edición: 2637 , Viernes, 18 enero 2019
20/12/2011
Sin la influencia en el ámbito autonómico de las cajas
Mariano Rajoy durante la sesión de investidura

Rajoy quiere recuperar el poder político perdido en el sector financiero

La reforma es la coartada perfecta para mantener la presencia política en la banca
Juan José González

Menos entidades, más capital. Es la ecuación mágica en la que se resume la reflexión que lleva dándole vueltas el líder del partido popular desde el verano pasado. Es el pensamiento clave que apunta a ese doble proceso de sanear y concentrar que se va a llevar a cabo en el sector financiero. Limpiar balances y fusiones bancarias, la segunda ola de la concentración de entidades de un sector con problemas de solvencia, activos tóxicos colgados de los balances, paralizados en crédito y en apuros porque deben adaptarse a nuevas normas de obligado cumplimiento. La segunda vuelta de la reforma financiera parece sonar bien, al menos en su enunciado más sencillo, como el expuesto ayer por el futuro presidente del Gobierno en la sesión de investidura. Tan sólo un asunto parece estar escapando a las miradas de sus Señorías de la oposición y de los representantes empresariales: si la operación de saneamiento, limpieza, concentración, valoración o cómo se le quiera denominar, se lleva a cabo con dinero público, no evitará la intervención política en la banca. No sería ni la primera vez ni la segunda que ocurriera.

La segunda oleada de fusiones es, a juicio de algunos expertos, el retorno del poder del Estado al campo privado, la vuelta del político -en concreto- a la esfera del sector financiero-bancario. La teoría que relaciona a ambos poder, político y poder financiero, atribuye al primero un papel de permanente influencia en terrenos del segundo. Sin ir más lejos, la teoría se convertía en práctica en el ámbito de las cajas de ahorros, en cuyos consejos de administración así como en los órganos de gestión o dirección ejecutiva, se daba cita la más variada fauna de la representación política de los Gobiernos autónomos.

Viene también con una clara intención de recuperar el poder financiero que el político había perdido en la última fase de la crisis financiera. Y en la medida en que las nuevas fusiones, u otro tipo de operaciones, necesiten de un informe preceptivo del Ministerio de Economía, el Gobierno va a contar con una baza en su mano como es la autorización o no de los procesos de concentración que a partir de ahora se lleven a cabo.

Mariano Rajoy ha mantenido en los últimos meses y especialmente en las últimas semanas, reuniones intensivas con los dos banqueros más afines a sus postulados ideológicos –Rato y González- reuniones privadas con proyección mediática, con fotos de entrada y salida de Génova, toda una exhibición para fijar posiciones. Fijar posiciones le ha costado a Botín ser excluido del favor del elegido y, por tanto, algo parecido a una pérdida de división o categoría. En el sector financiero se da por hecho que el ‘nuevo’ sector resultante de esta segunda ola de fusiones y limpieza de balances, no tendrá parangón alguno en Europa, que contará con originalidades, que será una mezcla de entidades supranacionales y locales, incluso, ha trascendido que la banca que le han ‘vendido’ al futuro presidente los dos banqueros ‘amigos’, contempla la cohabitación de una banca más especializada en la financiación empresarial con otra centrada en el retail.

En realidad, al dibujo final del sector que desea Rajoy –menos entidades, más capital o volumen y balances limpios de inmobiliario-, poco le falta para quedar definido, luego el plazo que se da de seis meses parece jugar a favor del éxito asegurado. Ahora falta por ver, no la venta de los inmuebles terminados, la lacra, lo que significaría la primera prueba de saneamiento de balances, si no el precio de los mismos y la fórmula de pago.

Para influir en la distribución del crédito y de la canalización o flujo de dinero en el sistema bancario, es preciso contar con influencia y, por tanto, con una posición dentro de las propias entidades financieras, lo cual significa intervención política.

El doble proceso de limpieza de balances –saneamiento- y concentración bancaria debe ser un modelo de transparencia desde el punto de vista de la actuación pública. Hasta ahora, el instrumento de ayuda –y de dominio y control público del Estado- al sector financiero, el FROB, parece estar dando sus resultados, a pesar del elevado coste que supone para los rescatados en amortización y en presencia de consejeros representantes del Estado, los ‘dominicales públicos’.

Los términos de concluir la reforma del sistema en seis meses, suena bien, lo que no significa que todos vayan a estar de acuerdo con los planes del futuro jefe del Ejecutivo, porque, entre otros asuntos, el movimiento que conlleva el empujón final de una reforma ya iniciada hace tiempo, implica, a su vez, numerosos movimientos en institucionales, por ejemplo, el del Banco de España, y el de varios organismos o supervisores como la CNMV o, incluso, la Dirección General del Tesoro, estos dos últimos dependientes del Ministerio de Economía y para los que se estaría pensando en un nueva dependencia funcional del Banco de España.

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