edición: 2861 , Jueves, 5 diciembre 2019
03/11/2008

Repsol, lista para la ‘ranchera’ a la mesa de PEMEX

En el ajedrez latinoamericano mueve los alfiles de México, Perú y Brasil para compensar los jaques de Bolivia y Ecuador
Ana Zarzuela

Peina el viento del miedo ecuatoriano, ahora que Correa se empeña en escenificar otro paso de la yenka del chantaje; y estrena un matrimonio de conveniencia con el estado boliviano en Andina. En el ajedrez latinoamericano, la miel en los labios de la prudencia vive para la petrolera española en Brasil, se entrega al baile de los descubrimientos en Perú y cruza los dedos en las aguas cubanas del Golfo de México. Pero es México el que antes compensará las zozobras latinoamericanas de Brufau, ahora que la prometida reforma energética está cocinada por el Ejecutivo, servida por el Congreso y lista para ser saboreada.

No va más para Pemex, motor de su economía -nutre el 35% de los ingresos-, pero también arma arrojadiza del nacionalismo patrio desde que en 1938 la estatalizó Lázaro Cárdenas. Con Repsol en cabeza, -gracias a una tradición de contratos conjuntos, el antecedente de la Cuenca de Burgos y un 4,9% de su accionariado en manos de la azteca- y Petrobrás arañando posiciones, las multinacionales aguardan ya, llamadas a comer en el pastel energético. Será si López Obrador no lo impide. Promete ir, una a una, a todas las empresas a desplegar su boicot. Lo de Repsol es una obsesión. La nueva refinería y la concesión de 115 bloques en aguas profundas serán la prueba del nueve de su sintonía. Brufau no está solo: Calderón se desvive por reacomodar el ‘refugio’ azteca para las energéticas. La alianza con Inbursa y la compra de FENOSA le despejan a Gas Natural sus galones de primer distribuidor de gas.

Brufau está en condiciones de hacer valer su buena sintonía con el director de Petróleos de México (PEMEX), Jesús Reyes Heroles, con el secretario de la Gobernación, Juan Camilo Mouriño. Y con el propio presidente Felipe Calderón, que, mucho antes de llegar al Palacio de los Pinos, cuando llevaba las riendas de la Secretaría de Estado de Energía, no dudó en estrechar los lazos comerciales con Repsol y asignarle contratos con Petróleos de México en 2003, una sintonía que ha permitido consumar la firma de un contrato con la Comisión Federal de Electricidad para la compra a Repsol de gas por 26.000 millones de dólares -el que la española transporta desde los yacimientos peruanos de Camisea-, que le aportará beneficios de 18.000 millones de dólares.

“Tan lejos de Dios y tan cerca de los EE UU”, México encaja la gripe de la pulmonía norteamericana. Petróleos de México tiene la suya, la que la lleva a llamar a los inversores internacionales por la puerta de una reforma que va más lejos que la de los negocios auxiliares. La petrolera se enfrenta a tiempos oscuros, jalonados por el trinomio de la disminución de sus reservas, el descenso en la producción y la impotencia para abrir nuevas prospecciones y campos. La producción bajó un 5,4% y las exportaciones un 6% en los últimos doce meses. Sólo los precios internacionales durante el primer semestre le permitirán en 2008 a México obtener ingresos (récord) de 52.000 millones de dólares por la venta.  Camina condenada a ser el ´paganini´ de las facturas del estado, a cargar a sus espaldas el peso de las arcas públicas; da empleo a más de 100,000 personas y se encuentra en una situación crítica: al cierre de 2007 tenía una deuda de 6.000 millones de euros y un pasivo acumulado de 37.000 millones. A pesar de los históricos precios del crudo, reportó pérdidas de 1.500 millones de dólares en 2007. Y es que entregó el 80% de los 100.000 millones de dólares de sus ingresos al gobierno federal.

