edición: 3050 , Lunes, 21 septiembre 2020
30/07/2009
La Comisión le recuerda la altura de los muros de sus competencias
Viviane Reding, comisaria europea de ÇSociedad de la Información

Reding vuelca sobre la CMT su rencor hacia España

Después de dejar en fuera de juego las tarifas de sms y atacar con datos borrosos al mercado español, asusta la inversión en redes de nueva generación
Ana Zarzuela

No se resigna a entregar los sables de la telefonía europea, promete volver a postularse a partir de 2010 como Comisaria europea de Telecomunicaciones y araña los meses que le quedan a su mandato. Vivianne Reding se cuelga la medalla europea del roaming y de la terminación de llamadas y trata de tapar con ella el estallido de un ‘paquete telecom’ que aún espera para ver la luz, los desconchones del regulador único, la disgregación funcional de redes y la guerra europea de las descargas de internet que acabó con el consenso del Europarlamento. Afila sus sables de nuevo en las espaldas españolas. Ha tratado de sacar los colores del adsl al sector ibérico y ahora intenta demarcar nuevas condiciones al marco regulatorio de las nuevas redes ultrarrápidas y presionar a los reguladores nacionales para que rematen la rebaja de los precios de la terminación de llamadas móviles, aunque en España ya se han reducido entre un 40 y un 50%. La Comisión se blinda en las cifras y le recuerda a Reding la altura de los muros de sus competencias y el diámetro, intocable, al que tiene derecho como regulador único del mercado español de las telecomunicaciones.

Le ha "tocado" el roaming a las operadoras, el regulador a las comisiones locales, la neutralidad de la red sacude a los internautas y ha tratado de consolar, in extremis,  sus lanzas contra la Casa Banca. Ya el consenso entre los Veintisiete, el Parlamento y la Comisión Europea le habían descafeinado el ‘café para todos’ que quería imponer a las telecomunicaciones -sobre todo a la banda ancha- europeas. La separación funcional de la infraestructura de red de un operador dominante respecto a su negocio de servicios sólo podrá darse de forma “excepcional” y bajo la supervisión de los reguladores nacionales, los mismos en los que Reding ha tenido que aceptar que vigilen y regulen la inversión e innovación en fibra. Aún si el Consejo coge su guante o si el nuevo Parlamento y la nueva Comisión asumen la herencia de los acuerdos-marco a los que llegaron este mes, Vivianne Reding, en el mejor de los casos, tendrá -aunque sea con un semestre de retraso- su nuevo supervisor paneuropeo, el Organismo de Reguladores Europeos de Comunicaciones Electrónicas (BEREC) y tomará las decisiones por mayoría en lugar de con la estrategia consensuada que se empleaba cuando los reguladores nacionales de la UE discutían entre sí las políticas conjuntas.

A la vista de los tropiezos con la disgregación funcional de redes y el regulador único, Reding sobreactúa como la ‘Juana de Arco’ de los precios. En las espaldas del móvil, se cobra las revanchas de sus ‘revoluciones’ ahogadas. Acaba de apuntarse el  tanto de un principio de acuerdo entre los Veintisiete para el recorte de las tarifas roaming y del precio minorista de los mensajes de texto en itinerancia a partir del 1 de julio. Y, a pesar del riesgo de desincentivar la apuesta por infraestructuras, ahogar sus ingresos y obligarlas a estirar los precios en otras costuras, no se resiste a tratar de obligar a las telecos europeas a rebajar hasta en un 70% las tarifas de terminación de llamadas. Ni las protestas de las telecos, Etno y los informes del grupo de reguladores de los Veintisiete -que demuestran que los cálculos de costes móviles son erróneos- le hacen soltar su cimitarra, a pesar del riesgo de desincentivar la apuesta por infraestructuras y ahogar sus ingresos.

