edición: 3097 , Viernes, 27 noviembre 2020
06/10/2020
banca 
En el tramo final de la consolidación bancaria

Sabadell decide su suerte en la repesca entre ser comprador (Kutxabank) o comprado (BBVA)

Las valoraciones para el canje de acciones marcan la carrera contrarreloj que obliga a los pretendientes a dar el paso definitivo, con la presión de los supervisores pero también conscientes de que es la segunda, y última, oportunidad
Juan José González
El paso del tiempo está ayudando y obligando a que el escenario de la consolidación bancaria se clarifique y defina, apurando las posibilidades de unos y otros, al tiempo que se van reconociendo debilidades presentes y problemas futuros. La fusión de Caixabank y Bankia ha servido para eliminar el óxido que mantenía obstruida la maquinaria de las operaciones corporativas. Y la confirmación de una muy previsible fusión de Unicaja y Liberbank confirma que ya está engrasada y lista para el arranque. Está en marcha la consolidación financiera que tanto reclamaban las autoridades bancarias europeas. En el escenario esperan con impaciencia bien disimulada los protagonistas de la que será, previsiblemente, la segunda gran operación bancaria en el mapa de entidades españolas: BBVA y Banco Sabadell. Antes de la fusión Caixabank-Bankia, los bancos de Carlos Torres y Josep Oliu estaban considerados como elementos variables de una ecuación bancaria que debía ser despejada en los próximos meses. Pero después de la primera gran fusión se han convertido en elementos fijos, constantes e invariables de la ecuación. Ahora sólo resta que se resuelva. No es fácil adelantar acontecimientos porque todos se mantienen enrocados, reservados. Sus movimientos pueden ser mal interpretados. Al respecto, una fuente bancaria invita a matizar cualquier información: "mantener conversaciones no significa estar negociando".
Sobre el estado de las fusiones, ya se sabe, nadie habla con nadie y todos cuentan con una hoja de ruta clara y un plan estratégico meditado y muy preciso que asegura y garantiza el crecimiento futuro del banco. Hoja de ruta para maximizar la rentabilidad, para crear valor en solitario, para los accionistas... asegura Sabadell. En BBVA se sienten "cómodos", todo está muy claro en la estrategia, siempre analizan todo lo que se mueve por si pudiera interesarles. Recordar que en su día pusieron la lupa sobre el Banco Popular y no vieron clara la operación. La lupa de Santander no falló y parece que les va bien.

Sobre el papel, todas las posiciones parecen bien planteadas. Pero al final, todos terminan por admitir que son necesarios cambios en las estrategias y ajustes en las hojas de ruta. El primer razonamiento que esgrime un banquero es que el negocio, en las actuales condiciones de mercado, no es rentable, no da para más; sin entrar en detalles, la enumeración de los problemas económicos, normativos y políticos es tan extensa y de tal calibre que acaba justificando una operación corporativa, una fusión. En realidad, las cifras cantan y muestran que la rentabilidad cae y que es menos rentabilidad con el paso de los trimestres.

Mantener las posiciones se ha convertido en una elección de fuerza, de resistencia, pero también de segunda oportunidad. Sabadell ya ha perdido la suya: Bankia. Se la ha llevado el más listo y más cauto, Caixabank. BBVA se ha dormido en la Vela: el Popular pasó por delante y se fue a Boadilla del Monte. Y cada vez está más extendida la sensación entre los accionistas de uno y otro banco, de que las oportunidades pasadas fueron desaprovechadas: Santander ya ha demostrado que Popular era una buena ocasión, un negocio. Y Caixabank demostrará que Bankia también lo es. Pero BBVA y Sabadell han dejado escapar buena parte de su futuro.

Ahora, el mercado, los accionistas, la competencia, el público y los supervisores, ya saben que Sabadell y BBVA, en la repesca, tienen activado el plan B en sus maquinarias, lo cual modifica sustancialmente la valoración de las nuevas oportunidades, cada vez más reducidas. Así, Sabadell cuenta con dos opciones: la vía puramente vasca: Kutxabank, y la vía nacional (y también bastante vasca) BBVA. La carrera para Oliu se presenta con un perfil de pendiente leve que tiende a endurecerse. Y además corre contra el reloj; entre la pendiente y el tiempo las oportunidades son menores y mayores las dificultades: el precio, el canje, los ajustes... 

Y Sabadell ya no puede esperar más tiempo en solitario, se apuran sus opciones y es probable que incluso ya haya llegado el momento en el que no tenga más opciones que la de esperar con la puerta abierta para que pase el primer pretendiente, hasta ahora sólo potencial pues parece que su estrategia pasa por hacer esperar (y desesperar) y quizá bajar el precio del pretendido para un canje más favorable. Y este, obviamente, no es otro que BBVA.

Oliu y Torres ya han hablado en varias ocasiones en el último año, son dos perfiles muy diferentes pero que con mucha capacidad para el entendimiento. Una posible unión de BBVA y Sabadell es contemplada en el mercado con prudencia dada la gran diferencia de tamaño entre ambos y los problemas que uno y otro aportarían a una posible operación: Sabadell con complicada situación de TSB en Reino Unido y BBVA, nada menos que con México y Turquía a las espaldas. Pero al final, el sorteo de las fusiones parece que tendrá más papeletas de BBVA y Sabadell que esta con Kutxabank. La entidad catalana perdería relevancia con BBVA mientras que seguiría manteniendo personalidad y mayor tamaño si elige a Kutxabank. En cualquier caso, el tiempo corre y no a favor de Sabadell ni de BBVA.

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