edición: 2351 , Viernes, 24 noviembre 2017
07/05/2009

Repsol reacomoda sus fichas en Latinoamérica

Despliega en Brasil, Perú, Cuba, Uruguay y el Golfo de México los alfiles que salvaguarda en Argentina
Javier Aldecoa

Se lo ha dicho Antoni Brufau, en voz alta y en las espaldas de la satisfacción de Alan García, a la presidenta argentina: es Perú -el tercer país en importancia para sus planes- el que puede ofrecerle a la petrolera alta potencialidad en reservas de hidrocarburos y estabilidad, la suficiente, al menos, para invertir 500 millones de dólares anuales durante los próximos cinco años. Repsol se pone cómodo en Argentina, aunque a Brufau la paz le ha costado otra visita en persona a los Kirchner. Cristina Fernández quiere más de YPF, hace saber que le gustaría un sitio accionarial ahora que la salida a bolsa permanece aparcada. Sitio para los amigos de la Casa Rosada, ahora que las relaciones con los Eskenazi ya no son lo que eran. A cambio, prometen estar abiertos a la luz verde para que Petrobras y Repsol -a través de Refinor- puedan hacerse sitio en la carrera al biodiésel de mezcla obligatoria que despegará el 14 de mayo.

Argentina necesita doblar las importaciones, las petroleras -con Repsol en cabeza- sangran por las heridas del sector y la regulación estatal, a medida que los informes encienden las luces rojas de la energía local y que, con la marcha de Chevron, el sector dependerá aún más de ellas. Quieren más seguridad y compensaciones. A la vista de ese horizonte, Repsol se refuerza en Perú, es uno de los principales operadores del sector, con de más de 230 estaciones de servicio distribuida en casi todo el país, dueño de la Refinería de La Pampilla, la instalación de refino más importante y líder en el mercado peruano de GLP (gases licuados del petróleo); Reacomoda sus alfiles en Brasil, los pone bajo cubierto en Ecuador y Bolivia, acompasa el ritmo en Argentina y hasta se atreve con las primeras licitaciones para la exploración en la plataforma continental uruguaya, de la mano de la estatal Ancap. Las presiones, los descubrimientos -en Brasil y Perú-  y su propia partitura le acotan una nueva geografía al sur del Río Grande. Todo con tal de reducir riesgos, diversificar la producción, reponerse de la pérdida de reservas latinoamericanas -un 25% en dos años- y amortiguar los sustos bolivarianos. Sus alfiles al Sur del Río Grande siguen en pie, pero Antonio Brufau reorganiza su tablero con un ojo puesto en Obama, aunque sea con la lente bifocal del gas peruano y la de las previsiones exportadoras brasileñas mano a mano con Petrobrás.

La hispano-argentina se entrega al baile de los descubrimientos en tierras de Pizarro  -donde un gran yacimiento en Kinteroni X1 le pone a la mano casi el doble del consumo anual de gas en España -y a las aguas cubanas del Golfo de México, donde tras una primera perforación en 2004 halló depósitos de crudo y reanudará la búsqueda este año. Repsol YPF prometió no irse de ningún país de la región. Pero Rafael Correa y Evo Morales le están poniendo la cintura a prueba. Para la española hay “nubes”, a las que da aire lo que Antonio Brufau no duda en calificar como “falta de formalidad institucional”. Si la exposición en Latinoamérica en 2004 suponía el 52% de su negocio, en 2012 no pasará del 31%. Con un pie en el Golfo de México, acceso a explotaciones inalcanzables para Washington como las cubanas, la mano de PEMEX en su accionariado, años de experiencia en Latinoamérica y hegemonía en los principales productores de la región– Ecuador, Bolivia y Venezuela- Repsol YPF gana puntos a los ojos del nuevo inquilino de la Casa Blanca.

