edición: 2766 , Martes, 23 julio 2019
20/03/2013
Se apunta al “mal de muchos…”
Mariano Rajoy, presidente del Gobierno

Rajoy encuentra en Chipre su mejor coartada para nuevos ajustes

El miedo a perder el ahorro cala en los ciudadanos y se convierte en un buen aliado político
Juan José González

El Gobierno español puede haber encontrado en el `corralito´ chipriota la coartada perfecta que justifique los, al parecer, dos ajustes pendientes para cuadrar la gran reforma acordada con Bruselas-Berlín el pasado año. Se trata, en opinión de los técnicos, de corregir el déficit primario. Pero que la situación de incertidumbre, auténtico escándalo de los gestores políticos, creada a raíz de la intervención de los depósitos en Chipre, vaya a ser aprovechada por los Ejecutivos de los países del sur, no le resta importancia como experiencia práctica y precedente de lo que puede llegar a suceder en el caso de que se incumplan los deberes. Y los deberes en el caso de España se mantienen pendientes en la asignatura del sistema bancario, aún sin sanear y lo que es peor, con el negocio típico a la baja, la morosidad al alza y serias incertidumbres sobre el resultado de mecanismos atípicos como el banco malo.

Chipre es una isla pequeña, más o menos próxima o lejana, según criterio, pero en medio de un mar bien conocido -y compartido- por España. A este lado del Mediterráneo, sigue viento en popa la recapitalización bancaria acordada con la Troika el año pasado, con flecos pendientes y a la espera de recoger los primeros resultados de algunos mecanismos originales en el caso del inmobiliario. A la espera de una explicación de las autoridades españolas, obligada `traducción´ de lo sucedido hace cinco días en la reunión del Eurogrupo que decidió por mayoría la intervención en Chipre, la española es una economía en segunda recesión, sin crédito, destruyendo empleo y salarios, ahorro y riqueza a la baja.

El Gobierno español de Mariano Rajoy puede interpretar que el rescate de la pequeña economía del Mediterráneo es un buen revulsivo para provocar tensión y meter presión para un cambio de la política económica que está estrangulando a media Europa, y que mantiene a España en la fase de asfixia. Pero que el rescate chipriota se haya producido por abrumadora mayoría, no hará sino reforzar la postura alemana de la austeridad y limpieza de las finanzas públicas. Cabe también que la interpretación que quiera `divulgar´ el Ejecutivo español a sus ciudadanos pase por jugar con el mal ejemplo chipriota cuyo mal gobierno habría llevado a la intervención del país. Un juego peligroso, una temeridad que se mueve entre el miedo y el pánico. El primero está provocando la búsqueda de salidas –nunca mejor dicho- alternativas para proteger los ahorros, en tanto que el segundo opta por expatriarlos directamente y sin esperar más explicaciones.

En todo caso, la intervención sobre los depósitos de particulares y empresas en Chipre ya es un precedente en Europa, lo cual significa mucho más que una prueba de fuego o un test para comprobar la eficacia de los mecanismos de seguridad bancaria. Chipre puede resultar un buen espejo donde cada país pueda reflejarse según le venga en gana. Para unos será un aviso para navegantes, para otros un ejemplo a tener en cuenta para mostrar las consecuencias de no haber hecho los deberes a tiempo. Chipre es ahora el infierno para los malos, el castigo para los pecadores, para los delincuentes y para todos aquéllos que vivieron por encima de sus posibilidades.

En resumen, el Gobierno contra el Pueblo, gobernantes a los que no se les creía capaces de bloquear los ahorros. Las novelas medievales cuentan que amos, reyes y señores se hacían con bienes y monedas de servidores, súbditos y plebeyos. Nadie creía posible hace poco más de un siglo que se hundiera el Titanic. Y sucedió. Las instituciones van contra sus propios actos, es –era- un principio de Derecho hasta ayer inviolable.

El Consejo de Ministros de Europa decidió con error a favor de los mercados, de los inversores internacionales, de los balances internos y de las cuentas bancarias, los presupuestos comunitarios... Y decidió en contra de los ciudadanos, de los súbditos y plebeyos europeos. Situación de crisis creada por un Gobierno europeo al que no le pueden oponer votos ni razones. Fallan los dirigentes, falla el Gobierno de Europa, falla el sistema y el Pueblo pierde la confianza.

Los gobernantes locales, miembros también del Gobierno europeo, se ponen de perfil, no explican ni avisan de las consecuencias de posibles (previsibles) perjuicios para sus electores, indefensos e impotentes para pedir elecciones y cambio de Gobierno europeo tras comprobar chapuzas como la perpetrada en Chipre. Quizás debamos sacar nuestras propias conclusiones y decidir en consecuencia. Aunque seguramente no les vaya a gustar nada de lo que podamos hacer.

Ahora, más interesante que el propio precedente sentado, será comprobar las reacciones posteriores. Reacciones de gobernantes y reacciones de gobernados, posiblemente atrapados ambos en una moral de suicida austeridad. También falta por ver la eficacia de las políticas de la UE en base a estas decisiones de intervención, consideradas hoy catastróficas, aunque nunca habría que excluir la posibilidad, por remota que pudiera ser, de que cuenten con una base lógica o razonable.

El peligro, en último extremo, es que un sistema incapaz de proteger el ahorro -la propiedad líquida- de sus ciudadanos, es un sistema en su fase final de descomposición, tanto institucional como social. Lo que obliga a trabajar para cambiar el modelo, el sistema y, de paso, los gobernantes.

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