LA GUERRA DEL MERCADO MÓVIL

Con su ‘revolución del roaming’ ha hecho mucho más que dejar fuera de juego las tarifas de sms de las operadoras españolas: la rebaja del 60%, hasta 11 céntimos de precio máximo teje la paradoja de que sean hasta un 36% más caros los mensajes cortos nacionales que los europeos, ya que las tres grandes operadoras de móviles (Telefónica, Vodafone y Orange) cobran 15 céntimos de euros por cada uno. Y con ella, los esfuerzos de Vivianne Reding por intentar acorralar a la CMT entre los muros del mercado español y los de las exigencias de la UE. Tanto que, con la denuncia de injerencia por parte de la Comisaria, el regulador español ha recordado las líneas rojas de su competencia: este órgano regulador no puede intervenir en la fijación de los precios de los mensajes a móviles, ni por lo tanto rebajarlos, ya que la regulación europea prohíbe intervenir los precios minoristas en los negocios liberalizados. Para rebajar el precio de los SMS en España, la CMT tendría que declarar previamente “dominantes” a todos los operadores y demostrar que no hay competencia en SMS, “lo que no es cierto”.

Ahora, Reding busca recomponer el mapa de las tarifas móviles españolas, para empezar el de la terminación de llamadas, aunque sabe que es la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) la encargada de fijar las tarifas y  que España no está incumpliendo la recomendación de Bruselas de tomar medidas para armonizar los precios de terminación en la UE a finales de 2012. Poco le importa que en los últimos tres años, las tarifas de terminación se hayan reducido en España entre un 40 y un 50% y se hayan logrado precios comunes para los tres grandes operadores de red. Tampoco que –como explica la CMT- según el plan de reducción de tarifas para los próximos tres años (que tiene previsto publicar esta misma semana), Xfera tendrá que pasar de los 10 céntimos que cobra en la actualidad a los cinco céntimos en 2011, mientras que Telefónica, Vodafone y Orange deberán dejar los siete céntimos actuales en cuatro. Además, el calendario que elabora la CMT plantea la reducción gradual de precios desde octubre de este año hasta octubre de 2011, por lo que deja aún un año de plazo para realizar un último ajuste y cumplir con las directrices comunitarias en 2012. Mira a Exfera –que opera bajo la marca Yoigo-  y, aún a riesgo de saltarse todos los muros de la injerencia, todas las cifras (ahora que la CMT limita el diferencial de precios a un 24%, frente al 48% actual.)  y los propios criterios de Bruselas -que reconoce que este operador, que se incorporó al mercado hace sólo dos años tiene una cuota de mercado menor que sus competidores y unos costes más elevados- viste de exigencia una simple recomendación y trata de dinamitar la asimetría de precios de terminación de llamadas del mercado español.

Si no falla el informe que las grandes operadoras europeas encargaron -todas a una- a Frontier Economics, con cada corte tarifario Reding sólo reduce la fosa de sus ´errores´: rebajar los precios de terminación a dos céntimos por minuto desde los nueve actuales ´aumenta los precios para los consumidores y disminuiría la penetración del móvil´, a medida que, para soportar esa rebaja, las operadoras se ven obligadas a elevar los costes de suscripción a la telefonía móvil o cambiar el modelo y comenzar a cobrar por recibir llamadas, como sucede en EE UU. El atajo de la los usuarios paguen por recibir llamadas en sus teléfonos móviles no sólo perjudicaría a los ciudadanos, sino también a las compañías. Le había puesto ya cifras para la UE Vodafone, que calcula que 40 millones de europeos podrían dejar de utilizar el teléfono móvil si Bruselas les obliga a correr con los costes de terminación de las llamadas.

