edición: 2861 , Jueves, 5 diciembre 2019
30/11/2010

Repsol avanza, Eskenazy se atasca ¿y Bridas?

Carlos Schwartz
El jueves 25 de noviembre a las 15.30 se inició la reunión de directorio de la petrolera argentina YPF en la cual Repsol tiene una participación del 84%, mientras que su socio argentino, el Grupo Petersen, tiene el 15,46%. Este último grupo que representa los intereses de la familia Eskenazy, con el patriarca Enrique a la cabeza, tiene una opción de compra sobre acciones de YPF para llegar hasta el 25% del capital de la sociedad, la opción tiene validez hasta el 2012. Con un breve retraso, la reunión fue un mero trámite, debía dar su respaldo a la decisión de Repsol de registrar un folleto ante la Securities and Exchange Commission (SEC) de los Estados Unidos, el formulario F3, que permitirá negociar la venta de acciones sin limitación hasta un 15% del capital de YPF. El Grupo Petersen, por boca de Sebastián Eskenazy, vicepresidente de YPF, anunció en junio pasado la inminencia de un incremento de su participación en la petrolera argentina. Pero de entonces a ahora no ha pasado nada en ese frente, y los comentarios en círculos financieros de Argentina son que al Grupo Petersen le está resultando difícil obtener financiación para asaltar el 10% de su opción de compra que sigue flotando en el limbo.

No es menos cierto que Repsol daba por descontada la posibilidad de hacer caja a finales del verano con una participación de entre el 10% y el 15% cuya colocación no se materializó a último momento, de acuerdo con fuentes próximas al consejo de YPF. Repsol esperaba a estas alturas haber aligerado su cartera de títulos en Argentina, pero ha debido recurrir ahora a la colocación de un paquete del 15% de forma fragmentaria ya que no tiene a la vista a ningún comprador por el total de los 58,9 millones de acciones cuya venta viene de anunciar. Por otra parte, no podría hacer una venta en bloque, habida cuenta de que el Grupo Petersen tiene una opción de compra prioritaria de hasta el 10% y por lo tanto, salvo que medie una negociación específica si apareciera un interesado por el 15%, cerrar la operación quedaría sujeto a un acuerdo nada fácil. Una cosa es no tener liquidez, y otra muy distinta renunciar a una opción de compra prioritaria.

Menos dudas y contramarchas ha mostrado la china National Offshore Oil Company (CNOOC) que anunció el fin de semana pasado la compra junto con su socio Carlos Bulgheroni a British Petroleum del 60% que no poseen de Pan American Energy Llc. La compra es por un importe de 7.000 millones de dólares pagados a partes iguales por CNOOC y Bulgheroni a través del vehículo conjunto denominado Grupo Bridas en el cual CNOOC entró recientemente. Pan American Energy es el principal exportador de crudo de Argentina, y ha incrementado fuertemente la producción, y aunque sigue siendo la segunda petrolera del país después de YPF, al revés que esta última incrementa sus reservas por la reinversión en exploración. Esa política les ha permitido incrementar producción en un 70%, lo que no es el caso de Repsol.

La operación de Bridas sobre el 60% de Pan American ha sido una contribución imprevista para la estrategia de Repsol, al menos en precio. Sin embargo, también es un reflejo de los tropiezos que la propia Repsol ha tenido en sus intentos de vender una participación en YPF a diversas empresas chinas a lo largo de 2009. Porque han sido verdaderos traspiés los que han impedido vender una tajada de YPF a los postores chinos. Como se ve, la necesidad tiene cara de hereje, y BP decidió achicar las pérdidas ocasionadas por la fuga de crudo en aguas estadounidenses y se ha largado a vender activos que no considera estratégicos. La pregunta de fondo sigue siendo si Bridas, ahora propietaria del 100% de Pan American Energy, no aspira estratégicamente a comprar una participación mayoritaria en YPF. Pese a que Bulgheroni no es un santo de la devoción de la presidencia del gobierno argentino, sería una forma de “argentinizar” YPF ’malgré tout’.

Repsol desde luego, y su socio Sacyr se han visto muy aliviados por la mejoría de los márgenes en Argentina de YPF tras prosperar en Buenos Aires hace ya un año las gestiones de los socios argentinos de la empresa con el Gobierno de la presidente Cristina Fernández. YPF obtuvo una recomposición de sus márgenes gracias a incrementos de precios en productos tras varios años de bloqueo. La generación de ingresos en Argentina, donde la junta de accionistas el año pasado debió aprobar un dividendo basado en deuda para ayudar a los accionistas más agobiados, Sacyr y Petersen, ha sido un verdadero cambio de tendencia. De entonces a ahora la situación de los ingresos de YPF ha mejorado significativamente a expensas de que el Gobierno ha abierto la mano permitiendo incrementos de precios en productos que ayudaron significativamente a la recomposición de los márgenes de la empresa. Pese a esta mejoría, las expectativas de colocar en la bolsa argentina hasta un 20% del capital de YPF ha quedado en el limbo.

El sorpresivo acuerdo con la china Sinopec a finales de septiembre pasado que invirtió 7.100 millones de dólares en un 17% de Repsol Brasil ha generado una posición de comodidad para la petrolera y un fuerte alivio para el socio más dolido, Sacyr, cuya necesidad de hacer caja con la inversión en Argentina se ha relajado pero no se ha disipado. Con una carga de deuda de poco más de 11.000 millones de euros y una carga de trabajo equivalente a 33 meses, el panorama de Sacyr e depende de hacer caja. La empresa ha anunciado una ampliación de capital de 400 millones de euros, asesorada por Lazard y Mediobanca, que afirman está suscripta en casi un 80% “por nuevos socios” según fuentes financieras. El objetivo de la ampliación es reducir la carga de deuda corporativa que ronda los 600 millones. El objetivo estratégico en cualquier caso es la refinanciación de la deuda que soporta la participación del 20% en Repsol. Lo que está claro es que si la empresa logra cerrar con bien su ampliación de capital de aquí a enero, el presidente de la empresa podría volver a la carga en su intento de derribar al presidente de Repsol, Antoni Brufau, un objetivo en el que hasta ahora y tras varios asaltos, ha fracasado.

El problema para del Rivero ha sido el progresivo afianzamiento de Brufau en la presidencia de Repsol con las sucesivas operaciones de 2010, en especial con la colocación del 17% de la filial en Brasil, donde por otra parte las perspectivas de prospecciones exitosas no son ficción. La cuenca petrolera en la que tiene concesiones la empresa española es la que convertirá a Brasil en un país exportador de petróleo. Esta operación ha supuesto mezclar la baraja de nuevo, lo cual no implica jugar con cartas nuevas, pero no cabe duda que las cartas han quedado colocadas en posiciones distintas que antes.

Si se tiene en cuenta que una de las principales operaciones en las que está embarcada la división de obras públicas de Sacyr es la ampliación del canal de Panamá, y que estas obras cuentan con un estrecho margen, habrá que estudiar cómo evolucionan las cuentas de la constructora, no sea que la presidencia cuestionada sea otra. Claro que siempre existe la posibilidad de que haya un acuerdo con el Gobierno de Panamá para facturar por separado los mayores costes no previstos en la oferta inicial, costumbre muy arraigada en España y que tiene cierto sentido en las obras públicas.

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