edición: 3073 , Viernes, 23 octubre 2020
26/03/2020
Antes del 11 de marzo se estimaban ganancias del 10%

Revisión de expectativas de beneficios empresariales con caídas del 30%, irrecuperables hasta 2021

En las esperanzas de recuperación, el rebote de los mercados, se encuentra la salvación de los beneficios empresariales, una hipótesis de la que sólo desconfían los pesimistas
Juan José González
Había comenzado el año con la seguridad avalada por un crecimiento económico al ralentí. Los institutos públicos y los análisis interesados de los bancos de inversión no eran muy optimistas, se movían entre el freno y la desaceleración en el distinto crecimiento de las economías europeas, como se sabe, en función de la latitud. En este escenario, las empresas hacían sus cuentas y estimaciones previsionales para el año en curso con unas expectativas de avances de beneficios del orden del 10%. Una estimación prudente pero a la vez optimista porque tenía en cuenta que en el ejercicio anterior se anunciaba fiesta y esta no llegó. Luego hasta los más pesimistas abrigaban la idea de recuperar en 2020 el tiempo perdido, los beneficios incumplidos el año antes. Pero de repente se fue la luz y el apagón general obligó a rehacer las cuentas: las previsiones iniciales para 2020 eran como poco una utopía hasta el 11 de marzo en el que comenzó a sonar la señal de alarma en los principales cuarteles empresariales. Tocaba revisión y urgente. Y las nuevas estimaciones de beneficios para el ejercicio se mueven entre una optimista caída del 30% y otra más agresiva del 45%. Los analistas huelen desde esa fecha la catástrofe y sólo se consuelan con la esperanza de un rebote que llegará cuando concluya la pesadilla y que se espera sea de similar potencia que la fuerte caída que se registrará cuando se conozcan las cifras del segundo trimestre.
Ahora los inversores, y en menor medida los analistas, sueñan con un rebote de los mercados y que estos se trasladen a la recuperación de los negocios, las ventas, los cobros y demás y que en este nuevo escenario, por ahora idílico, el rebote sea un hecho. Y, sin embargo, no todos tienen confianza en que el rebote, cuando llegue, sea de igual intensidad que consiga anular la caída. En términos de beneficios bancarios, la corrección en el momento en que se tuvo la certeza de que el zarpazo sería de grandes dimensiones, se estimó que las pérdidas por impago provocarían una caída de la facturación de los negocios del 50%.

A los pocos días de conocer el alcance de la crisis sanitaria y tras los anuncios de los planes de acción de las autoridades del BCE, con inyecciones de liquidez y todas las medidas necesarias para aplacar la crisis, se sucedían las declaraciones de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, así como las medidas de apoyo anunciadas por el Gobierno español, consiguieron moderar las estimaciones de la del 50% en la facturación de las empresas. Las medidas adoptadas por las autoridades europeas recordaron aquellas más drásticas aplicadas a los bancos en 2018 cuando las pruebas de solvencia señalaron que el sector tenía un problema importante si se presentaba un escenario económico adverso.

En cualquier caso, los analistas ya están adelantando una situación compleja para la actividad bancaria, a pesar de que la salud de los fondos propios se encuentra en buen estado, en cifras que se podrían considerar históricas en capitalización, todo un mérito de la política de los reguladores, siempre contestada por el sector pero que ahora, en la antesala de otra crisis -recesión en economía- parece que puede dar sus frutos. Al menos, la política macroprudencial del BCE con los bancos se puede considerar como una buena enseñanza aprendida de la última crisis del sector bancario.

Si las previsiones sobre la caída de beneficios en el sector financiero son tan elocuentes como parece, en otros sectores de servicios e industriales no lo son menos. Es el caso de las compañías aéreas o de las petroleras, que han pasado de una previsión positiva en 2020 a situarse en pérdidas en beneficios superiores al 80% y 95%, y sin descartar las pérdidas. Para esta última posibilidad serán necesarios dos trimestres más para concluir resultados. Pérdidas que por otra parte tienen una segunda consecuencia, como es la implicación de todos los sectores de actividad a los que alcanzarían los números rojos, y en este sentido, el sector bancario se vería salpicado por la caída del transporte aéreo, del energético y del industrial.

Surge ahora, a la vista de los resultados catastróficos de los mercados, el bursátil y el del petróleo son los más elocuentes, si no deberían las autoridades, los supervisores del mercado y demás, haber actuado de forma coordinada y cerrar los mercados hasta que su hubiese eliminado el grueso del pánico. A la vista de las consecuencias lamentables para los inversores, queda en evidencia que la medida de limitar la operativa de cortos, primero por un día, luego por un mes, ha sido insuficiente. Y la ausencia de una medida más contundente, como hubiera sido el cierre temporal, ha puesto en la bandeja de los grandes fondos especuladores los ahorros de millones de pequeños (y no tan pequeños) inversores. Quién sabe si no es la salida del mercado bursátil de los pequeños ahorradores lo que en última instancia pretendían las autoridades del mercado.

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