edición: 2831 , Miércoles, 23 octubre 2019
30/09/2011
OBSERVATORIO DE COYUNTURA

Reserva Federal y BCE, dos maneras distintas de encarar las crisis

SERVICIO DE ESTUDIOS DE CAIXABANK

En los últimos dos meses se han apreciado varios síntomas que confirman la moderación del ritmo de crecimiento de la economía a nivel global. Los shocks adversos acontecidos en marzo (como el seísmo de Japón y las revueltas socio-políticas en Oriente Medio) contribuyeron a desencadenar una fase de moderación de la actividad, cuyo perfil en un principio debería ser pasajero. Dado que este proceso difiere según el área geográfica, al igual que ocurre con los riesgos inflacionistas vinculados al encarecimiento tendencial de las materias primas, las decisiones de las autoridades monetarias han sido dispares según el país. Así, por ejemplo, mientras la Reserva Federal ha garantizado el perfil laxo de la política monetaria para los próximos dos años, el Banco Central Europeo ha optado por subir de nuevo el tipo oficial, al igual que el banco central de China y los de otros países emergentes.

En Estados Unidos, la Reserva Federal (Fed) -tras la reunión del comité de política monetaria celebrada el 9 de agosto- expuso con notable claridad las principales conclusiones de su análisis del escenario económico actual y las directrices de la estrategia de política monetaria acordadas. A la sombra de los flojos datos de crecimiento publicados en julio, el presidente de la entidad, Ben Bernanke, reconoció que el grado de ralentización de la economía a lo largo de este año estaba siendo superior a lo previsto inicialmente. Indicadores de relevancia, como el consumo de las familias o la inversión no residencial, han dando muestras de debilidad, y la actividad de algunos sectores, como el residencial, permanece moribunda. En este contexto, desde la Fed se considera que las perspectivas para el mercado laboral se presentan todavía muy frágiles, y es básicamente por esta razón por la que la entidad decidió mantener el tipo de interés oficial en los niveles mínimos posibles (0%-0,25%).

Con respecto a la estrategia futura de política monetaria, la Fed hizo un anuncio extraordinario: según sus estimaciones económicas para los próximos trimestres, y teniendo en cuenta el impacto que pueda tener sobre el crecimiento la aplicación del plan de reducción del déficit fiscal aprobado en el Congreso (cuyo propósito es reducir el déficit en 2,8 billones de dólares), la autoridad monetaria se comprometió a mantener los tipos de interés oficiales en el rango mínimo de 0% y 0,25% hasta mediados de 2013. En palabras de Bernanke, el propósito de esta inusual decisión es hacer todo lo necesario para la recuperación económica, dado que considera acotados los riesgos de inflación. Adicionalmente, la Fed seguirá reinvirtiendo los intereses y el principal de la deuda pública y de los bonos hipotecarios que tiene en cartera. Sobre la cuestión de eventuales medidas adicionales de política monetaria cuantitativa (el denomiando Quantitative Easing 3, QE3), aunque no hizo mención explícita a las mismas, sí que manifestó la predisposición de la entidad para actuar sin reparos en cuanto considerasen que las condiciones económicas y financieras lo requieren. En definitiva, todo apunta a que a corto plazo el enfoque de la Fed es proporcionar unas condiciones extremadamente laxas, y que el debate sobre la «estrategia de salida» vuelve a quedar aplazado para más adelante.

En la eurozona, el Banco Central Europeo (BCE), en el contexto de su estrategia de normalización iniciada en abril, aumentó el tipo de interés rector en 25 puntos básicos hasta alcanzar el 1,5% en la reunión de julio, para posteriormente mantenerlo en la cita de agosto. El movimiento, que ya había sido anticipado por el propio presidente de la entidad, Jean-Claude Trichet, se justificó como respuesta a la persistencia de riesgos inflacionistas significativos a medio plazo. En efecto, el sesgo del mensaje en ambas reuniones estuvo claramente dominado, al igual que en meses anteriores, por el objetivo de asegurar la estabilidad de precios en la región, bajo la consideración de que los fundamentos económicos aconsejan, en opinión del BCE, una progresiva normalización de las condiciones monetarias. No obstante, en las últimas semanas, y al hilo de la moderación del crecimiento y el abaratamiento de las materias primas, las expectativas del mercado sobre la actuación futura del BCE han experimentado un cambio drástico, hasta el punto de que ahora ya no se esperan más subidas de tipos durante lo que queda de año.

