edición: 2724 , Viernes, 24 mayo 2019
27/02/2013
Italia y los daños `colaterales´
Mariano Rajoy, presidente del Gobierno

Rajoy se queda sin coartada para negar el rescate

La excusa perfecta para poner en marcha las nuevas reformas (recortes) y revisión de objetivos
Juan José González

El proyectil, activado desde Italia, con dirección a Bruselas, lleva el mensaje claro del rechazo de los ciudadanos a las políticas económicas de la Unión Europea. Mensaje al que se suma la contestación -por activa, mediante el voto popular- de los países del sur al establishment de los países del norte. Todos los pronósticos contemplaban la hipótesis de unas elecciones con un fuerte impacto político en la economía, algo más que efectos secundarios. Y el impacto no ha faltado a su cita, golpeando en la línea de flotación del sistema. El resultado de las elecciones generales en Italia, quiere devolver a los políticos a la realidad, que no es otra sino los problemas económicos. Crece la tensión, animada, de paso, por las reacciones sociales, caldo de cultivo para un nuevo episodio de ataque de los mercados. Y el Gobierno español ya cuenta con la coartada para solicitar el rescate soberano.

En España, la actualidad italiana obliga a hacer algunas interpretaciones. Los problemas se acumulan para el presidente del Gobierno. Comprueba a diario como las recetas de los socios dominantes en Europa no le sirven para recuperar la economía. Por recuperación se entiende, circulación del crédito, creación de empleo neto, actividad industrial… Es cierto que los mercados perciben alguna señal positiva (menos déficit estructural y menor gasto público) pero los problemas continúan en el mercado laboral y en el sector financiero, paralizado en buena parte por una reestructuración inacabada.

En argot circense, el espectáculo que acaba de reavivar Beppe Grillo en Italia, el presidente Rajoy ya tiene avanzados conocimientos en funambulismo que le han salvado del precipicio a lo largo del año pasado. Habilidad que previsiblemente no será suficiente para superar las nuevas `funciones´ del circo a la vuelta de la esquina. Para empezar, la reunión de ayer -urgencia en palacio- de todo el equipo económico del Gobierno, para evaluar con rapidez los primeros `daños´ de la nueva situación italiana, confirmó la actitud vigilante del Ejecutivo español, que espera a la formación del equipo de gobierno para tomar decisiones.

La nueva situación en Italia, coge a España en plena faena de trabajo para evitar el rescate de la economía, el principal objetivo político que se había marcado el Ejecutivo para el año, todo un traspiés para un Rajoy que ya contaba con el éxito. Era la condición previa para una recuperación en la parte final del ejercicio. Ahora se impone un cambio de estrategia. El cambio afecta a los planes del Tesoro Público, la financiación del Estado. El instituto público se apresta a un ajuste rápido de los planes para algunas de sus subastas extraordinarias, previstas para los próximos meses.

La prima de riesgo, disparada tras la apertura de los mercados, es algo más que un síntoma; es el termómetro que indica el cambio de escenario. Por tanto, cambios también en el calendario de cumplimiento del déficit público, que deberá adaptarse a la nueva situación. Varias CC AA aprovechaban la situación en la tarde de ayer para revisar algunas cifras de imposible cumplimiento. Y en general, revisión de los objetivos de corto y medio plazo, que, por otro lado, vienen como anillo al dedo para la nueva etapa de reformas a la que se resistía el Ejecutivo y que había sido sugerida, de nuevo, por Bruselas.

Y con la política metida de lleno en la economía, el espectáculo regresa a la arena del coso europeo `gracias´ a Italia. Es más que probable que la escena motive a los líderes políticos del norte a una reflexión acerca de los límites de la política económica de la austeridad. Es posible que en los últimos meses Bruselas se encuentre pensando en una revisión de sus políticas, en un cambio de rumbo, en una rectificación. Ahora no es la incorregible Grecia ni los derrochadores españoles, portugueses o italianos. Es un rechazo en las urnas, un voto de castigo serio a los políticos filiales de la austeridad germana, franquicias de Bruselas que han motivado el descontento popular en buena parte de Europa.

La demanda popular italiana, inclinándose por un honorable payaso profesional, así como los diez millones de votos que permanecen leales a Berlusconi, muestran que la política tradicional ya no sirve, que las terapias de austeridad son dañinas para el pueblo. Es posible que el Gobierno español haya identificado la crisis política italiana como una oportunidad, como un `golpe de suerte´ -no en el sentido de la ministra alemana de trabajo, eufórica de recibir a jóvenes cualificados españoles-, como la señal de cambio. Puede ser la tormenta perfecta para recuperar el concepto de rescate, denigrado políticamente en los últimos doce meses por Mariano Rajoy.

Rasgos muy parecidos entre Italia y España, peligrosamente similares, cuyos motivos deberá analizar y corregir, si es el caso, en presidente español. No vaya a ser que en las próximas elecciones llegue otro payaso -cualquier payaso- e instale su circo en Moncloa.

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