edición: 2824 , Lunes, 14 octubre 2019
13/04/2016
banca 
Valedores institucionales

Rescate de la banca italiana con los mejores `padrinos´ de Europa

Al borde de la quiebra, el sector maquilla deudas y queda visto para fusiones y cierres, una reestructuración con dos años de demora
Juan José González
Al final, y con dos años de demora, el Gobierno italiano se ve obligado a una operación in extremis para evitar la quiebra de, al menos, cuatro de los bancos más carismáticos de su sector financiero. En un alarde de resistencia política y financiera, jugando con el impago y el estrangulamiento de las entidades bancarias, el Ejecutivo italiano ha conseguido evitar el modelo de rescate español: la banca se reestructurará al ritmo que marque la batuta del Gobierno pero dentro de un orden, es decir, sin la sangría laboral, como el caso español y, por supuesto, sin los recursos de Europa, lo cual le permitirá mantener todo el control del proceso bajo la `tutela´ y `protección´ de todas las autoridades bancarias de Europa. La solución llega en el momento justo para iniciar otro proceso: las operaciones de fusión y venta de bancos, y sin descartar más de un cierre. La estrategia del Ejecutivo italiano que ha llevado a su sector financiero a retrasar una reestructuración que la banca pedía a voces, ha logrado ganar dos años. Un resultado que en principio puede calificarse como positivo, por cuanto parece haber evitado la fase más crítica de su crisis económica.
Desde un punto de vista más crítico podría decirse que el balance final, sin embargo, no se muestra positivo, dados los costes y esfuerzos que conllevará hacer frente a un problema que, nada más y nada menos, ha adquirido en estos dos años un tamaño descomunal: 360.000 millones de euros. Lo peor de la cifra es que las autoridades italianas son conscientes de que los créditos concedidos por sus bancos, ya no podrán ser recuperados, como tampoco los 160.000 millones de euros reconocidos por el Banco de Italia y que al parecer ya serían incobrables.

La solución conocida esta semana, conlleva la `titulización´ de los créditos dudosos y morosos (360.000 millones de euros) que pasarán a un fondo de inversión que, en principio, contará con una dotación entre 5.000 millones y 6.000 millones de euros. Por tanto, la solución italiana a los problemas de solvencia bancaria toma la estructura de `banco malo´ (Sareb) española pero sin el auxilio financiero público. Las dudas sobre la viabilidad del remedio parecen crecer al mismo ritmo que la deudas, los morosos y los fallidos, porque se estiman cortos y muy escasos los recursos (6.000 millones de euros de máximo) para facilitar la recapitalización de los bancos italianos. Bancos del tamaño de Unicredit y Sanpaolo, o de la Banca Popolares dell´Emilia Romagna, Monte dei Paschi di Siena, entre otros.

Con independencia de los resultados de la herramienta elegida para eliminar la `toxicidad´ de los balances bancarios, que deberá esperar al menos otros dos años, la banca italiana, la bomba de relojería presente en cada consejo de ministros de la república, continuará bajo la `protección´ de su avalista, el Estado, toda vez que éste seguirá tratando por todos los medios de que el comportamiento de los bancos más endeudados o con mayor volumen de crédito moroso, no pierdan posiciones en el que se considera primer recurso financiero para las empresas, como es la Bolsa de Milán.

De puertas adentro del Estado italiano, la urgencia del problema bancario habría forzado la inevitable solución del `banco malo´. Situación de urgencia que los bancos consideran extrema, al mismo tiempo que segura, pues viene `avalada´ y `protegida´ por los `asientos´ más influyentes del sector financiero continental, como son Mario Draghi, en la presidencia del BCE; Andrea Enria al frente de la EBA; Ignazio Angeloni en el Mecanismo Único de Supervisión y de Marco Buti en la dirección general de Asuntos Económicos de la Comisión Europea. Con estos padrinos (en el mejor sentido del término) ningún socio europeo se negaría a reformar su banca.

De cara al exterior, el inicio de la reestructuración coincide con el interés de varias entidades italianas y del resto de Europa en avanzar operaciones corporativas, algunas de ellas con conversaciones en marcha y algunas posiciones cerradas como la de Santander en Unicredit. Las entidades financieras italianas se incorporan, por tanto, al creciente mercado de la actividad de operaciones de fusiones que las autoridades europeas tratan de acelerar por todos los medios, aunque en el empeño no duden en bordear, como en el caso italiano, la normativa vigente.

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