edición: 3007 , Viernes, 10 julio 2020
13/01/2009
Termina otra batalla y comienza la guerra por el gas

Rusia condena a la UE a un viaje a ninguna parte

Después del conflicto de suministro, Moscú prepara la escaramuza de precios y rutas
Ana Zarzuela

Moscú recoge las redes de la confrontación y con ellas sus trofeos: los observadores propios, el cuestionamiento a Ucrania, los precios más cercanos a los del mercado europeo y la potenciación de la vía Bielorrusa. Europa tiene aún los pies fríos, la cabeza caliente y los precios y las rutas para su gas aparcados otra vez en el limbo ruso. Gazprom ha ganado ya la escaramuza del frío y la del miedo: deja que Europa chapotee en la celebración del retorno del gas antes de mostrarle de nuevo el mismo punto de partida. Lo advierte, negro sobre blanco, el diario paraestatal Vedomosti: si los europeos no encuentran una alternativa al gas ruso, el conflicto se hará eterno. Alexei Miller comienza su viaje al corazón de Europa: el presidente de Gazprom cosechará desde esta semana las pruebas de tanto ‘entusiasmo’ puerta a puerta. Necesita embriagar sus arcas con el humo de la pipa de la paz europea cuando el ruido de sables se acalle.

Las batallas del gas están casi acabadas, pero la guerra no ha hecho más que comenzar. Moscú ha coreografiado tres danzas de la reconciliación para vestir la rendición sin condiciones de Ucrania y el beneplácito de la UE. Medvedev y Putin le han recordado a los Veintisiete la vulnerabilidad de sus murallas por el camino de la asfixia ucraniana. Kiev no ha tenido más remedio que asumir que hay una deuda pendiente y dar la callada por respuesta ante las acusaciones de robo. Aviso para navegantes, las tarifas en Tayikistán subirán el 54% -hasta los 301 dólares- desde finales de mes. La empresa importadora de gas húngara EMFESZ respira por el espejo de Moscú y ya ha demandado a la ucraniana Naftotas por incumplir contratos.

Ni el restablecimiento de los suministros de gas a Europa por el territorio ucraniano ni la comisión multilateral de control -integrada por Gazprom, Haftogaz, delegados estatales de Rusia y Ucrania, representantes de las compañías  europeas que compran el gas ruso y expertos de una auditora independiente- son más que las ofrendas de tregua para nuevos hitos en la confrontación. No se resiste a jugar con el grifo del gas y ahora que ha vuelto a girar la llave, Moscú aprovecha que su venganza pasa por Kiev para venderle más y más caro a la UE. Y lo prefieren por los caminos de Bielorrusia y Turquía. No es casual que para los próximos meses Gazprom tenga en su horizonte oficial pagar unos 625 millones de dólares para elevar su participación de control en la red nacional de gasoductos de Bielorrusia. Ya durante la anterior crisis, en 2006, incrementó en un 25% el suministro con destino a los países europeos a través de esta ruta alternativa. Un camino que permite al Kremlin -que acaba de sellar un acuerdo con Bielorrusia- vender el gas más caro y sin pasar por los recelos de Kiev.

El vicepresidente de Gazprom, Alexander Medvédev, calcula que los países miembros de la UE tendrán que pagar el próximo año entre 260 y 300 dólares por cada mil metros cúbicos del gas ruso. Ucrania paga 179,5 dólares por cada 1.000 metros cúbicos de gas, y espera que esta cifra no supere los 240 dólares en 2009. Nada más lejos de la bitácora de Moscú y Gazprom, que  promete cobrarle a  Naftogaz 470 dólares -el mismo precio de mercado al que ella lo vende a los países limítrofes de la Europa del Este- aunque a cambio la compañía rusa tenga que asumir el precio de mercado para el tránsito en Europa, 3,4 dólares por tonelada métrica por cada 100 kilómetros, en lugar de los 1,6 dólares que Rusia desembolsó durante 2008.

