edición: 2287 , Miércoles, 23 agosto 2017
09/10/2008
Una situación trasladable a Alemania, Francia e Italia

Recuerda Brown, además de una buena supervisión, en España metimos en la cárcel a un banquero

La crisis de confianza existe pero la nacionalización de los bancos británicos es más para controlar sus desmanes que otra cosa
Mario Conde en una instatánea tomada varios días después de la intervención de Banesto
Alfonso Pajuelo/Eugenio Viejo

No es el silencio de los corderos. En Reino Unido los bancos no son las victimas inocentes que se inmolan ante el afán controlador del Gobierno; son culpables de muchos errores -cuando no delitos-, algunos conocidos y, por lo que parece, muchos por conocer. El sistema bancario británico está hecho trizas pero no por la crisis financiera internacional -un mero síntoma del mal- sino por su propia incompetencia, por la voracidad codiciosa basada en estructuras de cartón piedra que los últimos residentes de Downing Street han permitido. Igual que en Alemania y cerca de Francia. A medida que pasan las semanas se va entendiendo mejor la campaña de acoso que se produjo en meses pasados sobre la banca española. Toda esa debacle no tiene nada que ver con lo que ocurre en España gracias a una supervisión responsable, prudente y efectiva y a un hecho que ahora viene al pelo: en España metimos en la cárcel a un banquero, a Mario Conde, por inútil y por chorizo. Algunos otros han pasado por los juzgados; sin mácula, pero han pasado. Que tomen nota. ¡Rubio (beato) y Rojo (santo), a los altares!

La decisión “heroica” del Gobierno de Gordon Brown en realidad es forzada: nadie es capaz de saber hasta dónde llegan las mentiras. Los bancos desconfían unos de otros, por algo será. Pero no hay que confundir la nacionalización británica con las inyecciones de liquidez realizadas y previstas. Hay sobre la mesa 250.000 millones de euros para ello y otros 315.000 para garantizar préstamos y que se recupere la circulación normal de fondos y hacer frente al aumento de morosidad que se avecina.

La nacionalización parcial casi la han pedido a gritos los propios bancos, incapaces de lograr que alguien les creyera. El entusiasmo con que se han acogido a la medida seis bancos -por ahora- no es creíble si no hay un trasfondo oculto. Y es en ese contexto en el que sorprende la autoinmolación del Abbey, filial del Santander, sobre la que el banco español mantiene un oneroso silencio. Después de tres años de gestión, el Santander no puede apelar a la herencia recibida y debería dar explicaciones -las que no le ha pedido todavía la CNMV-. Seguramente, el Abbey no necesitará las mismas ayudas que los otros nacionalizados, serán menos, pero Botín no puede decir a estas alturas que se ha acogido a la nacionalización para evitar una ventaja competitiva de los demás. Por cierto, se echa también en falta algún comentario de banco sobre lo que está ocurriendo en Banif.

El esfuerzo británico -las inyecciones, no la nacionalización- no tiene reflejo en España ya que los 50.000 que va a poner el Gobierno son una minucia, aunque algo es algo. Por lo menos salva el bache de este trimestre.

En efecto, los bancos españoles necesitan dinero para prestarlo y también dinero para pagar lo que ellos deben. Los vencimientos de la financiación mayorista obtenida por las entidades financieras españolas, según el Banco de España, se acerca a los 500.000 millones de euros; de los cuales 190.000 millones de euros (38%) vencen en los próximos tres años. Y tan sólo un 10% del medio billón de deuda son el saldo vivo de las emisiones que vencen este 2008, unos 44.800 millones de euros.

Es decir, que el conjunto de bancos y cajas tienen que recaudar dinero de clientes para poder prestar (dar créditos); pero además necesita 48.000 millones extra para pagar sus propios préstamos a la banca internacional y ahorradores (básicamente alemanes) que le prestaron en momentos de bonanza. De ahí la necesidad de captar recursos de pasivo de los clientes. Y razón de más para seguir generando la batalla sangrienta de depósitos y fondos.

¿Peca de ingenuidad el Gobierno pretendiendo que los 50.000 lleguen a consumidores y empresas? Más bien parece que se hace el tonto.

Pero volviendo al paciente inglés, hay que tener en cuenta que tras las recientes medidas se esconde la necesaria transformación de todo su sistema; el que hay, sencillamente, no vale. Y en ello se tendrán que emplear a fondo las autoridades. Y no basta con solventar el problema coyuntural porque hay uno estructural. Además, tendrá que dar ejemplo y empezar a poner banqueros ante la administración de justicia. Exactamente igual que Alemania -donde, por cierto, Merkel ya ha hecho alguna insinuación al respecto- y parecido a Francia. En Italia tampoco pueden seguir silbando pero ahí hay un problema de difícil solución: el propio presidente del Gobierno, Berrlusconi que ha sido capaz de cambiar la legislación para que no le procesen.

La extensión comunitaria de los problemas bancarios trasciende críticamente de los nacionales, hasta el punto que sin una actuación conjunta y coordinada en la Unión poco se va a lograr. Y en eso sí podemos incluir a España.

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