edición: 3025 , Viernes, 7 agosto 2020
21/09/2016
Se intensifican los movimientos en las cúpulas

Reajustes `tácticos´ bancarios con claro aroma a fusiones

Accionistas de peso -y en apuros- parecen ser los promotores del acercamiento de Popular y Sabadell, con BBVA a la expectativa
Juan José González
Cambios en los organigramas de la alta dirección, reducción de plantillas y ajustes de estructura en las principales áreas de negocio, parecen ser movimientos comunes y habituales en el sector financiero en los últimos años. Pero la intensidad de los cambios y la coincidencia de estos en tres entidades como Sabadell, BBVA y Popular, animan a pensar que los movimientos no son casualidades del tiempo, sino que, como la fuerza de los hechos, confirman que la actividad de las entidades conduce hacia un objetivo común; la fusión, absorción o alianza centradas en, concreto, en estas entidades. González, Oliú y Ron parecen estar estudiando un mismo libreto que hoy cuenta ya con una parte escrita y que sólo espera el desarrollo del guion. Los planes de futuro de las tres entidades pueden convenir si concurren las soluciones a sus problemas. Entretanto, se suceden nuevos cambios en la alta dirección, ayer, de nuevo en el Popular.
Francisco González ha sido siempre un operador muy activo en el mercado, en particular a partir de marzo de 2014 con la venta de más de cien mil acciones, a 9 euros el título, que le reportó unos ingresos en torno a un millón de euros, y que eran parte de su retribución variable -en acciones- correspondiente al ejercicio 2014. Pero la del 12 de septiembre ha llamado más la atención porque tiene lugar en medio de una reestructuración general del banco, más profunda en el organigrama de la alta dirección, y que viene a coincidir en un escenario de movimientos generalizados del sector, aunque muy centrados en tres entidades: Popular, Sabadell y BBVA.

Es evidente que los cambios en las estructuras directivas no se pueden considerar como habituales, normales, ordinarios o corrientes, sino más bien deliberados e intencionados. En el caso del Popular, podría decirse que el presidente Ángel Ron ha provocado una reorganización de algo más, mucho más, que la estructura de la alta dirección. Los cambios en el banco afectan a su propia estructura, al negocio a las divisiones del mismo. Es una reestructuración interna en toda regla la que justifica, por tanto, el nombramiento de un nuevo primer ejecutivo como es el consejero delegado.

Es evidente, también, que en el caso de Banco Sabadell se ha producido un vuelco general en la entidad, con una reordenación interna de sus principales áreas y seguida, recientemente, de una nueva estructura territorial. La entidad de Josep Oliú, presidente del banco, puede justificar los cambios en la medida en que ha sido la más activa en el movido baile de fusiones y uniones bancarias, un baile que le ha hecho escalar varios puestos en el ranking bancario hasta convertirlo en uno de los cinco grandes. Sin embargo, no parece que la estrategia de crecimiento de este grupo financiero se haya agotado. 

Y en este sentido, se interpreta en el mercado el largo noviazgo que mantienen las dos entidades, Popular y Sabadell desde hace años, tiempo suficiente para conocerse y explorar posibilidades de una operación corporativa, llámese alianza o fusión. Pero en círculos financieros, sin embargo, se rebaja la importancia y trascendencia que pueda tener la amistad y entendimiento profesional entre Ron y Oliú en base a que en ambos casos, Popular y Sabadell, cuentan con dos inversores como el mexicano Antonio del Valle (4% del Popular) así como el también mexicano David Martínez y el colombiano Jaime Gilinski (10% del Sabadell).

Esos mismos círculos apuntan al lógico interés de una evidente preocupación de mexicanos y colombiano, decepcionados por el rendimiento de sus inversiones, habida cuenta de la caída bursátil del Popular y Sabadell en los dos últimos años, niveles que nunca imaginaron sus inversores. De ahí, del fiasco sufrido por sus inversiones, que mexicanos y colombiano estén más que interesados en una operación corporativa entre ambas entidades, lo cual, por otro lado, no resolvería los problemas de sus minusvalías.

Y en este escenario ¿qué intenciones pueden estar provocando los movimientos en la alta dirección del BBVA, así como en el patrimonio de su presidente Francisco González? ¿Qué sentido tendría una integración del Popular en el banco azul? o bien ¿sería factible una absorción del Popular, que capitaliza 4.900 millones de euros, por parte del Sabadell, que capitaliza en Bolsa 6.500? En cualquier caso, y a tenor de los movimientos de las tres entidades, los reajustes `técnicos´ que parecen querer indicar los cambios en las cúpulas directivas, así como los cambios en sus estructuras de negocio, son el mejor caldo de cultivo de próximas operaciones de alcance institucional. No deja de extrañar la coincidencia de las continuas `operaciones de limpieza´ y `reordenación de balance´ de estas entidades que, con mayor o menor intensidad, se vienen produciendo en los últimos meses.

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