edición: 2723 , Jueves, 23 mayo 2019
14/05/2013
Estrategia del Gobierno

Rajoy paraliza el país hasta septiembre

Ya no importa el coste sino el tiempo, sin pactos ni acuerdos, así cuatro meses hasta las elecciones alemanas
Juan José González

"Recortar ya no basta". Es posible que algunos ministros del Gobierno de Mariano Rajoy sigan aún sin entender muy bien esta sentencia lapidaria del vicepresidente de la Comisión Europea, encargado de Asuntos Económicos, Olli Rhen. Y se desconoce si en el mensaje el burócrata estaba apuntando a la necesidad de un pacto político en España para mantener la estabilidad social, o si pretendía avisar de la nueva etapa de presiones sobre el Gobierno español para profundizar en los recortes. En cualquier caso, Rhen viene a confirmar que los ajustes no han sido suficientes, que han servido para menos de lo esperado, y que, a pesar de los dos años más de margen para cumplir con el objetivo de déficit existen pocas esperanzas de que España levante cabeza el próximo año. Si mala es la sentencia de Rhen, peor es la respuesta de Rajoy: "se hará todo lo necesario", aunque la nueva estrategia tras rechazar un pacto con la oposición haya puesto el piloto automático rumbo a las elecciones alemanas de septiembre. Hasta entonces, mantendrá al país en coma inducido.

A varios de los ministros de Mariano Rajoy les cuesta trabajo conciliar el sueño. Saben que en el país no hay actividad suficiente para crear empleo. No hay demanda ni consumo ni inversión porque faltan dinero, crédito y empleo. Los recursos disponibles están destinados a apagar el fuego de la deuda, amortizarla y hacer frente a sus intereses. España está fuertemente endeudada y seguirá así durante varios años. Bruselas no percibe que la política económica del Gobierno se traduzca en resultados positivos. Al contrario, sigue con el desempleo al alza y con las cuentas públicas desbocadas: las Comunidades Autónomas continúan gastando más de lo que ingresan e incumplen los acuerdos con el Gobierno central, sobre el que cargan las deudas.

De ahí que en ocasiones la demanda de Bruselas al Gobierno de Rajoy exhortando, en tono reprobatorio, mayor urgencia y decisión en su lucha contra el desempleo, se encuentre a mitad de camino entre la broma pesada y el imposible metafísico. Y así, sólo es posible entender lo que sucede si se acepta un alto grado, quizás récord, de cinismo político. En ese trabajo intelectual de entender lo que está pasando, los organismos económicos internacionales y los nacionales difícilmente pueden dibujar escenarios más oscuros en el panorama español. No hace falta recurrir a las agencias de calificación -ahora cómplices de sus silencios- ni a departamentos de estudios de las entidades bancarias para certificar que los recortes (ajustes) impuestos por Bruselas y ejecutados por Madrid, no han servido para nada, para nada importante.

Esas políticas de Bruselas, acaso ¿no son el resultado de dos o tres puntos más de paro sumado en los últimos diez meses? ¿Cree Bruselas y/o el Gobierno Rajoy que `gracias´ a esos dos años de `gracia´ para cumplir el déficit se creará empleo neto? Si la economía no crece y a falta de una nueva cosecha de teorías económicas de Harvard o de la London School of Economist, la misión se antoja imposible. Por todo ello, porque los recortes no han servido, el objetivo de déficit no se ha alcanzado, la ayuda a la banca (nacionalizada) no ha sido suficiente, el control del déficit de las CC AA tampoco se ha alcanzado, como tampoco se ha contenido la deuda pública y el desempleo sigue al alza, son razones suficientes para que el Ejecutivo español se atreva y pruebe alguna estrategia alternativa a la que hoy encabeza las peores cifras económicas y sociales que sitúan al mismísimo Zapatero como un aficionado ordinario.

Es posible que ahora la clave no se encuentre en Bruselas y que el “con recortar ya no basta” de Rhen provocando el “hay que hacer todo lo necesario” sean el principio de una nueva etapa hacia un escenario de recuperación que se antoja todavía lejano. Lo cual no despeja las dudas sobre si el Gobierno aceptará discutir con la oposición alguna idea más allá de la reforma de las pensiones o de la Administración local (la central ya está en marcha) dos asuntos de actualidad y sobre los que el jefe del Ejecutivo parece dispuesto (hoy) a escuchar ideas de la oposición.

Pero además de posible, sería necesario también que, sea cual sea la solución que se adopte para reducir los 6,2 millones de desempleados, el Gobierno debería compartir los remedios elegidos y buscar el respaldo político en cuestiones clave como incentivos a la inversión o la reforma fiscal que, seguramente, ayudarían a mejorar el horizonte laboral, sin tener que escenificar el respaldo en forma de pacto político, rechazado la semana pasada en el Congreso. Un acuerdo político que no borraría ni el mérito ni la gloria a su trabajo de evitar el rescate soberano de la economía española, tampoco le restaría apoyo electoral y le otorgaría mayor fuerza ante Europa, al tiempo que reduciría el desgaste social del Gobierno al compartirlo con el -no menor- de la oposición. De lo contrario, el destino puede ser muy cruel hasta las elecciones alemanas, en septiembre. Entretanto, el enfermo debe permanecer estabilizado, mejor en coma inducido.

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