edición: 2594 , Martes, 13 noviembre 2018
19/06/2009

Repsol se hace fuerte en el gas de EE UU

La mayor planta de regasificación canadiense, el GNL de Trinidad y Tobago y Camisea le permiten acceso al 20% de la Costa Este de EE UU y un 10% en la Oeste
Instalaciones de Canaport
Javier Aldecoa

Le pone fechas a un mapa estadounidense del gas en el que se ha hecho ya sitio en cada punto cardinal del suministro y estrena el puente canadiense. De espaldas a la energía iraní, Washington busca atajos a la dependencia de la ‘OPEP del gas’. Gazprom trata de ponerle apellidos rusos, con su primera planta de GNL dedicada a EE UU. Afina los planes de Sakhalin-2, su alianza con Shell pretende ser el atajo de sus 500.000 millones de metros cúbicos de gas a los mercados de EE UU y México. Pero es al continente americano al que mira Barack Obama. Sus ojos se encuentran con los de Brufau en todos los ángulos, ahora que Repsol pone de largo la mayor planta de GNL de Norteamérica y que la AIEA avanza que la demanda de gas mejorará en la región.

Sus planes recién consumados en Canadá -la planta de Canaport y el suministro de Deep Panuke- le ponen a tiro el 20% de la demanda de Nueva York y Nueva Inglaterra en la costa noroeste del primer consumidor mundial; la apuesta recién redoblada en Trinidad y Tobago le refuerza su sitio en el mayor suministrador de GNL a Norteamérica y las arterias de su inversión en la peruana Camisea hacen fluir las mayores reservas del continente hacia EE UU y le permitirán, en menos de un año distribuir el 10% del GNL que necesita la costa este estadounidense. Todos sus caminos apuntan al gas al norte del Río Grande. Lo saben los mercados, que han premiado en los títulos de Repsol el estreno de Canaport con la misma intensidad que la llegada del nuevo inquilino de la Casa Blanca. Está dispuesto a recordárselo a Barack Obama Jorge Dezcallar, el embajador español en Washington, que fue responsable de las Relaciones Internacionales de Repsol.

Repsol desembarca en el mercado líder del consumo gasista, lo hace de la mano de Irving Oil -dueña ya de la mayor refinería de Canadá- y por el arco de la terminal Canaport LNG -la primera de la costa este de Norteamérica en 30 años- llamada a consolidar a Stream (sociedad conjunta Repsol-Gas Natural) como la cuarta comercializadora de Gas Natural Licuado más grande del mundo por volumen gestionado, con una capacidad de 1Bcf/día, suficiente para suministrar a 5 millones de hogares. El Plan Estratégico de la compañía prevé multiplicar por cuatro el volumen de comercialización de GNL, lo que supondrá un volumen equivalente al 50% del gas que consume España en un año. Todos sus caminos apuntan al gas al norte del Río Grande.

Washington sangra por las heridas de su dependencia, de sus recelos geoestratégicos, más ahora que sus inventarios de gas natural cayeron en 159.000 millones de pies cúbicos, hasta 2.020 billones de pies cúbicos y que Barack Obama clama por la autonomía energética, pero le cierra las puertas a la exploración frente a sus costas durante al menos seis meses  le pone candado a la veda abierta que George W. Bush anunció para 2010. Ya en tiempos de Bush llegó al Senado un proyecto de ley contra la recién bautizada ‘OPEP del gas’ y los desencuentros de la ‘seguridad energética’ con Argelia, Venezuela, Irán o Rusia.  Royal Dutch Shell y Total retrasaron las decisiones sobre inversiones multimillonarias en proyectos de gas natural licuado (GNL) en las tierras de Ahmadinejad el año pasado debido a las tensiones políticas. Aguardan el minuto de la distensión, pero Hillary Clinton advierte que no será de inmediato. La “OPEP de gas” da vueltas a sus tentáculos sobre los mayores conumidores -la Unión Europea, Japón, Corea- y EE UU no iba  a ser menos. El Gobierno de Estados Unidos elevó sus proyecciones de importación de gas natural licuado del 2009. La Administración de Información de Energía (EIA por su sigla en inglés) dijo en su reporte de abril que espera que las importaciones de gas súper enfriado aumenten en 36% a cerca de 480.000 millones de pies cúbicos (mpc) este año, un aumento desde 352.000 mpc del 2008. A pesar del sombrío panorama de los últimos meses, la mayoría de los analistas concordó en que las importaciones estadounidenses de GNL deberían aumentar fuertemente el próximo año y posiblemente desafiar el récord del 2007, porque en los siguientes 18 meses será puesta en marcha nueva capacidad de producción.

