edición: 2804 , Lunes, 16 septiembre 2019
18/03/2015
LA OREJA DE LARRAZ

Las deudas del finado o del heredero y la tributación incrementan el número de renuncias a la herencia

Javier Ardalán
La tributación fiscal y las deudas hipotecarias o crediticias son los principales motivos que llevan a cada vez un número mayor de personas a decidir renunciar a una herencia. En Cataluña, la cifra se ha incrementado un 195% desde el inicio de la crisis, pasando de 2.487 renuncias en el año 2007 a las 7.349 del año 2014. Esto supone que casi se han triplicado en los últimos ocho años.
En el año 2013, en España se hicieron 29.091 renuncias a herencias, lo que supone un incremento del 21% respecto el año anterior, en el que se hicieron 23.965. Cataluña es, en términos absolutos, la Comunidad Autónoma con un mayor número de renuncias a herencias, que en el año 2013 supusieron un 24% del total de renuncias en España, donde se hicieron 28.796. Le siguen Andalucía (con 4.809 renuncias, un 17% del total), Madrid (3.098 renuncias, 11% del total) y la Comunidad Valenciana (2.490 renuncias, 8’5% del total).

El caso más común suele ser el del fallecido que compró una vivienda en 2006 que costaba 200.000 euros. Para ello firmó una hipoteca de 140.000. Ahora esa vivienda ya no vale el precio inicial, porque éste se ha desplomado hasta los 70.000 y la cantidad pendiente de amortizar está por encima de esa cantidad, lo que lleva a que los herederos renuncien a la herencia.

También suele darse cuando entre hermanos no aceptan avalarse, puesto que cuando un padre avalar a alguno de sus hijos, al considerar que se encuentra en peor posición económica para que pueda comprar una vivienda, al fallecer, el afianzamiento de la deuda lo heredan todos los hermanos, lo que genera muchas tensiones y en no pocas ocasiones la renuncia a la herencia.

Y hay otro caso, en el que la herencia es importante, pero el hijo es un heredero insolvente, que tiene sus bienes embargados y que desiste de la herencia porque puede ser objeto de ejecución su deuda, lo que supone que sean sus hijos, los nietos del finado los que finalmente heredan, sin perder ni un euro en favor de los acreedores del padre.

La figura de la aceptación a beneficio de inventario permite sortear el riesgo de una herencia envenenada. El beneficiario acepta con la condición de que el activo sea superior al pasivo. De ese modo, no se hará cargo de las deudas más que hasta donde cubran los bienes de la herencia. La responsabilidad queda así limitada y el heredero en ningún caso responde con sus bienes a las deudas de la herencia.

Para renunciar a una herencia es necesario formalizarla en escritura pública. Si las razones para hacerlo son las deudas del fallecido se puede aceptar la herencia “a beneficio de inventario”. El heredero, así, sólo responde de las deudas con lo que heredaría, y nunca con su propio patrimonio.

La tributación de las herencias en las distintas comunidades autónomas es una razón importante, puesto que depende de factores como el valor de los bienes que se recibe, el parentesco con el fallecido y el patrimonio previo del que hereda, puesto que cuanto más patrimonio, más caro resulta heredar.

Por otra parte, el dinero y los bienes con los que se queda el Ejecutivo gallego están libres de impuestos y deben destinarse a actividades sociales y culturales, principalmente en el lugar de residencia del fallecido. Las llamadas cuentas de abintestatos han supuesto unos ingresos extras para las arcas de la Administración gallega desde el año 2005 de casi 3,5 millones de euros, según datos facilitados por el Ministerio de Hacienda.

Según el balance de las cuentas de abintestatos de la última década, en el conjunto del país se quedó en manos de las Administraciones Públicas un total de 998 herencias con un valor neto de estos caudales -es decir, descontando los gastos y las deudas de los causantes- de 76,77 millones.

Madrid está a la cabeza en lo que a ingresos por herencias abandonadas se refiere, con 24,25 millones de euros de un total de 137 herencias abandonadas. Le sigue muy de lejos Castilla y León (9,4 millones en 105 herencias), País Vasco (8,4 millones en 76 testamentos) y Andalucía (7,9 millones en 229 cuentas). Casi a la par están Baleares (3,9 millones), Cataluña (3,7 millones) y Galicia (casi 3,5 millones). En el extremo opuesto de la lista se encuentran Navarra y Murcia, con un valor patrimonial de apenas 358.900 y 435.560 euros, respectivamente, según las cifras de Hacienda.

Hace unos días, la Xunta de Galicia anunció que en los últimos diez años, la Administración autonómica se ha hecho con un total de 39 herencias, bien porque los fallecidos no tenían familia o porque no habían dejado testamento para el reparto de su patrimonio.

El testamento, que recoge la voluntad de una persona sobre cómo han de repartirse sus bienes cuando fallece, se realizó más de 600.000 veces en 2013 y en 300.000 entre enero y junio de 2014.

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