Brufau se hace fuerte en Perú, un país en el que está presente desde 1995 y en el que posee participaciones en ocho bloques, cuatro de ellos como operador. Planea trasladar una sede andina de Quito a Lima y se centra ahora en un proyecto que licuará 4.45 millones de toneladas anuales de gas proveniente de Camisea y venderá todo el gas resultante de GNL a Repsol para su exportación. Un proyecto que -gracias al acuerdo con Hunt Oil- le permite a la española la adquisición del 20% de Peru LNG Company LLC (propietaria de la planta), y una participación del 10% en los bloques 56 y 88 del yacimiento de Camisea, pero sobre todo, la refuerza en una de las cuencas más fructíferas del continente y sintoniza con los planes del gobierno aprista de ´gasificar´ el país para independizarse del petróleo, aumentar el consumo interno y fomentar la comercialización de gas en el mercado internacional.

Con cinco descubrimientos de crudo sólo en el primer trimestre de 2009  -el más reciente el de Iguazú- Repsol revalida los galones de la segunda la segunda compañía de Brasil por dominio minero exploratorio en aguas oceánicas, sólo por detrás de Petrobrás, y comienza a palpar la dimensión del credo de Lula da Silva, ése que jura que el dios de los hidrocarburos debe ser brasileño y que los megacampos de Carioca y Guará son sus predios. En el ajedrez latinoamericano, la miel en los labios de la prudencia se agudiza para la petrolera española en Brasil, donde el hallazgo de gas en Santos se suma al descubrimiento de crudo ligero en Guará -el segundo conseguido en el bloque BM-S-9- y el de Carioca, uno de los diez proyectos clave del Plan Estratégico de Repsol, la que se supone será la mayor reserva de Brasil que comenzará a producir en 2012. En tierras cariocas, con menos competencia en la región, las vitaminas de la diversificación de YPF y un músculo que promete invertir 32.000 millones hasta 2012, Repsol estaba llamada a beber en la fiebre del oro negro brasileño y en las debilidades de Petrobrás, aunque no será necesaria más inversión adicional aún, por muy goloso que sea el caramelo de los nuevos descubrimientos. Dimitri Medvedev y Gazprom lo saben: si Petrobras y su paso atrás dejaron este trimestre más sitio a los alfiles de Brufau en Cuba, México y Brasil, ahora Moscú desembarca por las grietas de Lula: no es casualidad que la nueva sede de Gazprom para el continente acabe de abrir sus puertas en Brasilia; ni que por primera vez sellara acuerdos de prospección con la rusa.

En Argentina, ya que la nacionalización de las pensiones le condenó al tango más arrebatado y le cayó el chaparrón del Merval, no está el patio de las inversiones para más sustos, por mucho que la ‘argentinización’ de YPF le ayude a parar el golpe. La Nafta está demasiado barata y las tasas le cortan el oxígeno a las petroleras. El tipo de cambio, el descenso internacional del precio del crudo, los costes crecientes de la explotación, la caída de la demanda y las líneas rojas de la política energética de los Kicrhner acotan un laberinto en el que- como al resto- a YPF cada vez le resulta más rentable la venta de derivados, la reducción de compras a otras petroleras locales que los riesgos de la exploración y la explotación: ha reducido su participación en la producción de petróleo a un 35% del total, cuando en los noventa representaba el 43%. Antonio Brufau protege sus almenas australes, lo justo para hacer de ellas un granero para la diversificación regional. ‘Argentiniza’ YPF y ‘desargentiniza’ el resto, más ahora que los resultados del primer trimestre del año han comenzado, por primera vez, a dejar sitio a la sombra del descenso de beneficios netos: un 58,6% menos que en igual período de 2008. Por eso la petrolera española no renuncia a abrirse camino en Argentina, aunque sea a golpe de inversiones, pero lo hace desde el burladero de la diversificación.