En cuanto a las medidas monetarias no convencionales, el BCE decidió mantener las medidas ya existentes (facilidades ilimitadas de liquidez a 1 y 3 meses). En la reunión del 4 de agosto, las amplió con una subasta de liquidez con las mismas características que las anteriores pero con vencimiento a 6 meses, en respuesta a las dificultades de financiación que algunos bancos de la región siguen encontrando a causa de la crisis del crédito soberano. Sobre su labor en la resolución de la crisis de deuda soberana, el BCE ha adoptado un papel muy activo, siempre con el fin de reducir la tensión en los mercados de crédito y sostener el nivel de confianza de los inversores. De una parte, el BCE suspendió la aplicación del umbral mínimo de calificación a los activos emitidos por el Gobierno de Portugal a la hora de recibirlos como colateral de sus préstamos. De otra, participó en la negociación del segundo rescate financiero de Grecia y en el acuerdo de flexibilización de las competencias del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera. En las primeras semanas de agosto, ante la creciente incertidumbre por el contagio de la crisis de deuda soberana, el BCE reanudó con determinación las compras de bonos de los países en dificultades, en concreto bonos emitidos por los Tesoros de España e Italia.

Por su parte, el tono de la política monetaria de los países emergentes continúa siendo restrictivo, en respuesta a la avanzada fase del ciclo económico en la que se encuentran. El elevado ritmo de actividad alcanzado en los últimos dos años ha dado lugar a síntomas propios de situaciones de sobrecalentamiento económico. Elementos como el aumento de las presiones inflacionistas en los productos de consumo básico, el exceso de crédito y la formación de burbujas en algunos activos son más que suficientes para que las autoridades monetarias de estos países sigan adoptando medidas restrictivas de política monetaria. El ejemplo más representativo ha sido el banco central de China, que acordó la quinta subida de tipos en ocho meses (aumentando 25 puntos básicos el tipo rector hasta el 6,56%), como medida para frenar una tasa de inflación que ha escalado a niveles demasiado elevados. No obstante, en los últimos meses ya se ha empezado a observar una moderación en la expansión del crédito y la actividad, que sería compatible con el inicio de un «aterrizaje suave» y, posiblemente, la finalización de la etapa de endurecimiento monetario.

Bajo este marco de estrategias de política monetaria dispares entre Estados Unidos y la eurozona, los tipos de interés de los mercados interbancarios han evolucionado en función de las expectativas de los inversores sobre las actuaciones de las respectivas autoridades monetarias, así como al compás de los acontecimientos en torno a la crisis de deuda soberana y sus repercusiones sobre la financiación de los bancos.

En el caso del mercado norteamericano, los tipos interbancarios experimentaron entre julio y agosto un leve incremento, como resultado de la incertidumbre en torno a las negociaciones sobre el techo de endeudamiento y por la preocupación sobre la salud del sector bancario internacional. Pero este aumento, atribuible a las primas de riesgo, ha sido muy modesto si se compara con lo acontecido en otoño de 2008 tras el colapso de Lehman Brothers. En este sentido, el anuncio de la Fed de retrasar las subidas de tipos de interés hasta dentro de dos años, se presenta como elemento clave para que se preserve la estabilidad en este mercado de cara a los próximos meses.

La evolución ha sido algo más agitada en el caso del mercado interbancario europeo. El tipo de interés euríbor a un año moderó su ascenso en julio, situándose en niveles cercanos al 2,20%, a la vista de las muestras cada vez más claras de moderación del crecimiento mundial. En el transcurso del mes de agosto la evolución fue a la baja por primera vez en el año, movimiento que además esconde una notable divergencia entre los elementos integrantes de este tipo de interés. Por un lado, el componente libre de riesgo protagonizaba un notable descenso, en respuesta a la expectativa de los inversores de que la desaceleración global acabará afectando a Europa y llevará al BCE a detener su estrategia de subidas progresivas del tipo oficial. Por el contrario, las primas de riesgo (de crédito y de liquidez) se incrementaban notablemente, a medida que se constataba un aumento del deterioro de las crisis de deuda soberana y una cierta desconfianza entre las entidades financieras a la hora de prestarse fondos. Esta circunstancia provocó, simultáneamente, un aumento de la demanda de financiación de las entidades bancarias al banco central.

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