edición: 2287 , Miércoles, 23 agosto 2017
10/10/2008

Repsol, sola ante el peligro en Ecuador

Ana Zarzuela

No tiene quien le tosa. El presidente Correa alienta el miedo en las carnes de Obretech -de nuevo nacionalizada-, en las espaldas de Petrobras y en los discursos contra César Alierta. Y se le va de la nave energética hasta el capitán. Un año le han durado al ministro de energía, Galo Chiriboga, los cañonazos con las multinacionales y con su propio Gobierno antes hacer las maletas. Sola, en el punto de mira del Palacio de Carondelet y del nuevo ministro, Antonio Brufau  y el nuevo equipo con el que Repsol intenta recalentar un acuerdo de transición al contrato de servicios que desde hace un año Correa guarda en el congelador.

Se han quedado cara a cara en una mesa cada vez más estrecha, ahora que Perenco y Andes ya han firmado sus nuevos contratos y que Petrobras está dispuesta a hacer las maletas si nada cambia.

El Gobierno de Quito ha pasado de la celebración a la amenaza por el pasillo de las nacionalizaciones. Del invierten o puerta, al producen -el doble- o puerta. Ecuador quiere sentarse a la mesa de los grandes productores y ahora que en la OPEP le han abierto la puerra no duda en cobrarle el cubierto a las multinacionales, uno demasiado caro para las arcas de Petroecuador y el cielo de su producción. Repsol le coge el guante, pero, por si acaso, no descuida su plan B en Brasil y Perú.

El presidente Rafael Correa acaba de beberse la copa de los planes de Chávez en Manaos. Está aún ebrio por el éxito e iiritado por el ‘efecto Texaco’. Ha tirado de nuevo de las amenazas, las de los contratos y la producción. Y aleja las manos petroleras con los CGY (los Certificados de Garantía Yasuní) de la niña bonita de su riqueza energética en el Amazonas. Pero el jardín de Petroecuador tiene cada vez senderos más estrechos: la producción desciende, se acaba el oxígeno de las condiciones que imponer y las multinacionales han suspendido las inversiones, a la espera de un terreno de juego llano.

Rafael Correa ha llegado más lejos que su padrino caraqueño: con un 64% de respaldo en el referéndum y una constitución a punto de servirse a la mesa, está a un paso del control del Banco Central -y con él de la política monetaria- ; se siente depositario del derecho a darle otra vuelta de tuerca a  los sectores estratégicos a través de las empresas públicas y ha metido al horno legislativo, para darle su último golpe de calor, una nueva ley de seguridad financiera y una regulación ´urgente´ para el sector minero. De ahora en adelante, las empresas que deseen invertir en el país deberán devolver al Estado el 70% de sus ganancias en impuestos.

INVERSIONES A LA FUGA

Rafael Correa se resiste a creer que las arremetidas contra las multinacionales, el repudio del Ciadi y su tango favorito -el del chantaje- hayan comenzado a pasarle facturas. De poco le sirve que informes como el del Centro de Investigaciones Económicas de la Universidad Católica adviertan que mientras la IED en la región creció un 46% el año pasado, y se ubicó en 105. 900 millones de dólares, en Ecuador los dólares y los euros salen a la fuga desde 2006.

Correa se queda un poco más solo. Lo abandonó en su momento la dirección de Petroecuador, ésa que reemplazó con la cúpula de la Armada nacional. Saltó del barco, después, el presidente ejecutivo de la estatal petrolera, Fernando Zurita, cuando cayó en la tentación de cantarle al presidente las verdades del buque insignia del petróleo ecuatoriano, que ha reducido por segunda vez en dos meses su meta de producción de crudo para este año. Salió por la ventana, finalmente, el ministro Ortiz y dos meses más tarde le siguió la tocata y fuga de su sucesora, Wilma Salgado. En la cuerda floja, ahora, toda la tripulación del Banco Central, tras la dimisión de su presidente, Robert Andrade. Al ecuatoriano se le rebelan las cuentas. Y apedrea al mensajero, el BCE, que en su último informe sobre inversión extranjera se atrevió a enseñar las costuras de la zozobra económica: el país registró en el cuarto trimestre de 2007 un nivel negativo de 295 millones de dólares.