LA BATALLA DE LAS NUEVAS REDES

Con la vista puesta en su modelo de “competencia efectiva” ha comenzado a digerir las recomendaciones de la consulta sobre las Redes de Próxima Generación (NGN) que permiten una velocidad de descarga de más de 80 megas por segundo que cerró el 24 de julio, en particular la fibra. Sólo tiene ojos para un modelo de ‘cofinanciación’ que no encaja con los mapas de la mayoría de los reguladores nacionales entre los Veintisiete. No sólo es –la CMT dixit- que la normativa europea de telecomunicaciones corre el riesgo de contradecir las normas nacionales; es que las nuevas directivas comunitarias y el mapa que Reding diseña para la aplicación de las normas sobre ayudas estatales al despliegue rápido de redes generan en el sector más "incertidumbre regulatoria" que "seguridad jurídica". Pueden suponer análisis geográficos de mercados y una imposición de obligaciones distintos de los resueltos por las Autoridades Nacionales de Reglamentación. Chocan “frontalmente” con el marco normativo europeo de las comunicaciones electrónicas al sugerir análisis distintos de los resueltos por las autoridades de cada país. Y, entre tanto, amenazan con dejar a las telecos europeas en el limbo de las dudas y las amenazas. Lo ha hecho ya Reding con la banda ancha inglesa: no quiere que nadie mueva ficha hasta que no llegue el ‘todos a una’ entre los Veintisiete y le para ya los caballos al Reino Unido de sus planes para establecer una infraestructura de banda ancha a través de todo el país en tres años. Como le recuerdan las grandes telecos europeas, en EE.UU hace cuatro años se eximió a los operadores de la obligación de compartir las nuevas infraestructuras al igual que Corea, uno de los líderes mundiales en este campo. La Comisaria Europea de Telecomunicaciones, de espaldas al reciente veto del Parlamento Europeo al ‘paquete telecom’, ahora intenta reeditar el ‘tentetieso’ con la fibra española, choca espadas con Moncloa y con el respaldo de la CMT a la actuación de los poderes públicos para fomentar que las redes de nueva generación se desplieguen en zonas menos pobladas y rurales, ya desde el estudio sobre la viabilidad de los despliegues en España presentado en mayo.

No será hasta finales de año cuando la Comisión tenga que presentar su recomendación, ni hasta al menos dentro de un año cuando entre en vigor un marco regulatorio común que sólo servirá de guía  a los reguladores nacionales. Pero la Comisaria europea de Sociedad de la Información le bebe los vientos al regulador sueco, que con la separación funcional de la red del ex monopolio obliga a Telia Sonera a dar acceso a todos sus rivales a la red de fibra que vaya desplegando. Y no se resiste a repartir los riesgos de inversión entre las empresas que pongan el dinero para desplegar las redes y las compañías que buscan acceso. Se enfunda de nuevo la armadura. Quiere obligar a impulsar estas nuevas conexiones, en especial en áreas menos pobladas, sin que operadores tradicionales como Telefónica, France Telecom o Deutsche Telekom, con más capacidad para invertir que otras empresas, se aúpen en sus ventajas. Pero las olas de Reding sólo han levantado, de nuevo, las iras de las grandes operadoras europeas. Bajo el paraguas de Etno -la Organización Europea de Operadores de Telecomunicaciones- advierten: el borrador apadrinado por Reding no respeta el principio de neutralidad tecnológica, conduciría a “regulaciones desproporcionadas" y "desanimaría a los inversores".

Ahora que la UE deshoja la margarita de los 400.000 millones que necesitan sus redes, la CMT española, con la regulación más exhaustiva de Europa de las redes de telefonía fija de nueva generación, sigue los pasos de Holanda y Francia. Bruselas, por mucho que tarde en su proyecto de regulación para la fibra, no promete nada muy diferente a las propuestas de la CMT: libertad para que Telefónica pueda desplegar su red Futura y obligación a las ´telecos´ dominantes de compartir sus redes ultra rápidas. Todas las alternativas pueden revender la oferta mayorista hasta los 30 megas, configurar la velocidad de sus ofertas de fibra hasta ese tope con libertad, acceder a las canalizaciones y conductos de Telefónica (lo que les permite ahorrarse un 80% de sus costes) e incluso a la fibra desplegada dentro de los edificios (que el primer operador en desplegar debe alquilar a sus competidores. Para 2011 se triplicará en la UE el actual volumen de tráfico existente en internet, mientras que para 2013 los contenidos digitales se habrán multiplicado por diez y coparán el 80% del total en 2020. La cristalización de esta nueva realidad está, sin embargo, en el aire. Al ritmo actual, el Viejo Continente tardará alrededor de veinte años en renovar sus redes y la dirección que lleva la política de Bruselas puede cuajar en una ralentización adicional.

