edición: 2351 , Viernes, 24 noviembre 2017
15/04/2009
OBSERVATORIO LATINOAMERICANO

Repsol , el 'caballero blanco' de las relaciones petroleras entre Cuba y EEUU

La Habana tiende la mano a las multinacionales estadounidenses
Zona Económica Exclusiva cubana
Ana Zarzuela

Enseña el fruto hasta ahora prohibido. La Habana busca crudo para fortalecer su posición estratégica, cuadruplicar su producción y zafarse del cordón umbilical de los 95.000 millones de barriles anuales que Hugo Chávez les vende. Ya no oculta que necesita con urgencia nuevos aliados para sacarlo del fondo del mar. La línea roja de la exploración off shore en la Zona Económica Exclusiva (ZEE) la pasará, antes de nadie, en menos de dos meses, la española. Por eso Raúl Castro da cuerda a las inversiones con el reloj de Brufau. Es el propio ministro cubano de Industrias básicas el que por primera vez en 47 años invita a EE UU a flexibilizar el embargo y a dejar aterrizar a las empresas estadounidenses y sus inversiones en la Zona Económica Exclusiva (ZEE) cubana. Según fuentes solventes, Cuba baraja ya incluso como mal menor alianzas o inyecciones de inversión a través de las grietas de las petroleras europeas -las más cercanas- por si Obama no abre la mano.  Están dispuestos a la manga ancha en las rivalidades con los dólares petroleros. Cuando Repsol YPF comience a beber del crudo del Golfo cubano, dentro de dos meses, la Habana quiere tener a mano la consumación de nuevas alianzas, haberle puesto apellidos -aunque sea de los aliados chinos, rusos y angoleños- al menos a la mitad de la veintena de bloques por otorgar y haberle abierto el apetito y las reformas diplomáticas a Washington. Los avances de la petrolera española son su ariete y, si el ‘plan B’ se impone, estarían dispuestos a que fuera también el ‘caballero blanco’ o el puente para una nueva relación de La Habana con las multinacionales estadounidenses.

El paso a dos entre la compañía que preside Antoni Brufau y los Castro se ha bailado al compás de la paciencia y las expectativas. Repsol pasó por la puerta de los Castro y por la gatera de las exploraciones sin resultado desde 2004, lo justo como para hacerse con la pole del crudo hasta ahora más exclusivo de la región, el de los 112.000 km2 de aguas profundas cubanas del Golfo de México. Hoy tiene en su mano seis de los 21 bloques activos de la ZEE cubana, con 11.200 kilómetros cuadrados, pero sobre todo, el acceso a partir del mes de junio a las primeras perforaciones de explotación. Una frontera que no han podido traspasar ni las promesas de Pdvsa, ni los planes estrenados apenas hace un año por parte de Petrobras en uno solo de los bloques, ni las inversiones de Petrovietnam, o el bloque que la india OVL acaba de adjudicarse.  Todos los astros del ‘ahora o nunca’ de la energía cubana se alinearán este trimestre, la fecha prevista para que comiencen -en manos de las multinacionales asociadas- la explotación de gas y petróleo en aguas profundas, tan cerca de la costa estadounidense como para que retumben los cimientos de la política cubana de la Casa Blanca. Para empezar, serán los yacimientos a 20 millas de la costa, -los que explota Repsol en colaboración con Norks-Hydro (Noruega) y ONGC (India)- los que prometen emanar buenas nuevas.

El Golfo de México promete ser el catalizador de las tentaciones y las relaciones entre Obama y los Castro. Con cada descubrimiento en las latitudes estadounidenses del Golfo- y van cuatro este año-  aceleran las aguas profundas cubanas. Las exploraciones de Repsol YPF en Cuba están despertando el interés de las poderosas petroleras norteamericanas, dispuestas a presionar a su Administración para que suavice el embargo contra Cuba y poder participar así en un suculento negocio. El melón está ya abierto sobre la mesa de la Casa Blanca que  ve cómo Cuba acelera el paso a un tiro de piedra de sus aguas, blindadas a la exploración. Aunque el Servicio Geológico de EE UU reduce de 20.000 (la cifra cubana) a 5.000 millones de barriles las reservas cubanas en costas afuera, serían suficientes para suplir durante tres años las necesidades de crudo estadounidenses.

