edición: 2598 , Lunes, 19 noviembre 2018
08/11/2018

Rusia no estaría dispuesta a mantener los recortes de producción de crudo que pretende Riyad

Hay pocas posibilidades de que una nueva reducción de producción por parte de la OPEP sea secundada
Carlos Schwartz
Los precios del crudo se animaron esta semana por la inminencia de la reunión semestral ordinaria de la OPEP que se realizará el domingo en Abu Dhabi. El motivo es que algunos influyentes analistas consideran probable que Arabia Saudita ponga en la agenda de la reunión un nuevo recorte de la producción de crudo. El precio del barril ha caído desde su máximo de 86 dólares el mes pasado hasta un 17% cotizando levemente por encima de los 70 dólares. El problema es que el sentimiento del mercado es bajista porque, en contra de las previsiones, la oferta al mercado ha aumentado. Los artífices de la  reaparición de excedentes en los depósitos son Arabia Saudita, Rusia y Estados Unidos. Los dos primeros acordaron aumentar su producción este verano para evitar un incremento excesivo de los precios del combustible. 
El Instituto Americano del Petróleo (API por sus siglas en inglés) estimó que el crudo almacenado en el país había aumentado en la última semana en  7,8 millones de barriles. Por su parte la Administración de Información de la Energía estadounidense incrementó sus previsiones de producción diaria de crudo en el país hasta los 11 millones de barriles diarios para 2018 y 12 millones diarios en 2019. 

El gran problema que se le presenta a Arabia Saudí es que, para que una reducción de la producción de las naciones de la OPEP surta efecto apreciable, es necesario que los aliados externos del cartel petrolero se plieguen a ella, porque de lo contrario, si no limitan su producción pueden aprovechar la coyuntura y bombear crudo para tomar la delantera a los demás en sus propios mercados tradicionales. Esta es la disyuntiva que enfrenta Rusia. De acuerdo con fuentes del sector petrolero, Rusia tiene previsto aumentar su producción diaria en 300.000 barriles a principios del año que viene a menos que se alcance un acuerdo con Arabia Saudí.

Moscú se ha dedicado a bombear crudo desde junio pasado, tras un acuerdo con los saudíes para aumentar la producción, con el objetivo de desinflar los precios del combustible. En realidad este fue un pedido del presidente estadounidense Donald Trump a la casa de Saud gestionado diligentemente por el príncipe heredero y trasladado a Moscú. Sin embargo la escala de la nueva producción rusa ha desbordado las previsiones y en mayo el país estaba bombeando 450.000 barriles diarios más.

La decisión de la Casa Blanca de conceder exenciones para el embargo petrolero decretado contra Irán a varios países ha supuesto, además, que el efecto de las sanciones sobre la oferta al mercado sea menor de lo esperado. De acuerdo con operadores del petróleo en el Oriente Próximo Riyad intenta convencer a Moscú de la necesidad de recortes de producción al comienzo del próximo año para asegurar el equilibrio del mercado ante el temor que la caída de los precios del crudo se convierta otra vez en una avalancha imparable. 

De acuerdo con estas fuentes Moscú duda sobre si secundar un nuevo recorte de producción. Las petroleras rusas se han visto encorsetadas durante casi dos años merced a los pactos de Moscú con Arabia Saudita y la OPEP, que les han obligado a reducir producción en lugar de aprovechar la mejoría del mercado. Esto ha supuesto una limitación sería a la posibilidad de beneficiarse de la mejoría de los precios desde enero de 2017 hasta este verano. De acuerdo con estas fuentes Rusia podría aumentar la producción diaria en otros 200.000 a 300.000 barriles en pocos meses. 

Las petroleras rusas no han aumentado la producción de forma sensible durante ese periodo pero se han dedicado a la prospección y al desarrollo de nuevas perforaciones en las principales cuencas. Los analistas esperan que en la reunión del domingo Arabia Saudita defina sus objetivos de forma clara, pero esto dependerá de como de optimistas sean las previsiones de los países miembros de la OPEP. 

Los ministros del Petróleo de Arabia Saudita, Jalid Al Falij, y de Rusia, Alexander Novak, tienen previsto reunirse el fin de semana próximo en Abu Dhabi cuando la OPEP se encuentre para su reunión preparatoria de la asamblea semestral que se hace en Viena en diciembre. Novak tiene previsto reunirse esta semana en Moscú con las petroleras, sin cuyo concurso una reducción de producción sería inviable, pero es previsible que estas no quieran saber nada de seguir perdiendo mercado y ventas.

Es previsible que el objetivo del recorte esta vez no sea aceptado por el conjunto de la OPEP sin rechistar. Entre los analistas existe la convicción de que para mantener el equilibrio del mercado sería necesario reducir la producción en 1 millón diario de barriles de crudo.

El Gobernador iraní de la OPEP, Hossein Kazempour Ardebili, coincide con esta cifra de reducción de crudo pero critica con dureza el incremento de producción acordado por Rusia y Arabia Saudita este verano a solicitud de Washington “y con la intención de robar clientes a Teherán.” De acuerdo con el ministro iraní, existe la sensación dentro del resto de los productores de la OPEP de que Riyad y Moscú “han reaccionado con exageración ante la situación del mercado, empujados por la retórica estadounidense y han traspasado los límites acordados sin autorización previa de la OPEP.”

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