edición: 2346 , Viernes, 17 noviembre 2017
22/05/2015
banca 
Los rescates cambian de titularidad
Sede del BCE

Las rebajas de Fitch a la banca, buena señal de cambio para los contribuyentes

El rating ya discrimina el rescate interno del externo, el fin del apoyo soberano
Juan José González
La agencia de calificación Fitch anunció esta semana cambios en los ratings de 16 bancos españoles. A primera vista, puede parecer todo un golpe bajo al sector financiero, inmerso en una recuperación lenta y costosa del negocio típico y para el que una nota negativa o de degradación de la calificación viene a significar un encarecimiento de la financiación. En esta ocasión, la degradación o mala nota que se llevan las 16 entidades merece una explicación dado su carácter puntual, de ahí que los cambios en el rating de las 16 no deba ser entendido o considerado como negativo, sino más bien de tipo procedimental o acorde a la nueva regulación del sector. Porque las cuentas de las 16 entidades no evolucionan mal y sus balances no emiten señales de alarma. Por tanto, no hay peligro a pesar de las `descalificaciones´, tan solo que el Mecanismo Único de Resolución, en vigor desde enero, comienza a ser operativo. Y esto sí que conlleva otras preocupaciones.
Las primeras interpretaciones del mercado a las rebajas de las notas de las 16 entidades financieras, se saldaron con recortes en los precios de las acciones en bolsa. No es habitual que cuando una calificadora de riesgos procede a emitir informaciones de este tipo, no cuente con un motivo conocido, un hecho real que justifica el anuncio público. Los inversores menos informados quisieron ver la primera parte de una mala noticia: el default de Grecia, el abandono temporal de la disciplina del euro, una quita o anuncios similares. La rebaja de Fitch, además, no sólo interesaba a la banca española, sino que también alcanzaba -o descalificaba- a entidades norteamericanas, europeas y suizas. El motivo no era si no la puesta en marcha del Mecanismo Único de Resolución (MUR) del que las entidades financieras en su conjunto ya estaban avisadas.

Las revisiones de la calificación crediticia sitúa en esta ocasión a cinco bancos españoles (Bankia, Banco Mare Nostrum, Liberbank, Banco Popular y Cajamar) y cooperativas de crédito en el nivel de bono basura. Es un golpe que encarece su financiación y obliga a dar numerosas y concretas explicaciones en los mercados de capitales mayoristas, donde las entidades deben acudir con buena nota si quieren obtener recursos. Hasta aquí, nada nuevo, salvo la entrada en vigor del MUR, la verdadera novedad y motivo de las nuevas notas de la agencia Fitch.

Un único reproche puede y debe hacerse a la actuación de la calificadora: la necesidad de una explicación pública con carácter previo al anuncio hubiera evitado, seguramente, el susto y la alarma puntual entre los inversores y público no institucional; estos últimos eran los únicos conocedores del alcance de la nueva calificación a las entidades bancarias. La agencia, primera en adelantarse en el calendario a la `descalificación´, parte de la base de que las últimas medidas regulatorias e iniciativas políticas han reducido el apoyo público de los Estados a las instituciones financieras en situación de quiebra o muy próxima a la misma.

La nueva nota, por tanto, equivale a evaluar una situación más próxima a la realidad para el caso en que una entidad financiera necesitada de apoyo financiero y, por ello, institucional, no pudiera recibir dicho apoyo. Es decir, que la nota actual que ofrece la calificadora se recoge el riesgo del banco o cooperativa de crédito si estos necesitaran ser rescatados. Nota que sirve como señal de aviso a los inversores para tomar la medida justa de la fortaleza de una entidad financiera. Por tanto, no se trata de una `descalificación´ del rating crediticio sino del rating de apoyo público ante un rescate.

La degradación de los cinco bancos españoles, no sistémicos, no deja de ser una mala noticia. Llega en un momento en el que los bancos medianos (como es el caso) deben hacer alardes de imaginación y esfuerzos para reducir los costes a cualquier precio para salvar los ya muy estrechos márgenes. Por eso, una mala nota, nota peor que bono basura sería la misma quiebra, por mucho que represente otro tipo de riesgo distinto al crediticio, no deja de ser un nuevo golpe en la línea de flotación, de la recuperación de las entidades financieras ante, precisamente, una nueva situación en la que ya se empieza a hablar de nueva burbuja de activos. Si el nuevo mecanismo MUR tenía por objetivo, entre otros, eliminar los costosos rescates bancarios a costa del Estado o, cuanto menos, reducir al mínimo el coste del contribuyente en el citado avatar, parece que todavía queda un trecho para alcanzar ese ideal, que pasa necesariamente, por la recuperación de los márgenes a los que un rating de bono basura no sienta, lo que se dice, bien.

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