La guerra del gas le ha servido a Gazprom para bautizar la OPEP del gas que capitanea, opacar con amenazas las negociaciones pendientes con E.ON, RWE, GDF y Eni y hacer del miedo el embajador de la pinza de precios que necesita con urgencia para suplir las líneas rojas de su producción. Ahora que despeja la batalla del suministro, son las tarifas y las vías de distribución lo que está en cuestión. Con la deuda pisándole los talones, el presidente de Gazprom ha comenzado una gira por la UE para cosechar los resultados de su campaña de miedo, en precios, acuerdos y promesas de consumo. Razón de más para estrecharle el cerco a los Veintisiete. Sabe que será ahora o nunca, antes de que pueda prosperar alguno de los tratamientos de choque contra la pinza moscovita: el recurso al GNL, el aumento de la capacidad de stock de los Veintisiete, la diversificación de los proveedores, o la reducción de las infraestructuras terrestres. 

EUROPA, SIN PUNTOS DE FUGA

Alguien tendrá que pagar la factura de 800 millones de pérdidas de la ‘guerra del gas’ y Putin y Médvedev ya le han puesto apellido. Si Kiev no la asume, Bruselas abonará el peaje. El gigante ruso ha ahogado a E.ON, RWE, GDF-Suez y Eni con la misma alfombra roja con la que ellas le adornaron sus atajos comerciales y accionariales al corazón de Europa. Y volverá a hacerlo si sus escaramuzas no resultan. Le han dejado claro a Moscú que ni la ‘cláusula Gazprom’ -aprobada a pesar del desencuentro entre los Veintisiete- ni la mano tendida de Merkel, Sarkozy y Berlusconi y los acuerdos recién firmados dan para mucho más que la servidumbre. Y los atajos centroeuropeos, magrebíes y asiáticos le han demostrado a Moscú que todos los caminos rusos del gas conducen a Europa. Sobre todo ahora que GDF-Suez, E.ON y ENI siguen dispuestos a ser sus introductores de embajadores.

La Unión Europa ha estrenado la primera experiencia de asociación entre la UE y un país de la orilla sur del Mediterráneo con una donación a Marruecos de 76,66 millones de euros para del programa de reforma del sector energético. Pero propuestas como la del puerto belga de Zeebruges, que asegura ser capaz de aprovisonar Bélgica y Europa Occidental con Gas Natural Licuado (GNL) son aún un espejismo. Lo sabe RWE, que ha tenido que recurrir a Noruega para hacer frente a una caída del 5% de su suministro. Y París: no es casualidad que un Nicolas Sarkozy recién  defenestrado del trono europeo se apreste a ser embajador de buena voluntad con Moscú y Alexei Miller. Todo con tal de que sus promesas en las narices de GDF-Suez no se cumplan. Al menos no tan pronto.

Sólo el gasoducto Nord Stream se le puede complicar a Gazprom. GDF-Suez, E.ON, Total  y  ENI están dispuestos a ser introductores de embajadores.  Todos los países de Europa centromeridional han firmado acuerdos bilaterales con Rusia sobre suministro energético. Gazprom tiene en sus manos la principal arteria gasista de Europa, los 1.200 km del Nord Stream, la llave de su tranquilidad en cinco países y el 51% del accionariado de una tubería llamada llamado a cubrir hacia 2015 hasta el 25% de las necesidades de la Unión en las importaciones adicionales del gas natural, por mucho que el Parlamento Europeo y los países bálticos se opongan a su avance. Y, si nadie lo impide, también ejerce la pinza con la que cortar el bypass de Nabucco.

EL DEBATE ATÓMICO

Lo jura Eslovaquia, dispuesta a un conflicto diplomático con la Comisión Europea por la reactivación de la central nuclear V1 en Jaslovske Bohunice antes que a sucumbir de nuevo en la telaraña de Gazprom. Aun si el gas ruso vuelve a fluir con normalidad, el recién retomado debate sobre la energía atómica -un tema incómodo para Bruselas-, demuestra que las propuestas para conseguir una mayor independencia energética de Rusia empiezan a tener una dinámica propia.

La primera petrolera rusa se ha dejado rodar desde hace tres años por la cuesta de la voracidad. Hoy sólo cuenta con reservas para cubrir su demanda interna hasta 2010, su capitalización ha disminuido un 76% y los inversores internacionales han comenzado a deshacer posiciones en los ADR de la compañía, a la luz de su  elevada deuda y su dependencia de las decisiones de Vladimir Putin. Hace menos de una semana que ha tenido que pedir un préstamo al estatal Vneshekonombank (VEB) a 500 puntos sobre el líbor para refinanciar una parte de un préstamo que tomó de Deutsche Bank en 2004 y no ha tenido más remedio que reducir su participación en el banco Gazprombank al 25%, la mitad. A Gazprom se le afean los precios pero también el suministro, ahora que China puja más y mejor con Turkmenistán y Kazajstán. Necesita vender más, pero sobre todo le urge vender más caro. Saciar su liquidez; ejercer sin fisuras como ariete energético de las pretensiones de Putin y Medvedev y marcar el terreno a la competencia, a los accionistas de gasoducto Nabucco- la compañía austríaca OMV, la húngara MOL, la búlgara Bulgargaz, la rumana Transgaz, la turca Botas y la alemana RWE-, ahora que algunos habían comenzado a ‘patalear’ y que la presidencia checa amenazó con prescindir de Moscú y mirar al gasoducto del sur.

