edición: 2309 , Viernes, 22 septiembre 2017
15/06/2009
OBSERVATORIO DE TELECOMUNICACIONES

Reding vuelve a la carga y cuela el 'paquete telecom' en las grietas de la transición de la UE

Desata de nuevo la guerra de la fibra y de los precios de terminación
Ana Zarzuela

Dijo adiós, pero fue un hasta luego. Claudicó en las redes del Parlamento, con los añicos de la que iba a ser "la nueva era de las telecomunicaciones" europeas en las manos. Su empeño en sintonizar con el pulso de Sarkozy en la contención al P2P hicieron estallar el ‘pequete telecom’. Pero Vivianne Reding está de regreso. Se salta la consigna de ‘mejor no tocarlo’ que operadoras, Parlamento y CE acordaron hasta septiembre y vuelve a la mesa con la que estaba llamada a ser la mayor regulación de la historia del sector. Quiere llevársela puesta, si tiene que abandonar su sillón en la Comisión en dos meses, o al menos, dejarla cocinada y que lleve sus apellidos. La victoria del PPE, el impasse mientras Durao Barroso –o su sucesor- forman una nueva Comisión Europea y el portazo del Constitucional Francés a la Ley Hadopi le despejan el camino. Se enfunda la lanza del corte a las descargas de internet, a la fuerza ahorcan. Pero ha colado por los lados la del roaming.

La aún comisaria Europea se empeña ahora en tratar de acelerar el marco regulatorio de la fibra ultrarrápida, en presionar a los reguladores nacionales para que rematen la rebaja de los precios de la terminación de llamadas móviles y en pasarle sus lanzas al Consejo de Ministros de Telecomunicaciones para que salve -a contrapié del procedimiento del Comité de Conciliación y de espaldas a la Eurocámara- al menos los muebles de la directiva sobre los derechos de los usuarios y el establecimiento de un Organismo de Reguladores Europeos, las últimas medallas del naufragio de Reding. Adorna la transición y la nebulosa de su propio futuro de nuevo con el ruido de sables. Las operadoras preparan su lobby y afinan de nuevo sus estudios.

Dijo adiós a su cargo para zambullirse en las elecciones, con las manos casi vacías: en el mejor de los casos, si ven la luz en la próxima legislatura, ni el supervisor paneuropeo, ni la separación funcional para las operadoras, ni las tarifas de terminación de llamadas móviles serán lo que soñó. Menos aún, el trofeo con el que volver a aspirar a otro sillón dorado en Bruselas. Pero ha vuelto. A la vista de los tropiezos para sus batallas de la disgregación funcional de redes y del regulador único, sobreactúa en sus papeles de ‘Juana de Arco’ de los precios móviles y de guardiana de la fibra. Busca saltarse el calendario del Paquete Telecom, que tendría que ser de nuevo examinado en otoño por el comité de conciliación, en un proceso que requiere la representación de miembros del Parlamento y del Consejo. Y con su pértiga, la luxemburguesa trata de rematar el legado de un mandato que no es lo que buscaba. O, al menos, hacer de él un peaje mejorado para un nuevo mandato. Se sube a la victoria del partido democristiano luxemburgués, la que le garantiza un sitio en la Eurocámara. Pero la ‘dama de hierro de las comunicaciones’ apunta más alto.

Busca sitio en el Consejo del 18 de junio y se ampara en la transición de los Veintisiete: el Tratado de Niza prevé que el presidente de la Comisión sea designado por el Consejo Europeo y aprobado en votación por el Parlamento por mayoría, mientras que el de Lisboa establece que lo será por la mayoría absoluta de los miembros del Parlamento. La luxemburguesa se pone cómoda en ese impasse y espera por el paraguas, revivido, de Durao Barroso y de su confianza para repetir en el trono de Comisaria Europea de Telecomunicaciones. Pero sabe que no llegará hasta, al menos, mediados de julio. Eso, si no mantiene la Comisión en funciones hasta el referéndum de Irlanda de octubre. A Reding le quedan aún, en el peor de los casos, unas semanas de reinado y el horizonte del ‘paquete telecom’ de nuevo despejado, ahora que el Tribunal Constitucional Francés ha vetado la Ley Hadopi que permitía cortar el servicio a los usuarios con descargas ilegales de internet.