En Canadá, Repsol YPF tiene ya los 1.000 millones de pies cúbicos de gas (28,3 millones de metros cúbicos) de la planta de gas natural licuado de Canaport en una mano (la primera que se instaló en la costa Este de Norteamérica) y la llave a los 5,67 millones de metros cúbicos diarios del proyecto Deep Panuke en la otra, los dos atajos para llegar al corazón de mercados clave como EEUU o la región atlántica de Canadá, con una creciente demanda de gas natural y proveer a Boston o Nueva York. El acuerdo recién sellado con Encana le permite, a partir de comprar toda la producción de gas natural de su proyecto en la costa atlántica de Canadá, al sureste de la costa de la provincia de Nueva Escocia, para enviarlos por gasoducto a la localidad de Goldboro, donde conectará con la red de distribución que proporciona gas a las provincias atlánticas canadienses y los estados del noreste de Estados Unidos. Su luz verde llega sólo dos meses después de obtener la licencia del regulador energético canadiense National Energy Board (NEB) para importar gas a Canadá y a exportarlo a Estados Unidos a través del gasoducto de Emera Brunswick desde la planta de regasificación de Canaport, uno de los diez proyectos de mayor envergadura para el desarrollo del plan estratégico 2008-2012, en la que la petrolera española prevé invertir 300 millones.

Trinidad y Tobago es ya mucho más que el origen del 15% de la producción total de Repsol YPF. Su pie en la planta de Atlantic LNG, desde 1995, además del grifo del 20% del gas que se consume en España, le pone a Brufau a mano la llave a la mayor suministradora de gas natural licuado a los Estados Unidos. Un espacio que la petrolera ha ‘amueblado’ con inversiones de 1.700 millones de dólares y en el que acaba de prometer ponerse aún más cómoda, antes de que lo hagan sus competidoras estadounidenses, a la caza del GNL.

Con Perú como catapulta, Repsol se hace sitio también en la carrera al gas de Obama. Con la vista puesta en el gas de Obama, Brufau se hace fuerte en Perú, un país en el que está presente desde 1995 y en el que posee participaciones en ocho bloques, cuatro de ellos como operador. Planea trasladar una sede andina de Quito a Lima y aunque Repsol estudia retrasar 350 millones de inversión para el desarrollo del bloque 57 de Camisea, se entrega al baile de los descubrimientos en Perú  -donde un gran yacimiento en Kinteroni X1 le pone a la mano casi el doble del consumo anual de gas en España y se centra ahora en un proyecto que licuará 4.45 millones de toneladas anuales de gas proveniente de Camisea y venderá todo el gas resultante de GNL a Repsol para su exportación. Un proyecto que -gracias al acuerdo con Hunt Oil- le permite a la española la adquisición del 20% de Peru LNG Company LLC (propietaria de la planta), y una participación del 10% en los bloques 56 y 88 del yacimiento de Camisea, pero sobre todo, la refuerza en una de las cuencas más fructíferas del continente y sintoniza con los planes del gobierno aprista de ´gasificar´ el país para independizarse del petróleo, aumentar el consumo interno y fomentar la comercialización de gas en el mercado internacional. Además, Repsol está construyendo una planta de licuefacción de gas en Perú y amasa el horizonte de 2014, ése en el que los analistas locales descuentan que  se descubrirán nuevas reservas en los lotes adyacentes a Camisea y Pagoreni: el lote 58, de propiedad de Petrobras, y el lote 57, de Repsol; un gas que costaría el doble del precio al que hoy se vende Camisea.

El Golfo de México promete ser el catalizador de las tentaciones y las relaciones entre Obama y los Castro. Y Repsol puede ser –si el deseo de La Habana se cumple– el ‘caballero blanco’ de las relaciones petroleras entre Cuba y EEUU. El paso a dos entre la compañía que preside Antoni Brufau y los Castro se ha bailado al compás de la paciencia y las expectativas. Repsol pasó por la puerta de los Castro y por la gatera de las exploraciones sin resultado desde 2004, lo justo como para hacerse con la pole del crudo hasta ahora más exclusivo de la región, el de los 112.000 km2 de aguas profundas cubanas del Golfo de México. Hoy tiene en su mano seis de los 21 bloques activos de la ZEE cubana, con 11.200 kilómetros cuadrados, pero sobre todo, el acceso a partir del mes de junio a las primeras perforaciones de explotación. Una frontera que no han podido traspasar ni las promesas de Pdvsa, ni los planes estrenados apenas hace un año por parte de Petrobras en uno solo de los bloques, ni las inversiones de Petrovietnam, o el bloque que la india OVL acaba de adjudicarse.  Todos los astros del ‘ahora o nunca’ de la energía cubana se alinearán este trimestre, la fecha prevista para que comiencen -en manos de las multinacionales asociadas- la explotación de gas y petróleo en aguas profundas, tan cerca de la costa estadounidense como para que retumben los cimientos de la política cubana de la Casa Blanca. Para empezar, serán los yacimientos a 20 millas de la costa, -los que explota Repsol en colaboración con Norks-Hydro (Noruega) y ONGC (India)- los que prometen emanar buenas nuevas.

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