edición: 2823 , Viernes, 11 octubre 2019
06/10/2015
Prevenir nuevos rescates

Merkel pone en marcha la `reforma alemana´ de la Eurozona

Un órgano externo a la Comisión e independiente para controlar y vigilar el cumplimiento presupuestario y con poder sancionador
Juan José González
Un gobierno en la sombra, en paralelo y con independencia de la Comisión Europea. Es la idea propuesta por Alemania que gusta a sus socios del norte y agrada a Francia. Parece una revolución institucional porque en la práctica supondría vaciar al organismo rector europeo de sus principales funciones y, por tanto, del núcleo central de su poder. El movimiento de Merkel y Hollande, los socios, el eje clásico, puede tener dos justificaciones, cómo no, económicas. La primera de ellas son los posibles efectos de una salida futura de la Unión, aunque no tan lejana, de Reino Unido. Es precipitado calcular los efectos del probable abandono británico sobre los asuntos de la Unión, pero no es reprochable pensar en el futuro, si bien en este caso alemanes y franceses ya se encuentran de lleno en la fase final, adelantando los acontecimientos. Es la `reforma alemana´ de la eurozona.
Merkel, Hollande y los socios del norte no pretenden una reforma en profundidad de las instituciones europeas, lo cual llevaría a cambios importantes en los tratados de la Unión, una batalla a la que nadie quiere apuntarse por su complejidad y, sobre todo, por el tiempo de negociación de los 28 miembros. La Comisión Europea (CE) es el órgano ejecutivo y legislativo de la Unión Europea, es, de facto el Gobierno, el gabinete ministerial de los 28 estados de Europa.

Se sabe que alemanes y franceses, como también británicos e italianos, no son muy amigos de la estructura burocrática que forma el edificio del poder europeo. De ahí que en numerosas ocasiones, los dos primeros hayan formulado propuestas para dotar de mayor agilidad a esa pesada, lenta y compleja maquinaria funcionarial representada por la Comisión. Sin embargo, la iniciativa de unos y otros se ha estrellado reiteradamente con la legalidad y el respeto al procedimiento.

Pero en algún momento, han pensado alemanes y franceses, que habría que dar un paso al frente y comenzar a hablar del futuro de la Comisión, un organismo sobre el que los gobiernos alemanes han proyectado sus dudas y desconfianza. Y para comenzar la conversación, la batalla por "poner a la Comisión en su sitio", como afirman coloquialmente en Berlín, lo mejor es hacerlo con claridad, de frente y al grano. En este sentido, nadie se ha cortado y ha dicho lo que ya se sabía que pensaban germanos y franceses: que a la Comisión le quedan grandes las funciones de vigilancia presupuestaria, así como la verificación del cumplimiento de las reglas de estabilidad presupuestaria.

Y para llevar a cabo las dos funciones -vigilancia y verificación- qué mejor que una comisión, otra, pero de carácter externo, independiente. Algunos observadores quieren ver en la intención de Alemania un intento por controlar y prevenir una segunda ola de rescates que, como el de Grecia se pueden producir en los próximos años, además del rescate permanente del socio heleno, una situación de imposible resolución en el medio plazo. En todo caso, las funciones que se `desean´ que salgan de la Comisión hacia ese órgano independiente tienen el nexo común de la economía y para ello nada mejor que la puesta en marcha de una nueva figura; un ministro de Economía de Europa. Se sospecha que alemán.

El Gobierno español no parece precisamente, cerca de la jugada, asunto preocupante por cuanto no está representado en la mayoría de las instituciones europeas, pero sobre todo, porque las propuestas de alemanes y franceses, en caso de prosperar supondrán cambios en el euro, en las cuentas públicas y en su saneamiento, precisamente los lugares donde se encuentran las mayores y delicadas debilidades de España.

Porque si la idea de hurtar o sacar del ámbito de decisiones de la Comisión la vigilancia y la verificación de la aplicación de las reglas, hay que pensar que un nuevo organismo o instancia independiente contará también con el poder de sanción para imponer la disciplina. El movimiento para la reforma del euro ya está en marcha, y como lo propone Alemania, habrá también que sospechar que el nuevo organismo, mecanismo o institución para llevarla a término, estará dirigido por un alemán.

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