edición: 3097 , Viernes, 27 noviembre 2020
08/10/2020

Repsol entre las siete que han adecuado su producción al objetivo del Acuerdo de París en emisiones

Un estudio de empresas del sector del petróleo, el gas y el carbón señala que sólo la minoría es sostenible
Carlos Schwartz
De las 59 grandes empresas petroleras, de gas y minería de carbón, analizadas por un estudio sólo siete se alinean con los compromisos de emisión de CO2 acordados por los gobiernos en la Conferencia del Clima de París de 2015. Se trata de Repsol, Shell, Total, ENI, Equinor y las mineras Glencore y Anglo American. El acuerdo alcanzado en París establecía que el incremento de la temperatura de la atmósfera terrestre debe quedar por debajo de los 2 grados centígrados respecto de un registro histórico en el 2050. A pesar de los compromisos adoptados para un régimen de cero emisiones por los gobiernos y las empresas que se pronunciaron de acuerdo con los pactos alcanzados las empresas están muy por detrás de esos objetivos. Esta es la conclusión que se desprende del proyecto de investigación suscrito entre la Escuela de Economía de Londres (LSE, por sus siglas en inglés) y un grupo de inversores que gestiona 21 billones de dólares en activos, denominado Iniciativa del Camino a la Transición (TPI, por sus siglas en inglés) que ha analizado a 125 productores de petróleo y gas, mineras de carbón y generadoras de electricidad para evaluar hasta dónde están alineados y preparados respecto de una economía de bajas emisiones de carbono.
La metodología utilizado ha sido la de “rendimiento del carbón” que pondera la intensidad de la huella de carbono en los productos que venden y producen, los objetivos de reducción de emisiones y como operarían bajo tres modelos: en el caso en que los gobiernos cumplan con sus compromisos de emisión, el escenario en el que la temperatura pase de los 2º centígrados, y una en el que la temperatura suba menos de los 2º centígrados. Pero aún en el caso en el que se cumpla con los objetivos manifestados por los gobiernos la senda de calentamiento se mantendría en un incremento de 3,2º de acuerdo con las previsiones del Programa de medio Ambiente de las Naciones Unidas (UNEP). En línea con este pronóstico el informe de TPI advierte que los compromisos adoptados por los gobiernos en la cumbre del clima son manifiestamente insuficientes para eliminar el riesgo de calentamiento de la atmósfera.

De acuerdo con el estudio solo tres grandes petroleras y compañías de gas -Shell, Total y ENI- se aproximan al escenario de los 2º a pesar de que sus objetivos de reducción de emisiones y sus planes de inversión en proyectos de bajas emisiones no son suficientes para alinearlos con el objetivo, y mucho menos quedar por debajo, señala el informe de TPI. Las empresas dedicadas a los combustibles fósiles han estado bajo la presión de grupos de inversores y el activismo medio ambiental para que se hagan cargo de su papel en el deterioro del medio ambiente. Varias de las grandes del sector del gas y el petróleo europeas, como Repsol, Shell y BP han reiterado en meses recientes su compromiso con un horizonte de emisiones cero. BP ha sido puesta en el objetivo de la investigación a pesar de haber anunciado en agosto que se disponía a reducir en un 40% su producción de crudo y gas en la próxima década.

El informe de TPI señala que los compromisos de BP abarcan a la producción propia y de terceros que utiliza en sus procesos, pero que no incluye los productos que negocia en el mercado que el año pasado representaron más del 50% de sus ventas. BP por su cuenta dice que sus objetivos de emisiones cero son congruentes con los del Acuerdo de París. Por añadidura existe una división metodológica en torno a la reducción de emisiones. Algunas empresas, como es el caso de BP, se centran en la reducción del nivel de emisiones de sus productos, mientras que otras toman en cuenta -al igual que TPI- la intensidad de la generación y uso del carbono que tiene en cuenta las emisiones de carbono generadas en la producción de cada barril de crudo y unidad de gas. Los críticos de la metodología de la intensidad señalan que sus emisiones pueden caer aun en el caso de que continúen expandiendo su producción, generando mayores valores de emisiones absolutas que es lo que en definitiva contaría para el clima. El lado contrario señala que el nivel de emisiones absolutas de una empresa puede caer por el simple hecho de que se vendan activos o haya una caída de la demanda en el mercado de las materias primas. En ningún caso eso supone una descarbonificación.

En Estados Unidos las petroleras como ExxonMobil y Chevron están recortando en la producción en lugar de diversificarse hacia las energías limpias como han hecho sus competidores europeos. En el sector eléctrico 39 de las 66 generadoras analizadas están alineadas con los compromisos de París, mientras que otras 22 se han decantado por quedar por debajo de los 2º del Acuerdo. Que esta es una cuestión que no sólo atañe a los grupos vinculados a la energía lo demuestra el hecho que la semana pasada el lobby de los gestores y fondos de inversión le torció el brazo a la Comisión Europea (CE) al lograr que se postergue la aplicación de normas destinadas a asegurar que una fracción de las inversiones sea dirigida a proyectos y empresas que se basan en principios de defensa del medio ambiente, la gobernanza y los objetivos sociales (EGS, por sus siglas en inglés). 

Los gestores de inversión y los fondos que gestionan 17 billones de euros han logrado que la CE les conceda más tiempo para informar sobre el grado de cumplimiento de sus carteras de inversión con esos objetivos. La Unión Europea había emplazado a los gestores y fondos a transparentar el destino de sus inversiones para evitar el “lavado verde” es decir hacer pasar por sostenibles inversiones que en realidad no lo son. El proyecto de la UE es parte de su aspiración de empujar el desarrollo de la economía sostenible con la cual la CE se ha comprometido y en torno a la cual ha hecho mucho ruido, un sendero por el que camina también el Gobierno español. Esta aspiración ha desatado ya una lucha de fieras por el destino de las subvenciones y créditos de la UE que se han diseñado como parte de la reconstrucción económica post Covid-19. En España este escenario se ha delineado bajo la lucha por la constitución de una “comisión neutral” para la asignación de los recursos reclamada por la oposición.

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