La fórmula de la reinvención aguarda, negro sobre blanco, para la mayor empresa mexicana, nacionalizada hace 70 años, pero convertida ahora en un paquidermo que enferma al mismo país al que alimenta. La suya es la historia de un renacer a sangre y fuego que cuenta ahora con el visto bueno de la propia empresa, del FMI y de un 55% de los mexicanos, que prometen apuntarse a sus ´bonos ciudadanos´. Será ahora o nunca si quiere salvar a PEMEX de la esquizofrenia petrolera mexicana: la buena noticia es que hay petróleo; la mala es que la mayoría está a más de 9.000 metros de profundidad. Petróleos de México produce 3,2 millones de barriles diarios pero que en los últimos tres años ha pasado del sexto al undécimo lugar en el mundo por el gradual descenso de su producción y de no encontrar petróleo ahora, podría dejar de ser un exportador en los próximos cinco o siete años. A pesar de su probada rentabilidad, la escasa o nula inversión y la elevada carga fiscal lastran los pasos de la novena compañía de crudo y gas del mundo. Ya hace más de seis meses que la Confederación de Cámaras Industriales le ha puesto fecha a las fronteras de la hidalguía energética mexicana: sin reforma energética, ni inversiones en exploración, perforación y extracción de hidrocarburos, a las reservas mexicanas no les quedan más de nueve años antes de la extinción. La reforma dará más autonomía operativa a Pemex, reducirá sus impuestos y le permitiría contratar empresas privadas -nacionales y extranjeras,- en procesos que van desde la construcción y la operación de refinerías, a la de ductos, hasta la perforación de pozos, además de acompañarla -sobre todo, en la industria secundaria o auxiliar- en servicios corporativos asociados, o en el ámbito financiero.

PEMEX no tiene tiempo que perder. Las multinacionales tampoco. Ya hace meses que aprietan su lobby, pero a la vista del fracaso en la macro-refinería centroamericana- un ambicioso proyecto de 7.000 millones que quedó huérfano de licitantes- no todos están dispuestos a seguir un viaje azteca en el que no habrá acceso directo a reservas. Repsol ya lo ha hecho. A las filas de Brufau la reforma de Petróleos de México les permite amortizar sus ganas de seguir en la región, la experiencia en aguas profundas, su presencia en el Golfo de México, su fortaleza en refinerías internacionales- uno de los aspectos que la reforma quiere potenciar con la participación de capital privado- y el lazo accionarial y de operación con la mexicana.

PEMEX posee el 4,9% de Repsol que a su vez sostiene desde hace años sustanciosos contratos de servicios múltiples en marcha, entre ellos  un contrato de CSM para la explotación de 16 bloques ricos en gas frente a las costas de Tamaulipas y la concesión para la venta de gas natural de sus yacimientos en Perú y su transporte a las instalaciones de la mexicana Comisión Federal de Electricidad (CFE) en Manzanillo. México puede convertirse en un nuevo nodo regional para una compañía con la mira ya puesta en 2012, un momento en el que, si se ejecuta la partitura de un Plan que considera “ambicioso pero realizable”, habrá duplicado su tamaño y dispondrá de un capital empleado ronde los 50.000 millones frente a una deuda financiera reducida a cero. El desembarco en una PEMEX reformada le ofrece a la compañía hispano-argentina “la previsibilidad y reglas del juego claras, un marco estable para una compañía que hace inversiones a 20 ó 30 años” que tantas veces Brufau ha pedido.

DIVERSIFICACIÓN

Repsol apunta a Rusia, no pierde de vista Oriente Medio, redobla su posición en Libia y se atreve a tirar el anzuelo en los predios de Gazprom y a mirar de reojo a Irán e Irak. Todo con tal de reducir riesgos, diversificar la producción, ahondar en aguas profundas, reponerse de la pérdida de reservas latinoamericanas -un 25% en dos años- y amortiguar los golpes de bolivarianos en Bolivia, Ecuador y Venezuela. Repsol YPF prometió no irse de ningún país de la región. No, al menos en tanto los bolivarianos no se lo dejen imposible con sus afanes nacionalizadotes y sus arremetidas impositivas. Pero a Brufau Rafael Correa y Evo Morales le están poniendo la cintura a prueba. Tanto como para situar de ahora en adelante el 55% de su negocio en países de la OCDE y acelerar la diversificación regional, un puente de plata para que la petrolera, por la vía de la desinversión en YPF, así como en otros activos del continente latinoamericano, vaya reduciendo su posicionamiento en este área de riesgo, diversifique  inversiones por toda Latinoamérica y pesque en las aguas de los yacimientos de Brasil, Camisea y la reforma de la mexicana PEMEX, que prometen darle más alegrías, a la  vista del mercado global, en el que la fortaleza del músculo de las refinerías- cada vez más caras e inasequibles para los recién llegados- y la experiencia en aguas profundas marcan las diferencias.

