio y condiciones. También señalan a la demanda (de nuevo las empresas) para `acusar´ que, si bien los bancos mantienen su tradicional dureza y rigidez en el análisis del riesgo, las empresas, grandes y pymes, siguen inmersas en su particular ciclo de desapalancamiento. Es verdad que el país se encuentra endeudado en exceso; se diría que hiperendeudado, lo cual está justificando que las empresas se ajusten y suelten deuda, vendan activos y saneen sus balances. Los bancos continúan saneando balances con dinero barato del BCE mientras el Ejecutivo asegura que la recuperación del crédito vendrá del mercado… sólo cuestión de tiempo.

Situación típica de `impasse´ en la actividad económica: bancos que no dan crédito (suficiente o escaso) y empresas que tampoco lo demandan. ¿Culpable? La vista se desarrolla en función de los acontecimientos políticos porque unos y otros, los agentes económicos, viven en función de las condiciones ligadas a la solicitud del rescate bancario. Así que todos quietos en tanto la troika, Bruselas o el BCE emitan alguna señal susceptible de ser interpretada en uno u otro sentido. Un analista financiero interpreta que la situación del crédito vive la resaca del escenario cruel del final del pasado año, es decir; la deuda de empresas y familias se acercó al 150% del PIB con una caída del saldo vivo de crédito de los dos sectores cercano al cuarto de billón de euros en los últimos cinco trimestres.

Parece razonable que oferta y demanda tengan motivos suficientes para mantenerse en sus posiciones, aunque la duda es por cuánto tiempo. El sector bancario asegura no prestar porque no recibe demanda solvente. Se enfrenta a nuevas y mayores necesidades de provisiones, reducen sus balances y deuda, mejoran ratios de costes y solvencia e invierten la liquidez en el BCE, seguro tomador coyuntural y buen pagador en ausencia de mejor alternativa. Otro analista bancario destaca que, si bien la actitud de la banca en mantener cerrado el grifo del crédito es prudente, no debería eliminar la posibilidad de renovar líneas de crédito así como de conceder nueva financiación a numerosas empresas con buenas expectativas de negocio, con planes de inversión en marcha, que las hay.

Entre tanto, los inversores extranjeros observan el mercado español con pesimismo y desconfían de la gestión económica del Ejecutivo. La legislatura del Partido Popular camina hacia el ecuador sin que todavía dé muestras suficientes de tener el control de la crisis. La situación de provisionalidad permanente, pendiente de un rescate soberano, así como de otras posibles exigencias de la Unión Europea, mantiene a la banca por un lado y a empresas y familias por otro, en posición vigilante, a la expectativa de variables que pueden modificar de la noche a la mañana cualquier escenario. La falta de control de la crisis del Ejecutivo es para los ciudadanos, para las familias, las empresas y para el sector bancario, motivo de incertidumbre, inseguridad y desconfianza. Es, también, para los socios europeos y sus instituciones, razón de descrédito y menoscabo hacia los gobernantes y hacia su gestión de la crisis, de la que es fácil colegir la falta de acierto y destreza en las reformas aplicadas.

Se desconoce, sin embargo, la evolución de algunas situaciones concretas y de magnitudes básicas, como el nivel de capitalización de las entidades o el ajuste en la relación de créditos y depósitos. Se conoce el ritmo de saneamiento de los balances bancarios pero se desconocen tiempos y cuantía final, lo que da lugar a desconfiar sobre la fecha en la que el sector financiero (y el empresarial también) darán por concluido el proceso de desapalancamiento. Se trata por tanto, de encontrar respuestas al “impasse” creado en sus dos vertientes, de oferta y demanda de inversión. Una labor en la que banca, empresas y familias coinciden en señalar al Gobierno y a sus instituciones, como principales responsables de la falta de impulso suficiente para reactivar el crédito, papel en el cual el Ejecutivo se muestra ausente al entender que el `milagro´ de una liquidez fluyendo a borbotones será tan sólo una cuestión de tiempo.

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