Repsol se blinda mirando al Este
edición: 2534 , Viernes, 17 agosto 2018
12/11/2008
Sede de Gazprom en Moscú

Repsol se blinda mirando al Este

Si la exposición en Latinoamérica en 2004 suponía el 52% de su negocio, en 2012 no pasará del 31%.
Javier Aldecoa

Hace cintura. Sonrisas, las justas, promesas de inversión, también. Sus alfiles americanos seguirán en pie, pero Brufau reorganiza un tablero que en 2012 espera tener el 55% de sus activos en la OCDE. Apunta a Rusia, no pierde de vista Oriente Próximo, acaricia las nuevas reservas en Líbano, redobla su posición en Libia y tira el anzuelo en los predios de Gazprom y Sonatrach; se atreve a seguir mirando de reojo a Irán y a cogerle el guante a Al Maliki en Irak. Todo con tal de reducir riesgos, diversificar la producción, reponerse de la pérdida de reservas latinoamericanas -un 25% en dos años- y amortiguar los sustos de Bolivia, Ecuador y Venezuela y los requiebros de los Kirchner a la ‘argentinización’ de YPF. Si la exposición en Latinoamérica en 2004 suponía el 52% de su negocio, en 2012 no pasará del 31%.

Los bolivarianos lo han puesto mirando a Oriente, por mucho que Gazprom intente acotar las líneas rojas de su despliegue. Es mucho más que el apellido YPF lo que ha caído de las listas de e-mail de Repsol. Antonio Brufau protege sus almenas argentinas: pero sólo lo justo para hacer de ellas un invernadero de resultados (un incremento interanual del 13%) y un granero para la diversificación regional. ‘Argentiniza’ YPF y ‘desargentiniza’ el resto.  Se aferra a los resultados y pone a cubierto los nuevos contratos con las provincias petroleras.  A la vista de los vecinos, puede aguantar. Una postura que, incluso si el ´default´ llega, le permitiría  pasar a resguardo la tormenta y seguir esperando. Los Kirchner tendrán la última palabra: las provincias quieren invertir en el 20% en Bolsa y puede ser con los pesos de la Casa Rosada, a lo peor con los de las AFPJ.

En el ajedrez latinoamericano, la miel en los labios de la prudencia vive para la petrolera española en Brasil, donde el hallazgo de crudo ligero en Guará -el segundo conseguido en el bloque BM-S-9- se suma al de Carioca, uno de los diez proyectos clave del Plan Estratégico de Repsol, la que se supone será la mayor reserva de Brasil que comenzará a producir en 2012, pero el caramelo brasileño sigue siendo ignoto, sobre todo en el epicentro de su dulzor, en los Campos de Carioca y Guará, y descubrirlo es costoso. Los problemas de extracción petrolera en Argentina y las nacionalizaciones en Bolivia y Brasil le han enseñado el precio de la zozobra política. El patinazo del director de la Agencia Nacional de Petróleo de Brasil, el coste bursátil de la imprudencia. Y los celos entre el ministro de Minas, Edison Lobao y el poderío de Petrobrás, le marcan a su socio español las líneas rojas del paraíso energético lulista.

Chávez juega al trile con Moncloa en los cubiletes de Repsol. En Bolivia, Repsol está condenado a vestir los ensueños del presidente Evo Morales en su triple condición: como socio forzoso del estado boliviano en Andina, como inversor a la fuerza en el Plan 100, como productora en los megacampos de Margarita  y Huacaya -de los que Morales espera hacer las joyas de su corona- y como puente de emergencia entre las debilidades gasistas de Bolivia y las necesidades de Argentina y Brasil.  Por eso la compañía se entrega al baile de los descubrimientos en Perú y a las aguas cubanas del Golfo de México, donde tras una primera perforación en 2004 halló depósitos de crudo, pero de explotación incosteable, y reanudará la búsqueda este año.

Repsol YPF planta cara a la telaraña de Gazprom en su propio feudo.  La alianza en plena negociación con Rosneft -que tiene el 75% del bloque Veninsky y le vendería una parte a la hispanoargentina- no sólo daría acceso a las filas de Antonio Brufau a Sajalin III (un bloque que hoy se reparten Gazprom y Rosneft, junto con la china Sinopec, que cuenta con un 25% de las acciones), sino a estrechar su vínculo con la gasista rusa.  Repsol parece bien posicionada en tanto, y además de su posible acuerdo con Rosneft, posee ya un acuerdo con Gazprom, suscrito en 2006, para estudiar el desarrollo de proyectos conjuntos de gas y petróleo en Europa, Latinoamérica y África, así como proyectos de gas natural licuado.