De hecho, aunque anunció en 2008 que pretende destinar al país austral una cuarta parte de las inversiones previstas en su plan estratégico 2008-2012 —unos 7.950 millones de euros de un total de 33.350 millones—, ninguno de los 10 “proyectos clave” para el periodo se ubica allí. A la vista de los vecinos, puede aguantar. Una postura que, incluso si el ´default´ llega a las tierras del tango, le permitiría  pasar a resguardo la tormenta y seguir esperando. A falta de estreno bursátil, buenos son los Eskenazis y la avidez de las provincias petroleras, que bajo el signo de Neuquén han renovado los contratos con Repsol y resucitan las cuentas de su interés por el pastel accionarial. Pertrecha la calma. Peina los vientos de los rumores de la Casa Blanca –que a pesar de los desmentidos de YPF hace saber que le pisa los talones a algunas acciones de la petrolera- con el lazo de la paciencia y el respiro para la OPV del 20% de YPF. Argentina seguirá siendo para la petrolera el invernadero de la diversificación regional, la fuente de liquidez y del acceso a más reservas en Brasil y Perú. Y una de las murallas para asaltos imprevistos, como se vio cuando el humo confundió a Total y Gazprom.

Con Perú como catapulta, Repsol se hace sitio también en la carrera al gas de Obama. De espaldas a la energía iraní, Washington busca atajos a la dependencia de la ‘OPEP del gas’. Sus planes recién consumados en Canadá -la planta de Canaport y el suministro de Deep Panuke- le ponen a tiro el 20% del consumo en la costa noroeste del primer consumidor mundial; la apuesta recién redoblada en Trinidad y Tobago le refuerza su sitio en el mayor suministrador de GNL a Norteamérica y las arterias de su inversión en la peruana Camisea hacen fluir las mayores reservas del continente hacia EE UU.

Todos sus caminos apuntan al gas al norte del Río Grande. Aunque Repsol estudia retrasar 350 millones de inversión para el desarrollo del bloque 57 de Camisea, se entrega al baile de los descubrimientos en Perú  -donde un gran yacimiento en Kinteroni X1 le pone a la mano casi el doble del consumo anual de gas en España y se centra ahora en un proyecto que licuará 4.45 millones de toneladas anuales de gas proveniente de Camisea y venderá todo el gas resultante de GNL a Repsol para su exportación. Un plan que refuerza a la hispano-argentina en una de las cuencas más fructíferas del continente y sintoniza con los planes del gobierno aprista de ´gasificar´ el país para independizarse del petróleo, aumentar el consumo interno y fomentar la comercialización de gas en el mercado internacional. Además, Repsol está construyendo una planta de licuefacción de gas en Perú y amasa el horizonte de 2014, ése en el que los analistas locales descuentan que  se descubrirán nuevas reservas en los lotes adyacentes a Camisea y Pagoreni: el lote 58, de propiedad. de Petrobras, y el lote 57, de Repsol; un gas que costaría el doble del precio al que hoy se vende Camisea.

El Golfo de México promete ser el catalizador de las tentaciones y las relaciones entre Obama y los Castro. Y Repsol puede ser –si el deseo de La Habana se cumple– el ‘caballero blanco’ de las relaciones petroleras entre Cuba y EEUU. El paso a dos entre la compañía que preside Antoni Brufau y los Castro se ha bailado al compás de la paciencia y las expectativas. Repsol pasó por la puerta de los Castro y por la gatera de las exploraciones sin resultado desde 2004, lo justo como para hacerse con la pole del crudo hasta ahora más exclusivo de la región, el de los 112.000 km2 de aguas profundas cubanas del Golfo de México. Hoy tiene en su mano seis de los 21 bloques activos de la ZEE cubana, con 11.200 kilómetros cuadrados, pero sobre todo, el acceso a partir del mes de junio a las primeras perforaciones de explotación. Una frontera que no han podido traspasar ni las promesas de Pdvsa, ni los planes estrenados apenas hace un año por parte de Petrobras en uno solo de los bloques, ni las inversiones de Petrovietnam, o el bloque que la india OVL acaba de adjudicarse.  Todos los astros del ‘ahora o nunca’ de la energía cubana se alinearán este trimestre, la fecha prevista para que comiencen -en manos de las multinacionales asociadas- la explotación de gas y petróleo en aguas profundas, tan cerca de la costa estadounidense como para que retumben los cimientos de la política cubana de la Casa Blanca. Para empezar, serán los yacimientos a 20 millas de la costa, -los que explota Repsol en colaboración con Norks-Hydro (Noruega) y ONGC (India)- los que prometen emanar buenas nuevas.

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