edición: 2598 , Lunes, 19 noviembre 2018
08/11/2018
banca 
Test incompletos, faltan los bancos débiles

Reacción contra las pruebas de solvencia por alterar las valoraciones 

Efectos negativos sobre la cotización y demanda de mejores precios de emisión de deuda, entre las distorsiones más destacadas
Juan José González
Sobre la base de que las pruebas de resistencia a las que son sometidas las entidades bancarias europeas por la EBA -la Autoridad Bancaria Europea- no asignan aprobados ni suspensos a los analizados, los resultados son, sin embargo, cada vez más un incómodo asunto a resolver por la alta dirección de los examinados. Las calificaciones de la autoridad, en forma de ratios y opiniones basadas en resultados numéricos, no pasan inadvertidos para nadie. Analistas, inversores y un batallón de agencias especializadas, entre las que se cuentan las calificadoras de riesgo más activas en el mercado, realizan un trabajo de deconstrucción de las pruebas cada vez que se publican sus resultados. De las dos últimas pruebas realizadas al sector -publicada recientemente la segunda y hace dos años la primera- se han conocido reacciones adversas de las entidades a la metodología utilizada por la EBA y a la cantidad de la materia analizada pero, y sobre todo, al volumen de información publicado y su calificación por el equipo que elabora el informe final, un grupo de técnicos que redacta las opiniones en base a las cifras que resultan. Las reacciones adversas han sido expuestas a los responsables de la EBA en varias ocasiones aunque con escaso éxito. Pero han sido los responsables de las entidades los encargados de explicar que el verdadero motivo de discrepancia entre las entidades y las autoridades es, a fin de cuentas, los efectos negativos sobre la cotización en Bolsa de una entidad, o sobre el precio de algunas emisiones de deuda.
No es la primera vez que una entidad bancaria se manifiesta crítica sobre el daño provocado por algunos comentarios recogidos en el informe final de las pruebas de resistencia que elabora la EBA. Porque si bien las pruebas no determinan vencedores o vencidos ni califica aprobados o suspensos, en cambio, sí arroja la información suficiente como para identificar fortalezas o debilidades puntuales o crónicas que influyen en las decisiones de los inversores. Las pruebas, aunque no supongan un informe exhaustivo, similar al que realiza una calificadora de riesgo, una agencia de rating, ofrecen la información suficiente como para que un inversor decida la venta de sus acciones o demande una remuneración mayor en una emisión de deuda.

En este sentido, las pruebas de resistencia tendrían la capacidad de castigar a las entidades más débiles o, incluso, aumentasen el riesgo de mercado. Con todo, no parece que sea esta la crítica de mayor peso que dirigen las entidades analizadas a la EBA. Es precisamente uno de los aspectos más comentados, por contradictorio, la ausencia del test de las entidades con mayores debilidades, eliminadas de raíz en un proceso de selección previo. Si la amplia participación de entidades en las pruebas era una garantía de su fiabilidad y solidez, la ausencia por omisión de las entidades con alguna salvedad, por problemas puntuales y transitorios, condena los resultados de los test de estrés a ser cuestionados por el sector.

Que los bancos considerados como más débiles no figuren en el análisis se ha traducido en que, en esta ocasión, no participaron los bancos italianos, griegos y portugueses, todos ellos inmersos en procesos de reestructuración o con salvedades que desvirtuarían la imagen general del sector. En el examen también encuentran un tratamiento polémico las entidades británicas, sujetas a una especie de doble análisis o pruebas duplicadas al estar sometidas a dos criterios; el de la EBA y el propio del Banco de Inglaterra, aspecto que seguramente desaparecerá cuando se materialice la salida de Reino Unido de la Unión Europea (Brexit).

Precisamente ha sido en Reino Unido donde los resultados del test de solvencia parece haber causado un mayor revuelo, dado que las calificaciones de los cuatro `representantes´ británicos en las pruebas no fueron todo lo positivas que se esperaban ocupando Barclays y Lloyds los últimos puestos de la ratio de capital a pesar de superar el mínimo exigido pero quedaron en mal lugar en solvencia. El peor aspecto de esa situación es la posibilidad de que, en función del escenario macro, se vean obligados a modificar sus políticas de reparto de beneficios (dividendos), si bien no serían los únicos bancos a los que afectaría la posible medida, la cual podría alcanzar también a los españoles Santander y Sabadell.

Si no fuera suficiente con las ausencias de entidades en las pruebas, o con los discutidos escenarios macro considerados en los test, las críticas hacia el trabajo de la EBA suben ahora de tono al considerar que, en el caso de la banca italiana, el análisis de las cuatro entidades del país sometidas a examen (Intesa Sanpaolo, Unicredit, UBI Banca y Banco BPM) llegan a las pruebas en un escenario influido por el desbarajuste político del Gobierno italiano y en pleno pulso de este con Bruselas, aunque, curiosamente, las pruebas no consideran para nada los acontecimientos del país, su prima de riesgo o el déficit, entre otros y que a buen seguro modificarán las condiciones básicas de la banca del país.

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