edición: 2325 , Miércoles, 18 octubre 2017
07/07/2015
banca 
Contratiempo

La falta de sintonía entre Moncloa y Banco de España aplaza el arranque de la concentración bancaria

Moncloa llama al Banco de España para recordarle que el momento de hablar de fusiones es inadecuado: vienen elecciones y además quiere evitar despidos
Juan José González
El arranque de la nueva oleada de fusiones bancarias se muestra laborioso, intempestivo y enojoso para los intereses políticos del Gobierno. Con menos palabras, quizás más duras y menos diplomacia, el Ejecutivo le comunicó al supervisor su desacuerdo por el tiempo elegido para el mensaje en tanto supone una nueva fase de despidos. La labor del Gobierno por sumar contrataciones y restar desempleo se vería frenada si en los próximos meses se anuncian operaciones de concentración bancaria, al menos en el mercado nacional. Para mayor complicación, la nueva fase en la crisis griega, deja paso a un escenario, también nuevo que obliga a esperar y ver si el BCE cambia de estrategia o mantiene sin cambios la hoja de ruta de la concentración bancaria. En cualquier caso, un contratiempo.
El nuevo episodio de la crisis griega, si bien llega en el momento previsto, no resta para que sea un nuevo inconveniente a añadir a los ya existentes en el camino de la concentración bancaria. Pero tanto las autoridades europeas como las entidades bancarias que, en el caso español, ya tienen muy claro a qué pareja piensan acudir para el baile de las fusiones, cuentan con fechas más o menos precisas para iniciar el baile. Aunque es probable que en el tiempo y en el ritmo no vayan a coincidir con el deseo del Gobierno, con otros planes en el corto y medio plazo que no son con los que trabaja el Banco de España, ahora convertido en mero transmisor de las presiones del Banco Central Europeo.

El Banco de España por tanto, se presenta en el nuevo baile de la concentración bancaria con el pie cambiado, sobre todo con su teórica pareja, el Gobierno, con quien debería entenderse y acompasar el ritmo de la temporada de fusiones, algo a día de hoy improbable. También deberá intentar coger el ritmo el nuevo ministerio de Economía que, también sobre el papel, contará con otro inquilino, dada la probable salida de De Guindos camino de más altas cumbres. En cualquier caso, la herencia del candidato a presidente del Eurogrupo, deja la citada asignatura pendiente de imponer por decreto-ley su autoridad y poner orden entre los grupos de accionistas políticos que hoy permanecen en las fundaciones bancarias, y que se han distinguido por su oposición a cualquier proceso de concentración bancaria.

Mientras se produce ese acercamiento necesario o sintonía armoniosa entre Moncloa y el Banco de España, todo apunta a que ese arranque de nuevas fusiones bancarias, deberá esperar a que el horizonte de las elecciones generales dibujen un nuevo mapa de poder, que puede ser igual, similar o muy diferente al actual. Pero en cualquier caso, las autoridades locales quieren evitar por todos los medios que la nueva fase de concentración bancaria se salde con más despidos o jubilaciones anticipadas, con recortes generalizados en la red de oficinas.

Asignatura pendiente de las autoridades bancarias es la situación creada por algunos de los grupos de accionistas bancarios procedentes de las cajas de ahorros y todavía hoy con poder y mando en plaza en buena parte de las fundaciones bancarias. Son los poderes que conservan aún la capacidad de voto y veto sobre las decisiones necesarias para alcanzar acuerdos de fusiones. Y el Banco de España no sabe cómo anular o neutralizar ese poder en manos de representantes políticos (algunos ya sin representación de nadie) locales, de las antiguas diputaciones y hoy Autonomías. Por tanto, un espinoso y delicado obstáculo que en opinión del supervisor sólo se puede resolver desde el ministerio de Economía mediante decreto ley, lo cual apunta a un alargamiento en el tiempo de la decisión de la autoridad que, al menos contará con la posibilidad de exigir a las fundaciones resultados positivos suficientes como para seguir financiando la obra social.

El sector bancario sospecha que el Ejecutivo, interesado más en los aspectos laborales que traería consigo un nuevo reajuste en el sector, quiere ganar tiempo para una mayor recuperación de la actividad económica a medida que se acerquen las elecciones generales. Porque el escenario de recortes que baraja el sector, en el entorno de los 2.500 empleos, no encaja bien precisamente en los deseos del Ejecutivo, que piensa solicitar de la banca mejores alternativas que la vía directa del despido para llegar a la rentabilidad.

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