En Washington saben que el rastro de los anuncios de Brufau será sólo el principio, esperan tener en marcha ocho prospecciones en aguas ultraprofundas en menos de tres años. El crudo que ahora se explota se halla en la mitad norte de la Isla, en la franja de crudos pesados, lejos del horizonte de la ZEE. En este momento, Cuba se conforma con seguir produciendo los mismos volúmenes que extrajo en 2008 -ocho veces más que en 1991- que le sirven para cubrir el 50% de las necesidades del país. Pero ni el estreno de Cupet desde hace dos meses por mostrar que puede hacer exploraciones horizontales con sus propios medios, ni las promesas de Hugo Chávez, que reedita de nuevo los planes para la refinería Cienfuegos y sus 150.000 barriles diarios pueden espantar la expectativa y las urgencias de la Zona Económica Exclusiva.

Por eso los Castro buscan socios e inversiones. Hay prisas. No es casualidad que el único periplo exterior del presidente cubano tras Venezuela y Brasil haya seguido la senda de los hidrocarburos: volvía de Argelia con promesas de gas, de Angola -el viejo aliado y segundo exportador de petróleo de África- con acuerdos de importación y exploración y con la promesa de la  angoleña Sonangol de hacerse con hasta cinco bloques de la ZEE. La Habana se ha atrevido a comenzar en solitario este mes su primera experiencia de explotación horizontal de petróleo sin socios y a enseñarle la puerta de salida a Pebercan, que tenía un contrato vigente hasta 2018- aún a costa de desembolsar 140 millones de dólares en efectivo-  y a Sherrit, a la par que abre de par en par todas las puertas al consocio petrolero ruso formado por Rosneft, Gazprom, Lukoil, Surgutneftegaz y TNK-BP. A cambio de ayuda económica -estimada en unos 15 millones de euros, la mayoría en créditos para compra de material ruso-, Medvedev y Putin toman posiciones en los sectores clave de la isla, adelantándose a cualquier hipotético cambio de postura de la Administración Obama. Cupet recoge las promesas de China National Petroleum Corporation (CNPC), la mas importante compania petrolera del pais asiatico, Y hasta tienta a la argentina Enarsa para un proyecto gasífero y dos petroleros en la costa cerca de La Habana -hasta ahora abiertos a capitales chinos y canadienses- y ha abierto ya la puerta a que algunas de las empresas que prestan servicios de explotación y exploración de pozos petroleros en Argentina puedan ser contratistas de proyectos en Cuba.

Cuba arropa los caminos caribeños de Brufau. Pero mira a Brasilia, a Buenos Aires, a Pekín, a Moscú, a Caracas. Y, sobre todo, con la reactivación de la ZEE, son Washington y La Habana los que se comienzan a cruzar las miradas y las espadas. Por primera vez, con la salida de Pérez Roque, la dialéctica comercial de los Castro ha abierto la puerta a las inversiones y las prospecciones estadounidenses, aunque sean con apellidos prestados. Y viceversa: las líneas rojas del embargo, las fronteras a la participación energética y la moratoria a las exploraciones en las aguas de la Florida tiemblan con cada paso de la carrera petrolera cubana. Raúl Castro jura que pronto convertirá a la Isla en exportadora de petróleo. Se lo recuerda de nuevo Cuba Petróleo (Cupet) al inquilino de la Casa Blanca y a las empresas del vecino del Norte: a la luz de las buenas perspectivas de encontrar petróleo en aguas profundas de su Zona Económica Exclusiva (ZEE) en el Golfo de México, Estados Unidos  "está perdiendo" oportunidades en la isla. Y la Habana- aunque no lo reconozcan los Castro- inversiones y acceso a la veintena de bloques de la ZEE aún sin dueño. Algo que ni las zozobras de su balanza comercial, ni la factura de millones de dólares al año con Caracas ni las pretensiones de colgarse los galones de exportador mundial de hidrocarburos le permiten.

