edición: 2788 , Viernes, 23 agosto 2019
09/06/2015
banca 

Las estadísticas del BIS ponen al desnudo una reducción en la cartera de derivados de la banca

Las entidades buscan fórmulas para aliviar la presión de Basilea III sobre la cobertura de riesgos
Carlos Schwartz
Las cifras difundidas por el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) ponen de relieve que en el segundo semestre de 2014 el volumen nominal de las carteras internacionales de derivados se redujo en 60 billones de dólares desde poco más de 690 billones a los 630 billones al cierre de diciembre. La reducción es una operación defensiva de los bancos e intermediarios internacionales para reducir la presión de la regulación conocida como Basilea III que aplica incrementos a los coeficientes de capital de los bancos. En la medida que entran en vigor los tramos sucesivos de la regulación las carteras de activos consumen cada vez más capital de primera calidad, el denominado Tier1.
El volumen nominal de los derivados se imputa en el cálculo del denominado ratio de apalancamiento. La relación del incremento de la cartera de derivados es directamente proporcional al incremento de esa ratio que supone un aumento en los requisitos de capital. Esto supone mayores costes para las entidades que pueden reflejarlo en un incremento de los costes operativos de los derivados para los clientes.

La mayor presión sobre los requisitos de capital de los bancos por parte de los reguladores ha dado nueva vida al mercado denominado compresión de carteras que lleva ya algunos años de existencia. Con este fin han surgido en el mercado financiero empresas que ofrecen el estudio de las carteras de derivados con el objetivo de sustituir operaciones que por su riesgo consumen más capital por otras que requieren menor cobertura por parte de los bancos. Un ejemplo son los contratos que se compensan entre si y que por tanto no tiene sentido que estén en una cartera “generando un peso que hay que soportar con capital”, de acuerdo con una fuente de medios financieros. La ratio de apalancamiento que afecta a los derivados entró en vigor en enero del año pasado. “Su introducción ha tenido un efecto profundo sobre como los bancos evalúan las líneas de negocio y sus productos”, señala la fuente. La regulación ha tenido además un efecto indeseado en la medida que la regulación internacional propugna que los contratos de derivados bilaterales, denominados over the counter (OTC) sean cerrados a través de entidades centrales de contrapartida.

“Esto ha creado una distorsión en el mercado porque cada contrato que pasa por una entidad de contrapartida se cuenta por duplicado, es decir por la venta y por la compra lo que aumenta el volumen nominal de las operaciones de forma significativa. El año pasado el Chicago Mercantile Exchange encargó a Oliver Wyman un estudio del efecto sobre los volúmenes nominales de las operaciones de derivados con las nuevas disposiciones de Basilea III. De acuerdo con el estudio una cartera teórica de 10.000 millones de dólares de operaciones OTC que se contrata a través de las ECC tendría un coste antes de Basilea III de 5,3 millones de euros al año. Si el portafolio está compuesto por operaciones OTC hechas con un margen de cobertura inicial el coste de elevaría a 7,6 millones de euros. Pero si el cálculo se hace con la carga de Basilea III los resultados se modifican de forma dramática. En el caso de los OTC cerrados en una ECC el coste se eleva a 8,4 millones de euros. Las operaciones bilaterales cerradas con un margen inicial suponen por el contrario un coste de 7,6 millones de euros al año. La conclusión de la consultora es que Basilea III incentiva que las transacciones de derivados se cierren fuera de las ECC y preferentemente sin margen de garantía inicial.

Entre las empresas que se dedican a esta reestructuración de carteras se destaca triReduce cuyos ejecutivos argumentan que buena parte de la reducción de volumen nominal de las operaciones de derivados registrada el año pasado se debe a las estrategias de compresión. De acuerdo con esta empresa ella sola actuando para entidades financieras logró una reducción de volumen nominal de contratos de derivados de tipos de interés en el tercer trimestre del año pasado de 42 billones de dólares.

En el primer trimestre de este año esa cifra aumentó a 65 billones de dólares de valor nominal. Un ejemplo del efecto de la compresión de las carteras es el de London Clearing House (LCH) cuyo volumen nominal de derivados de tipos de interés del servicio SwapClear el 1 de enero de este año era de 362 billones de dólares y el pasado cinco de junio representaba 294 billones de dólares. Un ejecutivo de SwapClear, que también es proveedor de servicios de compresión afirma que “Hemos verificado una continuada y creciente demanda de nuestros servicios de compresión de carteras en la medida que los miembros del mercado y sus clientes hacen frente a la presión de la ratio de apalancamiento y se esfuerzan por gestionar su volumen nominal de derivados y su capital de forma más eficiente”. La consecuencia de este “apetito por la compresión” ha desembocado en que pese a que el año pasado aumentó el número de operaciones cerradas a través del mercado SwapClear el nominal de las mismas haya caído. La tendencia se ha acelerado de acuerdo con fuentes de esa ECC.

La compresión de carteras de derivados no es nueva, y lleva varios años como metodología del mercado. De acuerdo con la Asociación Internacional de Swaps y Derivados (ISDA, por sus siglas en inglés) el procedimiento ha contribuido a reducir en un 30% el volumen nominal de operaciones de swaps de tipos de interés entre 2009 y 2014. Sin embargo la presión de la regulación en vigor ha incrementado la utilización de esta metodología.

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