El pulso está servido, de lado y lado. Y Rusia ya acuna la amenaza de renunciar al dólar para sus exportaciones. Aviso para navegantes: habrá precios más altos. Y más gas, ya se lo ha dicho Gazprom a la cara de Sarkozy y GDF-Suez y delante de Wulff Bernotat, el presidente de E.ON, que ve cómo se chafan sus promesas a los clientes alemanes. El presidente de GDF pide reciprocidad, quiere su cuota de avidez en el mercado ruso, pero a Medvedev no le importa. Ha desplegado en su cara el desembarco parisino. Tanto que asusta el miedo de EDF, que pide ya un índice de tarifas europeas independientes. Pagan ya las facturas, desde hace meses los consumidores y las empresas teutonas: tras la última subida de un 25% en 2008, el precio del gas -dependiente de la armada energética rusa- podría subir este año un 40%, y un 75% en 2009 según los cálculos de la Cancillería. Y BP, si se consuma la entrada de Gazprom en el 50% del capital de KPN, pagará su alianza con el incómodo compañero de viaje.

BRUSELAS, DESARMADA

Bruselas se conforma con aprobar un texto de conclusiones en el que harán recomendaciones básicas para driblar la dependencia energética exterior de la UE. Barroso tantea a la posibilidad de que la UE emplee 5.000 millones de euros no utilizados del presupuesto comunitario para infraestructuras de interconexiones energéticas en la región báltica y el centro y el este de Europa. Eso es todo. La UE sólo ha conseguido enviar a ambos países observadores que controlen el suministro de gas natural hacia el territorio comunitario por parte de Naftogaz y Gazprom. Sus armas son comerciales: Gazprom necesita a sus clientes tanto como los Veintisiete a su gas. Bruselas ha buscado un atajo sahariano-nigeriano y promete acciones conjuntas ante la dependencia del gas ruso. Pero ni en París, ni en Berlín, ni en Roma, ni siquiera en Londres quieren afearle la foto a la gasista rusa y menos aún poner en cuestión -o meter al congelador- las negociaciones para un nuevo acuerdo de asociación con Moscú, que retomaron los Veintisiete justo después del ataque ruso a Georgia. Ni siquiera aunque 16 países europeos -11 de ellos de la UE- se hayan visto afectados en plena ola de frío.

Gazprom aprovecha y tiende los puentes a sus atajos sobre las espaldas del miedo europeo. Quiere ser el  grupo de referencia gasista de Francia. Y el de Italia, Austria y Bulgaria. Para empezar, promete triplicar su distribución en suelo galo para hacerla pasar de 1,5 a 3 millones de metros cúbicos en cinco años.  Gracias al canje de acciones recién sellado con E.ON atesora ya en sus manos la participación del 49% que E.ON Ruhrgas -su principal accionista extranjero- tiene en la compañía rusa ZAO Georoosgaz. Moscú, con la ampliación de su alianza con E.ON, avanza en el proyecto de gaseoducto submarino báltico, a pesar de las críticas de Polonia y Suecia. Acaba de anunciar la formación de una empresa conjunta con las italianas A2A e Iride para el suministro del gas natural a Italia entre 2008 y 2022. Si Total tiene en cuenta nuevos proyectos será con Gazprom, con la que ya comparte trabajo en el campo de Shtokman, en el Ártico. Enel produce ya el 5% de toda la electricidad que se genera en Rusia y está decidida a que lo que ha unido Serve  no lo separe nadie. Alemania -con un volumen de intercambio anual de 50.000 millones de euros con Moscú-, le ha reabierto las puertas con la oposición franco-germana a la segregación de las energéticas y le tiende la alfombra roja a la arteria de su penetración en la Vieja Europa.

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