West Siberian -su participada rusa- no se lo pondrá fácil a Brufau si quiere volver a elevar su participación en la compañía rusa desde el 3% actual, al que se diluyó desde el 10%  después de su fusión con Alliance Oil en enero. Ocupada en sacudir el avispero europeo y penetrar por las grietas españolas, Gazprom aleja los sables de un desembarco por la espalda sobre Repsol. Pero le pone caras las puertas, las propias y las ajenas, mucho más allá de los muros rusos. Le gana la mano en Irán y tendrán que verse las caras en Irak. Calienta el sillón en México, tiende la mano a la cartera de las aguas del Golfo cubanas. Y ahora, con ayuda de Evo Morales como introductor de embajadores y de la mano de la gala Total, no oculta su pretensión de adelantar por la derecha a Brufau en tierras bolivarianas: desembarca en Bolivia para explorar y explotar hidrocarburos con una inversión estimada de 4.500 millones de dólares, pero su inversión no pasa -como con YPF en Andina- por el matrimonio forzoso. Gazprom será, además, la operadora del nuevo consorcio petrolero ruso-venezolano.

LA ALTERNATIVA AFRICANA

Sonatrach desentierra el muerto de Gass Touill del jardín de Brufau y Salvador Gabarró y trata de comer de sus carnes en lugar de pagar su ‘homicidio’. Amaga con arañar 550 millones de euros al arbitraje,  antes que encarar en Ginebra los 1.640 millones que Gas Natural y Repsol le reclaman por el zarpazo a las inversiones. Pero Repsol pone a cubierto sus huellas en tierras del presidente  Bouteflika, sus derechos mineros sobre 16 bloques, 5 de exploración, con una superficie de más de 17.200 km2, y otros 11 bloques de desarrollo con un total de 3.108 km2. Con los contratos de extracción y producción en Mauritania, Marruecos y Argelia y con las expectativas en el Canal de Suez, Repsol YPF compensa sus esfuerzos en Guinea, donde dispone de dos concesiones “off shore”: una de 2.927 km2 en el bloque K -la única en la que se han hecho prospecciones que han resultado negativas- y en el bloque C otra concesión de 2.629 km2. . Gepetrol, la estatal, pretende la asesoría de la petrolera en una aventura gasista que capitanean Washington, París y Pekín.

Pero es en el norte del continente donde la española despliega sus expectativas más tangibles.  El Coronel Muanmar el Gaddafi no le quita el ojo a Repsol, el primer operador del país, presente en Libia desde los años 70, que tiene en sus manos la llave de las reservas y a la que acaba de dar luz verde a sus contratos de exploración y producción hasta el 2034 con la compañía nacional Libyan National Oil Company (NOC). El plan estratégico 2005-2009 de Repsol la considera una de las zonas con alto potencial de crecimiento en las actividades de exploración y producción por el valor de sus activos y su rentabilidad.: 58 pozos exploratorios con los que incrementar la producción de hidrocarburos en un 15% hasta 2010. Pero, para espantar las tentaciones de Trípoli de reeditar pinzas como la argelina, la petrolera acaba de comenzar la producción en el campo I/R, el mayor descubrimiento de petróleo en Libia de la última década, realizado por Repsol en 2006, que duplicaría su producción y reservas en el país magrebí. Repsol se queda con el 10% de la producción, unos 25.000 barriles. El resto corresponde a impuestos, que en parte paga en crudo y a los socios con los que comparte los negocios, la estatal libia NOC, la austriaca OMV, la francesa Total y la noruega Hydro.

Obligado a inaugurar el baile de los pretendientes, ahora que quiere subir de 2,5 a 3 millones de barriles en 2009, el primer ministro Nouri al Maliki y los suyos sacan pecho y se hacen querer. Repsol YPF tiene ya las puertas abiertas, está entre los llamados a comer del pastel iraquí por el propio gobierno bagdadí, aunque no volverá hasta que estén claras las condiciones de los contratos. Y eso -ya lo ha advertido Antonio Brufau- no será cosa de semanas, sino, en el mejor de los casos, de meses. Repsol completó en febrero la documentación que le exigía el Gobierno para optar a la adjudicación de contratos, en abril ya pasó una primera selección y en octubre la segunda. Pero, en pleno auge de sus planes para Oriente Próximo y el Golfo Pérsico, no desembarcará aún en tierras iraquíes tras las prisas de la senda de BP, Exxon Mobil, Shell, Total y Chevron, elegidas ya a dedo por el Gobierno iraquí.

Las españolas -con FENOSA, ACS y Dragados en cabeza- no olvidan que el camino de la historia de las relaciones bilaterales ha estado plagado de piedras. Para empezar, si Bagdad cumple sus promesas, la licitación de seis campos petroleros y dos explotaciones gasistas será el pasaporte para la mayor participación extranjera en Irak desde que la industria fue nacionalizada hace más de 30 años. El preludio, mediante contratos aún de asistencia, a futuras alianzas de desarrollo a partir de junio de 2009, por más que la jugosa “manzana” de los contratos iraquíes tenga aún más de un gusano para Maliki, que se hace valer como el sheriff de un territorio que no controla y en el que necesita las inversiones foráneas con urgencia, como aval de normalidad para las elecciones presidenciales de noviembre. 

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