edición: 2346 , Viernes, 17 noviembre 2017
08/09/2015
El BCI envía el mensaje

Las empresas descuentan un ajuste presupuestario para 2016

Menos ventas y menos empleo
Juan José González
Tras las elecciones, el nuevo Gobierno se verá obligado a revisar la previsión de crecimiento económico. Lo hará con independencia del signo político del ganador que salga de las urnas; si repite el actual el ajuste tendrá en cuenta la coyuntura, y si no el nuevo aplicará sus propios matices ideológicos, pero en todo caso habrá revisión. Llegará con unos Presupuestos Generales del Estado para 2016 ya aprobados, y coincidirá en el tiempo con la Navidad y la `artillería´ propia de las celebraciones de fin de año. El Banco Central Europeo (BCE) no ha enviado buenas noticias a un Gobierno que ya tiene en marcha la maquinaria política electoral, en busca de una nueva mayoría porque las previsiones de la entidad recortan los pronósticos de crecimiento de la Eurozona para el próximo año en dos décimas. Y esta es la causa que obligará al Ejecutivo español a una corrección, o adaptación de su previsión, a la baja, más acorde y realista con los nuevos pronósticos del banco central. Las empresas españolas ya descuentan el ajuste: menos ventas y menos empleo.
La revisión del crecimiento del PIB sobre el que el actual Gobierno ha construido sus presupuestos generales para el próximo año, ya está siendo descontada por algunas grandes empresas en la elaboración de sus presupuestos. Conscientes de que si las previsiones del BCE rebajan dos décimas el PIB de 2016 (y hasta cuatro décimas menos para 2017), es razonable que la consecuencia de menor actividad se traslade a su propia actividad y, por tanto, consigan menos ingresos. De la misma forma que ajustarán las ventas, sucederá también con la demanda de nuevos puestos de trabajo. Por tanto, la revisión tendrá un claro impacto desfavorable en la economía española.

Ayer China reconocía que su economía había crecido en 2014 una décima menos que el dato anunciado inicialmente y dos décimas inferior a su objetivo. De China llegan abundantes noticias desde el mes de agosto y ninguna buena para las economías occidentales. Para España tampoco, si bien hay que pensar en que la relación de las dos economías es de muy baja intensidad, es decir, los intereses económicos españoles no se verían tan afectados como otros socios europeos, caso de Alemania, Italia, Reino Unido o Francia. Es por ello que el freno en la expansión de la economía china producirá un impacto indirecto en la española como consecuencia del impacto directo en sus socios.

La preocupación por el mensaje enviado por el BCE sobre la rebaja de crecimiento económico para 2016 y 2017, sin embargo, se ve potenciada por las malas expectativas de la economía china como también, y en este caso con impacto muy directo, por las incertidumbres de los países emergentes. En concreto, Brasil, la primera economía latinoamericana, ya se encuentra en recesión, afectando a los intereses de las empresas españolas que están presentes en aquel mercado como las que mantienen una relación comercial de exportación. Relaciones que afectarán a las empresas españolas porque la industria brasileña demandará menos bienes, los servicios frenarán su crecimiento y el sector agrícola, con una fuerte contribución al PIB local, bajará su rendimiento.

Brasil, China (sin olvidar a Grecia) son razones suficientes como para pensar en que la revisión del BCE no es ni caprichosa ni prudente, sino obligada. Lo que antes del verano eran sospechas, indicios y probabilidades, se han visto confirmados durante el mes pasado. Por tanto, si las cuentas pasadas reflejaban una coyuntura determinada, el escenario es ahora distinto y obliga a cambiar algunas cuentas, entre ellas, las recogidas en los Presupuestos Generales del Estado, quizá prematuro y empachado de iluso optimismo, sólo justificable por el argumento de ser una pieza fundamental de `venta electoral´.

El escenario vuelve a ofrecer un contraste radical, podría decirse que envidiable para unos gobernantes europeos que hoy se preparan para controlar el frenazo que les llega a sus economías. Al mismo tiempo, serán testigos, a distancia, de cómo la economía de los Estados Unidos circula ya a una velocidad cercana al 4% de expansión y disfruta de una situación próxima al pleno empleo. Contraste que debería provocar una reflexión europea.

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