ANZUELOS  NORTEAMERICANOS

La Habana busca saltar todas sus fronteras: a medida que desenvuelve el caramelo cubano a los ojos de EE UU golpea la política energética y exterior de Obama. Ambas orillas comienzan a rendirse a lo inevitable. Cuba explorará, pero no puede zambullirse sola en sus aguas profundas y Washington no quiere perder el paso. Cuba mira de reojo a PEMEX, no quiere arriesgarse a perder la batalla por el Golfo de México a manos de las grandes petroleras estadounidenses. La azteca se arriesga al fuera de juego Shell y Stone Energy, que esperan completar el proyecto de Perdido en 2010, concesionarias de los campos Trident y Hammerhead del lado estadounidense y que forman parte de la misma estructura que México comparte en esa región limítrofe. Y de Chevron, que obtendrá desde este mismo año más de 130.000 barriles diarios.

Las exploraciones a escasas millas de Cayo Hueso hacen retumbar  la moratoria que impide realizar perforaciones en los límites marítimos de la Florida al menos hasta el 2010. El tratado marítimo fue firmado durante la presidencia de Jimmy Carter y fija una línea de 300 millas, equidistante de los territorios de Cuba y Estados Unidos. Sin embargo, nunca fue ratificado por el Senado y se mantiene activo desde entonces mediante el intercambio de cartas diplomáticas cada dos años. Ya pusieron en cuestión las líneas rojas del embargo desde la Cámara de Comercio estadounidense a la Fundación Nacional Cubano-americana, el Cuba Study Group y el Consejo Nacional del Comercio Estadounidense. Raúl Castro hace ondear  a los ojos de Obama el interés ruso: ni el Kremlin ni Gazprom ocultan su voluntad de convertirse en el primer socio energético cubano y el consorcio de las cinco grandes petroleras, unidas para la ocasión, están a punto de arrendar hasta 15 bloques que abarcan una superficie de 40.000 kilómetros cuadrados para realizar labores de exploración en las aguas cubanas del Golfo de México. Pero sus ambiciones se respiran aún a medio plazo.

LA LLAVE DE REPSOL

Con  acceso a explotaciones inalcanzables para Washington como las cubanas, la mano de PEMEX en su accionariado, años de experiencia en Latinoamérica y hegemonía en los principales productores de la región -Ecuador, Bolivia y Venezuela- se hace fuerte en el tablero energético de Obama. Con La Habana, Antonio Brufau cruza los dedos. Los de la diplomacia parecen más relajados que en 2005 cuando comenzó la exploración; los de las urgencias de los hermanos Castro y los números de Cupet necesitan más crudo sobre la mesa; los de los planes y la competencia. Y los de la paciencia ya hace mucho que están atados. Repsol busca su sitio en un terreno acotado por la necesidad, las limitaciones técnicas y las promesas de los yacimientos; una isla ebria de delirios energéticos, alimentados por los petrodólares bolivarianos, que busca elevar su capacidad de refinación a 350.000 barriles diarios en 2012 ó 2013.

No es sólo UBS la que descuenta que Repsol ganaría 1.700 millones de dólares (1.395 millones de euros) en el corto plazo cuando comience la explotación de las aguas profundas de Cuba. Realizó estudios físicos y perforaciones en la zona hace casi cinco años, gracias a los cuales se llegó a la conclusión de que había petróleo de buenas condiciones, pero en cantidades no comerciales, en aguas situadas a kilómetro y medio de profundidad. Este año le corresponde la perforación para comprobar y validar la existencia del petróleo. Eso, después, implicaría dos o tres años para poder consolidar la estructura, y evaluar y desarrollar los campos que se vayan encontrando, por lo que la comercialización podría demorarse hasta 2011.

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