edición: 2831 , Miércoles, 23 octubre 2019
11/09/2014

¡Rápido, antes de que reaccionen!

Alfonso Pajuelo
El consejo de oyentes de Banco Santander hizo exactamente lo que se esperaba de él: asegurarse el puesto. Sin una mínima reflexión aprobó a la búlgara el nombramiento de Ana Patricia Botín como presidenta de Banco Santander. Ni el entusiasmo ni las prisas estaban justificadas… aparentemente.

El entusiasmo no se entiende porque Ana Patricia Botín, persona de natural ensoberbecido al estilo Francisco González, ha dejado un rastro largo y muy marcado de gestión defectuosa. Alcanzó con facilidad su nivel de incompetencia gracias a una formación profesional completa y bien aprovechada. Y logró con evidentes méritos mantenerlo hasta ahora.

Siempre favorecida por su padre que tapó como pudo sus múltiples fiascos en diversos puestos de responsabilidad en el Grupo, se convirtió hace ya varios años por auto designación en sucesora pese a que Emilio Botín nunca se atrevió a tanto formalmente. Y tanto fue así que ha fallecido sin hacerlo; fue el único asunto que dejó pendiente, quizá consciente de las debilidades de Ana Patricia. Especialmente por dos hechos todavía recientes que dejaron dolorido al padre.

En primer lugar, la espantada de Daniel Horta, un ejecutivo –ahora en la competencia- en el que Emilio tenía puestas muchas esperanzas por su demostrada capacidad. Quizá por eso Ana Patricia  lo marcó como objetivo nada más llegar al exilio londinense.

Ese exilio fue producto del fiasco de Banesto. Un banco que representa el inicio de la gran remontada de Banco Santander y que su hija masacró a conciencia pese a las diversas ayudas recibidas en forma de equipos humanos que ella quemó con fluidez. El caso es que ante un Banesto inviable, al padre no le quedó más remedio que liquidar por absorción a costa de los accionistas del Santander.

En cuanto a las prisas por la designación, no es asunto baladí. Se ha tratado de evitar que las críticas externas complicaran esa designación. Ya son conocidas las cualificadas dudas que generan las capacidades profesionales de Ana Patricia, a lo que se unen las críticas de la comunidad financiera internacional por esa forma de actuar como banco familiar sin serlo realmente. Si hubieran aflorado una vez pasados los baños de almíbar, puede que Ana Patricia lo hubiera tenido más complicado.

A Emilio Botín se le permitió regir el Santander como un  banco familiar, no tanto porque lo fuera como por su prestigio y calidad incuestionable como banquero. Emilio ha sido el mejor banquero español y uno de los mejores del mundo, a la par que singular y efectivo financiero. Era indiscutible por méritos propios. Y aun así, intentó mejorar las formas en los últimos años.

Esos últimos años, quizá los tres últimos, no han sido precisamente los más brillantes de Emilio, lo que nos lleva a reconsiderar la importancia de Alfredo Sáenz porque quizá sea mayor de lo que parece. Su declive por mor de una sentencia contraria por un delito grave marca el inicio de un cierto desbarajuste interno. Un desbarajuste que no ha llegado a poner en cuestión el liderato del Santander, pero sí el liderazgo de Emilio.

Ana Patricia recibe un banco con complicaciones. La expansión internacional, diversificación geográfica, permitieron al Santander capear bien la crisis. España ha llegado a representar tan sólo el 18% del Grupo. Pero ahora que empiezan las dificultades en los países emergentes cabe preguntarse si ese 18% va a poder sostener al 82% restante. En España la competencia ha cambiado. Hay competidores nuevos fortalecidos y la lluvia de clientes recogidos de las cajas fallidas se ha agotado. Ana Patricia tendrá que ejercer en este nuevo escenario.

Descanse en paz Emilio Botín, un banquero grande entregado al banco y a su engrandecimiento.

Como colofón permítanme recoger una frase de su hermano Jaime escrita en un artículo que hoy publica `El País¨: “Los hados, por su parte, le han concedido otro inestimable: el de morir a tiempo, para dolor de los suyos pero con ventaja para él y, tal vez, de las devociones y obligaciones aludidas”. Interprétenlo ustedes.

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