LA BATALLA DE LA FIBRA

Vivianne Reding aprovecha la orfandad del Parlamento Europeo, recién escogido, para estrenar -sólo hasta el 24 de julio- una consulta pública sobre su proyecto de regulación del acceso a las redes de nueva generación de Internet, que permiten una velocidad de descarga de más de 80 megas. No será hasta finales de año cuando la Comisión tenga que presentar su recomendación, ni hasta al menos dentro de un año cuando entre en vigor un marco regulatorio común que sólo servirá de guía  a los reguladores nacionales. Pero la comisaria europea de Sociedad de la Información le bebe los vientos al regulador sueco, que con la separación funcional de la red del ex monopolio obliga a Telia Sonera a dar acceso a todos sus rivales a la red de fibra que vaya desplegando. Y no se resiste a repartir los riesgos de inversión entre las empresas que pongan el dinero para desplegar las redes y las compañías que buscan acceso. Se enfunda de nuevo la armadura. Quiere obligar a impulsar estas nuevas conexiones, en especial en áreas menos pobladas, sin que operadores tradicionales como Telefónica, France Telecom o Deutsche Telekom, con más capacidad para invertir que otras empresas, se aúpen en sus ventajas. Pero las olas de Reding sólo han levantado, de nuevo, las iras de las grandes operadoras europeas. Bajo el paraguas de Etno -, la Organización Europea de Operadores de Telecomunicaciones- advierten: el borrador apadrinado por Reding no respeta el principio de neutralidad tecnológica, conduciría a “regulaciones desproporcionadas" y "desanimaría a los inversores".

Ahora que la UE deshoja la margarita de los 400.000 millones que necesitan sus redes,la CMT española, con la regulación más exhaustiva de Europa de las redes de telefonía fija de nueva generación, sigue los pasos de Holanda y Francia. Bruselas, por mucho que tarde en su proyecto de regulación para la fibra, no promete nada muy diferente a las propuestas de la CMT: libertad para que Telefónica pueda desplegar su red Futura y obligación a las ´telecos´ dominantes de compartir sus redes ultra rápidas. Telefónica deberá abrir a sus competidores su red de fibra óptica, tal y como exigía Bruselas, pero sólo parcialmente, para ofertas de velocidades hasta de 30 megabits por segundo (Mbps), como pretendía la CMT. Para 2011 se triplicará en la UE el actual volumen de tráfico existente en internet, mientras que para 2013 los contenidos digitales se habrán multiplicado por diez y coparán el 80% del total en 2020. La cristalización de esta nueva realidad está, sin embargo, en el aire. Al ritmo actual, el Viejo Continente tardará alrededor de veinte años en renovar sus redes y la dirección que lleva la política de Bruselas puede cuajar en una ralentización adicional.

El horizonte de las inversiones será imprescindible. También en España. La Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones perfila el mapa de la fibra óptica de nueva generación, un tejido que según la CMT puede llegar en 15 años hasta a un 46% de las viviendas españolas, no más.  Y con él, comienza a delinear las fronteras de la carrera por el FTTH que hasta ahora reposa casi en exclusiva en los hombros de Telefónica. No será así si la geografía de la Comisión se cumple: a contrapié de la guerra que Vodafone y Orange llevaron a Bruselas, el regulador español les recuerda que el mercado de 2023 será rentable para la competencia de tres redes de fibra ópticas nacionales que llegarán hasta los edificios, pero la dimensión de los peajes están ya sobre la mesa: sólo en Madrid y Barcelona la inversión total de Telefónica será de 365,5 millones de euros, pero para cualquier alternativo superaría los 421 millones en cada ciudad, aun alquilando la canalización de Telefónica, y que supone un buen ahorro en obra civil. La pelota está en el tejado de Moncloa -la inversión pública será imprescindible en muchas zonas- y de las operadoras alternativas.
Para  Vivianne Reding, “revolución” deja tras de sí, más bien, el resabio de una “cruzada” contra los gigantes de las telecomunicaciones, los operadores dominantes que aún tienen en sus manos el 72% del mercado local y el 66% de la banda ancha europea. De la Comisaria, les irrita su empeño en uniformizar mercados y condensar en Bruselas todas las llaves y su obsesión por achacarles que “vacian los bolsillos» de los usuarios”, en lugar de ser consciente de que ella vacía los bolsillos de las inversiones. Se lo recordaban los cálculos de Telefónica: su plan de tarifas de terminación de llamadas a móviles no es viable; los precios estarían por debajo de los costes de producción y obligarían a más de 200 millones de clientes de prepago a pagar más por sus llamadas y asumir la reestructuración de los precios minoristas.

