edición: 2829 , Lunes, 21 octubre 2019
07/06/2011
Nuevos bancos y empresas del Estado, a la caza del capitalismo popular

Resucitan las ‘matildes’ para hacer 4 millones de accionistas

Los ahorradores no se olvidan de las ‘puntocom’ que se llevaron por delante ahorros y confianza
Juan José González

De nuevo el capitalismo popular a escena, esta vez de la mano de un sector con necesidades de capital, el de las cajas de ahorros y sus nuevos bancos, unos más y otros menos, pero todos apelando al sentido más popular del dinero, aquel capitalismo que tanto éxito y furor inversor alcanzó de la mano de la entonces Compañía Telefónica Nacional de España -hoy Telefónica- con las populares ‘matildes’. La fórmula seduce a los responsables del marketing financiero contratados al efecto –la salida a Bolsa- de los principales grupos de cajas que buscan el éxito en las colocaciones en marcha. Una batalla, la de la filosofía popular de las ‘matildes’, en la que estas entidades, a través de sus nuevos bancos, tendrán enfrente a un serio competidor, público, con fuerza mediática y con la ‘garantía del Estado’, para explotar. Igualmente, el concepto de inversión popular. Unos y otros contarán con el mismo handicap: José Luís López Vázquez no estará disponible para entrar en una oficina bancaria, echar la ‘bonoloto’ o esperar en un aeropuerto nacional.

Las maquinarias de marketing de tres de las principales entidades financieras españolas, ya están en marcha. Planes y calendarios combaten en el tiempo contra el tiempo, y con dinero buscan más dinero. Si las operaciones de salida a Bolsa son costosas –múltiples intermediarios- la apelación al dinero privado lo es mucho más. Intermediarios y asesores le están diciendo a Caixabank, Bankia y Banca Cívica que el mercado esta duro y difícil, que los recursos escasean porque las perspectivas de empleo y ganancias empresariales tienden a la baja. Así las cosas, los vendedores se aprestan a sacar del armario –de hace ya medio siglo- fórmulas populares para atraer a los inversores y la atención y favor de los ahorradores particulares. Y aquí es donde aparece la filosofía ‘matildes’, que encaja como anillo al dedo de las aspiraciones de unos –los colocadores bancos y empresas públicas- y otros –particulares y fondos-.

Aquella venta de los años 60, era un llamamiento a la mujer, a su capacidad de ahorro y a su capacidad de decisión en el hogar, entonces y en teoría, muy limitada pero que las encuestas y demás estudios insistían en situar al frente de las decisiones en materia de inversión. Y así fue como la CTNE, ‘la Telefónica’, penetró entonces en los hogares españoles para decirles a las amas de casa que no dejaran de comprar acciones de la compañía del teléfono porque cobrarían un cupón –dividendo- cada seis meses: se irían a la cama, seguras de que sus ahorros les estaban rentando una cantidad suficiente como pensar que se trataba de una buena inversión, es decir, un dividendo cada seis meses.

La idea -el pago o devengo de un interés, dividendo o cupón- se quiere recuperar ahora de la mano de Loterías y Apuestas del Estado, buena idea en principio pero que los responsables deberán meditar sobre su sostenibilidad cuando vengan mal dadas, como mal dadas le vinieron a la ONCE en su día, con las consabidas consecuencias.

Lejos de aquella coyuntura en la que las ‘matildes’ fueron todo un éxito de recaudación, fidelización e identificación con lo que significaba un nuevo concepto –inversión- pero sin saber que la apuesta tenía un riesgo, nos encontramos en la actualidad con que el capitalismo popular ha cogido un miedo desde la crisis de las punto.com que no es capaz de borrar de la memoria. El capitalismo popular desconocía la variable especuladora que conllevan la mayoría de las inversiones, siendo esta una de las más conocidas y populares en los últimos tiempos, a través de numerosos fracasos sonados.

Los expertos suelen recomendar la inversión en empresas que devenguen buenos dividendos. Es una estrategia que no suele fallar y que tiene especial importancia en ciclos turbulentos como es el actual desde 2007. Los dividendos cuentan con la ventaja de seguir la evolución de la inflación, luego se puede asegurar que están cubiertos de posibles tensiones inflacionistas. Incluso, como es el caso, pueden subir en momentos en los que la empresa mantiene sus resultados y la inflación es muy baja.

Se supone que las sociedades que salen a Bolsa en 2011 y siguientes, apliquen las técnicas de coberturas para limitar la volatilidad de las carteras, puesto que el inversor popular al que se quiere conquistar con estas operaciones, es probable que a la mínima bajada fuerte de la cotización se vea tentado a vender y salir corriendo, olvidándose del dividendo. Pero más complicado parece que algunos de los nuevos bancos y, al menos, una compañía, o ente estatal, vayan a ser capaces de aplicar el modelo ‘matildes’, pues para ello es necesario obtener beneficios y que además sean distribuibles –no vale en este caso, la fórmula de moda del scrip dividend adoptada por Santander, BBVA, Popular…-.

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