El horizonte de las inversiones será imprescindible. También en España. La Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones perfila el mapa de la fibra óptica de nueva generación, un tejido que según la CMT puede llegar en 15 años hasta a un 46% de las viviendas españolas, no más.  Y con él, comienza a delinear las fronteras de la carrera por el FTTH que hasta ahora reposa casi en exclusiva en los hombros de Telefónica. No será así si la geografía de la Comisión se cumple: a contrapié de la guerra que Vodafone y Orange llevaron a Bruselas, el regulador español les recuerda que el mercado de 2023 será rentable para la competencia de tres redes de fibra ópticas nacionales que llegarán hasta los edificios, pero la dimensión de los peajes están ya sobre la mesa: sólo en Madrid y Barcelona la inversión total de Telefónica será de 365,5 millones de euros, pero para cualquier alternativo superaría los 421 millones en cada ciudad, aun alquilando la canalización de Telefónica, y que supone un buen ahorro en obra civil. La pelota está en el tejado de Moncloa -la inversión pública será imprescindible en muchas zonas- y de las operadoras alternativas.
 
LA OBSESIÓN BORROSA POR ESPAÑA

La Comisaria Reding ya no reprime su rencor hacia España. Ni las grietas de sus desencuentros con la CMT, aunque sabe que en la mayoría sólo puede aspirar al humo retórico a las puertas de las competencias del regulador español. A España no le perdona los esfuerzos liderados por Zapatero y Merkel para relajar las normas sobre banda ancha y el apoyo del Consejo a la cooperación en infraestructuras entre los operadores; no digiere el esfuerzo de las telecos por negociar directamente en su momento con Barroso paz por inversiones y se le atraganta aún la regulación española de la fibra por la CMT. Por eso arremete, aunque sea con sables nebulosos, contra la Comisión, las operadoras y el diámetro del mercado español. Se enreda con la ‘excepción española’, ésa que -Reding dixit- hace que sea el único país donde suben las tarifas y baja el uso de la banda ancha. Salta sobre el mercado ibérico con pértigas imposibles: España no ha dejado de crecer en banda ancha fija -incluso a más ritmo que la media- es líder en banda ancha móvil de alta velocidad (con una penetración del 25,9%, el doble que la UE), se ha convertido en uno de los mercados más aventajados en portabilidad móvil y está a la cabeza de la Unión en consumo de paquetes de convergencia. Y los precios -más caros en adsl que la media- no lo son tanto en móvil, sobre todo en coste por minuto. España es líder absoluto de la Unión Europea en penetración de Internet móvil de alta velocidad -como los servicios móviles de tercera generación (3G) y las tarjetas de datos para ordenadores portátiles-, por delante de países como Italia o Alemania. Aunque la tasa de penetración de la telefonía móvil en España (el 114,27% en octubre) aún no alcanza el suelo de la media europea (118,9%), creció significativamente el último año, muy por encima del alza del 7% de la media europea en el último año.

Pero la Comisaria Europea de Telecomunicaciones sitúa a España en un lugar que no le corresponde. Se empeña en colgarle la ‘antimedalla’ como el país de los Veintisiete donde más gastan de media los usuarios del móvil. Es cierto que la oferta mensual más barata (incluyendo llamadas y mensajes de texto) que se podía encontrar en España hace un semestre ascendía a 35,89 euros, lejos de la media comunitaria de 19,49 euros. Pero eso ya ha cambiado y además el precio medio por minuto es sólo tres céntimos superior a la media europea, según la propia CE. Y ocho países están por encima, hasta el techo de los 27 céntimos. Algo similar ocurre con la banda ancha: las telecos españolas pueden ser más caras que sus competidoras europeas en las velocidades superiores -un 54,6%- pero, por ejemplo los 30 megas de Telefónica ofrecen un 92,85% de la velocidad prometida. Según el Gobierno, existe una discrepancia entre las cifras que estima la Comisión Europea, de 45,83 euros de media al mes, con los de la CMT, que apunta a 28,8 euros de ingresos medios por conexión de banda ancha residencial y 32,63 euros que se lleva Telefónica por cada línea de ADSL. Y es el propio informe semestral de la Comisión Europa el que -de espaldas a las lanzas de Reding- alaba la competencia en la portabilidad en el mercado español, uno de los países de la UE donde un mayor número de personas ha cambiado de operador sin perder su número, tanto por lo que se refiere a telefonía fija (4 millones de números portados) como sobre todo móvil (18,3 millones).

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