edición: 2559 , Viernes, 21 septiembre 2018
24/11/2008

Repsol-Lukoil, cuestión de perspectiva

La oposición a la compra de un 30% de Repsol por la rusa Lukoil está clara; los motivos, no tanto. Especialmente enigmático ha sido Felipe González negándose a explicar su rotundo rechazo pero aclarando que no se debe a razones estratégicas ni de independencia energética, que al fin son las razones que invoca el Partido Popular y, en cierta medida, el ministro de Industria, Miguel Sebastián. En lo que nadie ha entrado es a juzgar la operación en un contexto estrictamente empresarial, quizá porque desde esa perspectiva la operación es inapelable.

Repsol pasaría a ocupar un lugar destacado por varias razones. En primer lugar, por tener acceso a unas reservas de crudo que ahora tiene limitadas y que se ha convertido en su gran reto a cinco años. Asimismo, reforzaría su posición como refinadora.

Para Lukoil las ventajas serían aun más claras porque le daría acceso a algunos mercados iberoamericanos que ahora tiene cerrados. Por no hablar de la tecnología refinadora de la española. A grandes rasgos, que Lukoil pagara una prima superior al 110% por la española es comprensible. Incluso que invirtiera en una empresa que seguiría bajo gestión española puede presentar ventajas para ellos, dado el recelo que despierta la rusa en no pocos frentes.

Pero es obvio que este es un baremo que se considera poco ante las razones geoestratégicas, las de Rusia, claro. Empeñada en convertirse en una potencia mundial en gas y petróleo mas allá de la mera producción, los recelos son mayúsculos y no son pocos los que ven en sus maniobras un intento de lograr una posición cuasi monopolística en determinadas zonas, como Europa.

En la UE se opusieron a una maniobra directa de Gazprom pero han sido menos radicales con Lukoil ante la “ficción” de que es una empresa privada. Se supone que así es porque la realidad es que no se sabe muy bien quienes son sus propietarios reales más allá de que Conoco tiene un 20%. La UE ha aprovechado esta circunstancia para no poner, en principio, pegas a la operación con Repsol. Casi lo estaban deseando porque en cierta medida les va a tapar las vergüenzas a la claudicación que han protagonizado países como Alemania, Francia o Italia frente a los rusos.

Son mayoría los que creen que la venta de Repsol afectaría a la seguridad del suministro en España, lo que no sabemos a qué seguridad se refieren puesto que España no tiene hidrocarburos y sólo “posee” los contratos de exploración y explotación firmados por Repsol. Al invocar la seguridad se apela a esos contratos y su gestión, y mucho de realidad hay en el reparo. Pero puede que esa seguridad sólo sea una minucia y lo que se presenta como una mayor dependencia de Rusia podría hasta convertirse en una ventaja. El problema es que Rusia no es de fiar y sus dirigentes políticos y empresariales, menos.

Lukoil no ha dicho hasta ahora ni pio. No ha explicado lo que busca en Repsol ni cuáles son sus intenciones. Es verdad que ambas son empresas privadas pero no es menos cierto que Repsol es una empresa estratégica para España y perder su control nos dejaría más huérfanos de lo que ahora estamos. Y eso, dando por supuesto que Lukoil no tendrá acceso a Gas Natural y FENOSA.

Pero en un contexto global que aun está por redefinir no es una cuestión baladí. Tampoco lo es que se pueda esperar a que ese contexto se redefina.

Lo que falta aquí, ahora, es transparencia. Fundamentalmente por parte de Lukoil y una explicación más clara del Gobierno ruso. Este no ha sido especialmente generoso con España, incluso podríamos decir que ha sido cicatero. Ha pedido mucho y no ha dado nada y deberían entender que los recelos tienen su fundamento. Para ellos, Repsol es sólo un peón más pero para España es su única gran empresa petrolera y nada es desdeñable. Además del peón, para Rusia Repsol tiene también importancia como refinadora y distribuidora en España, la mayor de todas. Quizá demasiadas ventajas. Puede que realmente esté intentado comprar demasiado barato a pesar de que el mercado da “poco” valor a Repsol.

Esta es una de esas ocasiones en que la intervención del Estado sería comprensible porque podría presentarse con argumentos estructurales defendibles y argumentos coyunturales admisibles -apoyo a varias empresas en medio de una crisis económica y otra financiera de gran calado-. Hay argumentos de peso a favor y en contra de Lukoil y esta debería tenerlos en cuenta y empezar a explicarse. El silencio sobrepondera en su contra.

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