edición: 2328 , Lunes, 23 octubre 2017
19/05/2015
Más regulación todavía

La gran banca comienza a tomar medidas en previsión de la próxima crisis

Cuentan con que los reguladores lancen señales de alerta antes de que estalle otra burbuja
Juan José González
Un documento presentado en el pasado Foro económico de Davos, celebrado en enero, parece que se ha convertido en el libro de cabecera de los responsables bancarios del mundo. Una de las reuniones que, según declaraciones de los asistentes con posterioridad a la cumbre consideraron como de las más fructíferas de los últimos años. Quizás por el contenido, o por la calidad de algunas reflexiones o, porque, en realidad se trataron los temas de mayor urgencia, de Davos ha surgido la primera preocupación de una veintena de banqueros que ven cada vez más cerca una próxima gran crisis. De ahí que la cumbre haya sido tan productiva como que, desde entonces, las grandes organizaciones bancarias se hayan movilizado para implicar a los reguladores, a los que se pretende convertir en guardianes del sistema y evitar futuros crash. El término clave que puede resumir la nueva estrategia del sector bancario es "regulación macroprudencial", entendido este como un sistema de medidas destinadas a prevenir y limitar los riesgos sistémicos, y que en la práctica se va a traducir, como ya sucede en la actualidad, en un incremento de la intervención de las autoridades políticas en la regulación de la actividad bancaria.
Es razonable la intención de los banqueros porque se trata de evitar las prácticas financieras que causaron el último crash. Como también es razonable entender con los responsables bancarios que ahora los peligros existentes son de igual o mayor magnitud que los que dieron origen al último estallido de la burbuja. Peligro latente en tanto en cuanto no parece haber por el momento soluciones para el tratamiento de las burbujas.

Así que, entretanto se da con la terapia adecuada, el sector se moviliza en la dirección que le parece más adecuada, como es implicar al regulador en las tareas de prevención y de limitación de los riesgos. Se sabe que, como confirma el informe de los responsables bancarios, hay que actuar con transparencia en el mercado de derivados, poner límite al endeudamiento con el establecimiento de una ratio de referencia y evitar la llamada banca a la sombra. Medidas todas ellas sobre las que parece existir un amplio consenso, un acuerdo entre los grandes grupos financieros.

Pero también, y al mismo tiempo, se reclama un mayor control regulatorio para dar estabilidad al sistema y evitar algunos de los efectos negativos sobre la economía como los ya conocidos en la última crisis. Al mismo tiempo, se advierte que la "producción" legislativa que debe servir al objetivo de prevención de riesgos, deberá contar con la prudencia del legislador así como del autocontrol de los propios poderes políticos en su aplicación. Y así, al final, todo parece que vaya a depender de la mayor o menor fortuna, del acierto o del fallo en la actuación de los políticos, encargados de aplicar las normas de la regulación macroprudencial que se pretende.

La defensa de la regulación macroprudencial que reclaman los grandes grupos financieros, ya parece que está empezando a surtir los primeros efectos, al menos en Europa, donde el Banco Central Europeo, la Autoridad Bancaria Europea y la Comisión Europea, muestran una actividad reguladora sin precedentes, con demandas casi a diario de nuevas obligaciones de información y control de operaciones. En la misma dirección hay que situar las últimas iniciativas del BCE en su deseo de ejercer la vigilancia a los bancos desde dentro, sentando a representantes del Mecanismo Único de Supervisión (MUS) en los consejos de administración (en calidad de observador). Esta última iniciativa, parece haber despertado entre algunos de los responsables bancarios, más activos en esa demanda de "regulación macroprudencial", alguna señal de arrepentimiento.

Es llamativo el hecho de que ninguno de los bancos firmantes del documento para promover esas medidas anticrisis sea español, algo que puede ser interpretado como una falta de interés por los riesgos futuros, o como la convicción de que no existen riesgos (o no los detectan) que muevan a la preocupación. La ausencia es más llamativa, si cabe, porque la chispa que provocó la explosión de la burbuja, procedente del mercado inmobiliario -que en España es algo más que un sector- vuelve a cobrar una actividad y volumen que con el tiempo, y sin nueva regulación, puede repetir los viejos efectos ya conocidos. Aunque en esta ocasión, la banca ya parece estar preparada y preocupada.

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