edición: 2514 , Viernes, 20 julio 2018
21/02/2011

Reforzamiento financiero y efecto escaparate

Carlos Schwartz
El Gobierno no se ha privado de acoplar las medidas largamente anunciadas para la banca, bautizado como decreto de reforzamiento del sistema financiero, al inicio de las sesiones del G20. Logró así una columna de salida en la primera página del Financial Times el sábado 19 al mismo tiempo que el cónclave se inauguraba en París. La operación vuelve a poner de relieve que para la presidencia del gobierno los tiempos en materia de comunicación e imagen son imprescindibles. No se trata solo de que España tenga una reforma del sistema financiero, sino que los tiempos de anuncio del proceso coincidan con determinadas efemérides que importan al ejecutivo. El real decreto aprobado el viernes pasado fue anunciado tras el último consejo de ministros anterior a la visita a España de la canciller de Alemania Angela Merkel, a principios de este mes. Ahora se cierra el ciclo en vísperas de la reunión del G20.

De paso, y como era previsible, digamos que la reunión de París ha dado frutos más que escasos. Apenas ha logrado establecer criterios relacionados con los indicadores básicos que hacen a los desequilibrios internacionales de balanzas de pagos. Entretanto el decreto colocado de forma pulquérrima desde el punto de vista de su oportunidad temporal a los ojos del público es un tanto más laxo de lo que en un principio se sugirió tanto en materia de exigencias como temporalmente. En casos excepcionales, que seguramente no lo serán tanto, los plazos se estiran hasta un semestre. De tal suerte que algunos reclamos, en especial por parte de las cajas de ahorros, han sido escuchados con holgura.

En cuanto a algunos aspectos clave de esta operación de imagen del Gobierno, como la definición de capital principal, se han aclarado pero sólo parcialmente. En los criterios de solvencia comúnmente conocidos como Basilea III no existe el concepto de capital principal. Existe el concepto de capital básico de un lado, el de capital básico de Nivel 1 (Tier 1), y el de capital total. El capital principal de acuerdo con el real decreto 2/2011 es equiparable al capital de nivel 1 de Basilea III, aunque con algunas salvedades que quedan pendientes de aclarar seguramente con la reglamentación que haga el Banco de España.

Uno de los elementos que queda en la oscuridad y que es mencionado en un excesivamente extenso preámbulo de Condiciones Generales es el colchón de capital de conservación, que Basilea III define como el 2,5% de los activos ponderados por el riesgo y que se suma a los requisitos de capital respecto de los activos ponderados por el riesgo. Para Basilea III el capital de Nivel 1 (capital principal en terminología de Mineco) debe ser de al menos el 6% de los activos ponderados por riesgo más el 2,5% del colchón de capital de conservación, de forma de que el total dotado sea del 8,5%. No queda claro si en el caso de España el 8% al que hace referencia el decreto incluye o no el 2,5% señalado.

Hay otros elementos que se incluyen en el capital principal de acuerdo con el decreto que parecen más propios de la definición de capital total de Basilea III. Respecto del capital total, tanto en Basilea II como en Basilea III, es decir antes, ahora y después, el capital total respecto de los activos ponderados por riesgo debe ser del 8%. Pero ese es el nivel que se debe tener ahora, sin decreto, y siempre de acuerdo con el Comité de Supervisión Bancaria del Banco de Pagos Internacionales (BPI). La admisión de las participaciones minoritarias, tanto en entidades financieras filiales y por lo tanto consolidadas, como en las no consolidadas se admiten en BIII con ciertas deducciones.
Existe por otra parte una escala de deducciones establecida para una serie de activos e inversiones que en el acuerdo se escalona en el tiempo. Se puede argumentar que este nivel de detalle no es para que los legos analicen y que por lo tanto en un decreto ley no tienen por que especificarse más allá de lo que se ha hecho en el Boletín Oficial del 19 de febrero de 2011. Pero existe la suspicacia entre los medios especializados de que se presente una supuesta liquidez por decreto para el conjunto del sistema financiero español que en el fondo lo que oculta es la existencia de problemas reales entre algunos bancos o cajas de ahorros que no podrán cumplir con esos criterios que prima facie son bastante más elásticos en apariencia que lo que se anunció. Así las cosas, la pregunta central es por qué operar por esta vía. Es decir, diluir algunos problemas específicos en una sopa esencial. El manido argumento de los “mercados” no es operativo, aun cuando queda a la vista que toda esta operación está dirigida a ellos.

Los mercados no consideran que toda la banca española esté en riesgo. Por el contrario, consideran que hay problemas específicos, pero que hay riesgos de contrapartida. Es decir, que hay cajas y bancos que pueden tener cierto grado de dificultad y que si quiebran atraparán a otros. Desde este punto de vista la lógica era diseñar un modelo de intervención tras una aproximación discreta del regulador que daría un tiempo de resolución breve a la entidad afectada. Si la entidad no era capaz de solventar su situación se la intervenía, se la saneaba y se la vendía.

Entretanto, dentro de España se acoplaban los requerimientos de capital al proceso de Basilea en los plazos que el acuerdo internacional tiene previsto. Con esta forma de proceder se podría haber diseñado un modelo de transición para transformar el régimen jurídico de las cajas de ahorros con una negociación bilateral específica. Queda claro, no sólo para los observadores españoles, sino para los extranjeros, que el problema de algunas cajas de ahorros no ha sido un problema de escasez de capital sino de gestión liberal del riesgo, muchas veces por imperativos políticos regionales. No es que esas cajas tuviesen poco capital. Es que desatendieron los principios elementales de prudencia en el crédito, y se excedieron de forma tal que su capital ha quedado pequeño respecto de los activos ponderados por riesgo.

Otra cosa muy distinta es el problema del acceso al capital por parte de las cajas y cooperativas. Y este era un tema a debatir en otros términos, no a caballo de la crisis en la que algunas cajas puedan estar sumidas. Desde este punto de vista la transformación forzosa de las cajas en bancos, siguiendo el modelo italiano que desde luego fue más paulatino, se presenta como una operación oportunista. La sensación que queda es que al socaire de una crisis larvada en algunas entidades de crédito, mayormente cajas de ahorro, se hace una reforma precipitada que pretende diluir la existencia del problema en un conjunto de medidas de solvencia por decreto y transformación del sistema financiero. Y esto puede a la postre ser o mucho o muy poco, con el agravante de que algunos casos problema, que se han hecho crónicos, se arrastren más de lo recomendable y ocasione perjuicios a todos. Habrá que esperar al 26 de marzo para saber cómo y con qué celeridad se atacarán los casos problema, de acuerdo con el calendario del real decreto. Entretanto, cabe la posibilidad de que los “mercados” no vean claros los mecanismos instrumentados en España.

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