MALDICIÓN BOLIVARIANA PARA BRUFAU

Hugo Chávez juega al trile con Moncloa en los cubiletes de Repsol. Bolivia lo condena al matrimonio forzoso con la estatal Andina y a pagar las facturas de su soñado banquete energético. Los bolivarianos lo han puesto mirando a Oriente, por mucho que Gazprom se encargue después de rematar la jugada a tres bandas. Repsol YPF, por si acaso, ya se lo ha advertido: no tiene intenciones de retirarse de Ecuador. En peores plazas ha toreado, pero Correa no quiere ser menos que sus vecinos, por mucho que Brufau haya entregado sus presentes de buena voluntad con su adiós a cuatro de las cinco denuncias que tenía pendientes ante el CIADI. El ministro de Petróleo, Galo Chiriboga, da por hecho que la petrolera querrá seguir en el país hasta 2018, pero eso será si pasa por el arco de la Ley 42 y acepta ‘el regalo’, que en lugar de pagar al Estado el 99 por ciento de las ganancias extraordinarias generadas por la subida de los precios del crudo, desembolse sólo el 70%. Inversiones -al menos 316 millones de dólares en tres años- y renuncia a las demandas ante el Ciadi, a cambio de luz verde para seguir en el país andino.

Aviso para navegantes, con tal de recuperar el control estatal de los yacimientos, Correa ha dejado fuera del campo petrolero 31 a la brasileña Petrobrás y se niega a que la petrolera brasileña pase por el aro del contrato de participación para el Bloque 18 de la Amazonia, en el que Petrobras produce alrededor de 32.000 barriles de petróleo al día, por uno de servicios. Para el ecuatoriano es más que una tentación, toda una estrategia. Primero sacude, luego denuncia. Todo para negociar un juego con nuevas reglas y en una cancha rediseñada a su medida. A pesar de que ha conseguido llevar al redil de sus deseos a las multinacionales de los hidrocarburos, hacerlas pasar por el aro del 99% de carga impositiva sobre ingresos extraordinarios, aceptar la recuperación estatal del 70% de las rentas petroleras (ahora tiene el 29%) y sus decretazos, Correa no acaba de encontrar el techo a sus deseos. Influido por el viceministro de Hidrocarburos de Venezuela, se ha deslizado a un contrato de prestación de servicios, donde el Estado es dueño del crudo y reconoce los costos de explotación a las compañías. Y unas condiciones diferentes a las que su propio Gobierno negociaba.

LA ‘PAGANINI’ ENERGÉTICA

Ya puestos a pedir, Rafael Correa y su almirante petrolero esperan alrededor de 1.000 millones de dólares de inversión privada en el sector petrolero para los próximos tres años, que se sumarían a los 2.000 millones de dólares que el gobierno  para este año como parte del presupuesto de Petroecuador, que en los últimos diez años ha invertido 967 millones, menos de la cuarta parte de los 4.600 millones aportados por las multinacionales, a pesar de que en las manos de la estatal están el 80% de las reservas.

Correa propone ‘bolivianizar’ Ecuador. Y a Antonio Brufau ya le ha enseñado el camino el presidente Evo Morales. En Bolivia, Repsol está condenado a vestir los ensueños de Morales  como socio forzoso del Estado boliviano en Andina, como inversor a la fuerza en el Plan 100, como productora en los megacampos de Margarita y Huacaya -de los que Morales espera hacer las joyas de su corona- y como puente de emergencia entre las debilidad.

A Brufau le queda Perú y la samba carioca. Busca reforzar sus ‘planes B’ para minimizar, en otras tierras, el efecto de los arrebatos del Palacio de Carondelet: la más importante petrolera privada de Latinoamérica en activos, reforzada tras la argentinización de YPF y el fortalecimiento de sus reservas en Brasil planea trasladar su sede andina de Quito a Lima y se centra ahora en un proyecto en Perú, que licuará 4.45 millones de toneladas anuales de gas proveniente de Camisea y venderá todo el gas resultante de GNL a Repsol para su exportación.

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