A Brufau le queda Perú. Planea trasladar su sede andina de Quito a Lima y se centra ahora en un proyecto que licuará 4.45 millones de toneladas anuales de gas proveniente de Camisea y venderá todo el gas resultante de GNL a Repsol para su exportación. Un proyecto que refuerza a la hispano-argentina en una de las cuencas más fructíferas del continente y sintoniza con los planes del gobierno aprista de ´gasificar´ el país para independizarse del petróleo, aumentar el consumo interno y fomentar la comercialización de gas en el mercado internacional.


EL FESTIVAL DE LAS INVERSIONES ENERGÉTICAS

A cambio de una puerta abierta a la negociación a varias velocidades con Bruselas, el presidente Calderón reacomoda el ‘refugio’ azteca para las grandes empresas españolas. Si la visita del presidente Calderón a La Moncloa en junio sirvió de bautismo oficial a las reformas legales llamadas a abrir la puerta a una intensificación de la oleada inversora española, el viaje en marcha de Fernández de la Vega -y su beneplácito a la reforma energética mexicana, a la apertura de Petróleos de México (PEMEX) y a la ley de Inversiones Extranjeras-, fue la puesta de largo de la alfombra roja que el Palacio de los Pinos teje a toda prisa para un segundo desembarco de los euros españoles en tierras mexicanas mayor aún que la de la década de los noventa. A la mesa, ya, los platos que el anfitrión ofrece a las grandes del Ibex. El contrato de fabricación de buques para PEMEX en manos de Fernández Tapia, el acuerdo para el tratamiento de las aguas de la Bahía y los contratos con el Instituto Tecnológico de Monterrey son sólo el aperitivo de un banquete en el que Calderón guarda una mesa preferente a una segunda oleada inversora de las empresas españolas, que ya son el segundo país inversor después de Estados Unidos y el número uno de la UE.

Son tiempos de ‘revolución´ energética en tierras aztecas. Y Salvador Gabarró pisa el acelerador en su apuesta estratégica por un mercado en plena ebullición, en el que el grupo español es ya el principal distribuidor de gas, el segundo operador privado de generación eléctrica y el único operador de gas y electricidad. Y busca hacerlo pescando en las aguas de los planes del presidente Calderón y de la avidez del magnate Carlos Slim por morder en el sector y hermanarse con las grandes empresas españolas. La venta del 15% de Gas Natural México por 47 millones de euros a Sinca Inbursa no sólo le permite redoblar la apuesta estratégica por un territorio en el que el año pasado hizo la mayor compra de activos eléctricos de la empresa en toda su historia, sino fortalecer su posición en un sector en plena reforma de la mano del magnate mexicano. Con la compra del 45,3% de ACS en Unión FENOSA, la gasista no sólo se convertirá en una de las principales energéticas de la UE y el primer operador de Gas Natural Licuado (GNL) en la cuenca Atlántica. Además, reposiciona su hegemonía en tierras de Felipe Calderón, donde FENOSA es ya la tercera generadora de energía eléctrica más importante de México y donde Gas Natural tiene ya las tres plantas de EDF, que cuentan en total con una capacidad de generación de energía eléctrica por aproximadamente 2,000 Megawatts (MW); adicionalmente, posee dos plantas eólicas, una en Baja California Norte y otra en Oaxaca. GN invertirá en el país por más de 470 millones de pesos este año para incrementar las redes de servicio de atención a 80.000 nuevos clientes de la empresa, lo que supone un incremento del 50% en relación a la de 2007. Armados con las ventajas de un sector energético en expansión a nivel mundial y de un servicio seguro que garantiza menores costos, descuentan mayores crecimientos en los próximos años, principalmente en la capital del país donde las expectativas son enormes y aún sólo muestra una penetración en el mercado de aproximadamente 10%.

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