Ha querido reformar el actual sistema de subvenciones vinculadas a los servicios de telefonía móvil y cargar a las espaldas de las operadoras los 30.000 millones de euros que según la consultoría McKinsey hacen falta para expandir las arterias de la nueva fibra óptica de alta velocidad por el Viejo Continente. La contradicen ya los números: el efecto disuasorio de sus ‘revueltas’ ha reducido la inversión en nuevas redes un 2,7% entre 2006 y 2007. Si no falla el informe que las grandes operadoras europeas encargaron -todas a una- a Frontier Economics, con cada corte tarifario Reding sólo reduce la fosa de sus ´errores´: rebajar los precios de terminación a dos céntimos por minuto desde los nueve actuales ´aumenta los precios para los consumidores y disminuiría la penetración del móvil´, a medida que, para soportar esa rebaja, las operadoras se ven obligadas a elevar los costes de suscripción a la telefonía móvil o cambiar el modelo y comenzar a cobrar por recibir llamadas, como sucede en EE UU. El atajo de la los usuarios paguen por recibir llamadas en sus teléfonos móviles no sólo perjudicaría a los ciudadanos, sino también a las compañías. Le había puesto ya cifras para la UE Vodafone, que calcula que 40 millones de europeos podrían dejar de utilizar el teléfono móvil si Bruselas les obliga a correr con los costes de terminación de las llamadas.

UNA HERENCIA MENGUANTE

Le ha ‘tocado’ el roaming a las operadoras, el regulador a las comisiones locales, le ha peleado la fibra hasta la CMT, ha tratado de sacar los colores al sector español, la neutralidad de la red sacude a los internautas y ha tratado de consolar, in extremis,  sus lanzas contra la Casa Banca. Ya el consenso entre los Veintisiete, el Parlamento y la Comisión Europea le habían descafeinado el ‘café para todos’ que la Comisaria quería imponer a las telecomunicaciones -sobre todo a la banda ancha- europeas. La separación funcional de la infraestructura de red de un operador dominante respecto a su negocio de servicios sólo podrá darse de forma “excepcional” y bajo la supervisión de los reguladores nacionales, los mismos en los que Reding ha tenido que aceptar que vigilen y regulen la inversión e innovación en fibra.

Aún si el Consejo coge su guante o si el nuevo Parlamento y la nueva Comisión asumen la herencia de los acuerdos-marco a los que llegaron este mes, Vivianne Reding, en el mejor de los casos, tendrá -aunque sea con un semestre de retraso- su nuevo supervisor paneuropeo, el Organismo de Reguladores Europeos de Comunicaciones Electrónicas (BEREC) y tomará las decisiones por mayoría en lugar de con la estrategia consensuada que se empleaba cuando los reguladores nacionales de la UE discutían entre sí las políticas conjuntas. Sin embargo, el BEREC sigue siendo una versión aguada del poderoso ente paneuropeo diseñado por la Comisaria, y que los estados miembros vieron demasiado amenazador para la soberanía reguladora nacional. Apenas una agencia comunitaria que se limitará a aconsejar a la CE y a los entes nacionales, no será decisorio, y sólo participará en asuntos relacionados con el mercado, con una función similar a la del actual Grupo Europeo de Reguladores, creado por la Comisión en 2003. Un ‘heredero’ descafeinado con el que Reding no lo tendrá tan fácil para afilar los sables de sus desencuentros con la CMT española, al menos no con ayuda de la munición de los Veintisiete. A España no le perdona los esfuerzos recién liderados por Zapatero y Merkel para relajar las normas sobre banda ancha y el apoyo del Consejo a la cooperación en infraestructuras entre los operadores; no digiere el esfuerzo de las telecos por negociar directamente con Durao Barroso paz por inversiones y se le atraganta la regulación ibérica de la fibra por la CMT.

Reding quería un veto de la Comisión sobre medidas regulatorias nacionales que se considerasen insuficientes para asegurar una competencia adecuada. En vez de eso, el BEREC debe dar su consentimiento a cualquier medida de la Comisión antes de que se imponga. Eso será todo. A Reding, en el mejor de los casos, el próximo semestre le colgará el refarming y la terminación de llamadas, la reubicación de servicios aparte de los televisión dentro del espectro radioeléctrico que quedará tras el apagón analógico; la forma de acceso a la red NGN de próxima generación y la asignación de las frecuencias resultantes de apagar la televisión a raíz de la migración de analógico a digital.

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