edición: 3102 , Viernes, 4 diciembre 2020
16/10/2020
banca 
Sería como matar dos pájaros de un tiro

Sabadell y BBVA, los supervisores prefieren el cóctel de problemas aunque sea explosivo

La depreciación bursátil de Sabadell y de la divisa turca de BBVA, presionan en el tramo final de la operación más esperada, y si la suma de problemas se mostraba como un inconveniente, ahora los supervisores la ven como una ventaja para la fusión
Juan José González
Las aguas bajan revueltas en el río por donde navega Banco Sabadell. Pierde en Bolsa más de un 80% de lo que figura como valor de la sociedad en Libros y un porcentaje similar la depreciación de sus acciones en el mercado de renta variable. Los inversores, pillados en parte por los malos cálculos de una intensa especulación, se ven obligados a seguir la corriente, la que les llevará a buen seguro a una operación que el mercado estima como inminente, aunque en realidad la entidad de Josep Oliu cuenta con otras opciones, nacionales e internacionales. En los últimos días, sin embargo, se ha detectado algún movimiento (especulativo, como no podía ser de otra forma) de fondos de inversión (el norteamericano Samlyn Capital) que recuerda la estrategia reciente seguida por Liberbank para dar entrada a un gran fondo, en este caso, no necesariamente Samlyn Capital, dada su controvertida fama en el caso del Banco Popular de nefasto recuerdo. En todo caso, la presión que soporta en los dos últimos meses el Banco Sabadell daría para pensar que, o bien la operación (fusión) está muy cerca de hacerse pública, o bien, que la operación se encuentra en un momento de descuento, fase ideal para especuladores (sobre todo bajistas). Por otro lado, no debería extrañar la intensa volatilidad que vive en las últimas semanas el valor, pues las expectativas de cambio son ahora mismo la tónica dominante en torno al valor.
Bajan también, igualmente revueltas, las aguas para el banco de Carlos Torres, siendo de esta forma que el cúmulo de problemas que sumarían las dos entidades haría casi imposible la unión de ambas, a menos que el supervisor lograra convencerles de que está dispuesto a asumir un problema mayor. Es una visión diferente a la que puede estar descontando el mercado, volcados los analistas financieros en la venta interesada de la unión de BBVA y Sabadell. Diferente en tanto que para el supervisor bancario europeo sería lo más parecido a matar dos pájaros de un sólo tiro, o de otra forma, a contar con todos los problemas en la misma cesta, sin importar el tamaño de esta.

Al margen del movimiento de Samlyn Capital (conocido por haber dejado huella en la CNMV al superar el 0,5% del capital) en los últimos días previos al puente festivo, una entidad española, la más nombrada y, al parecer, la favorita en las apuestas de los expertos, BBVA, sufría uno de los golpes más fuertes de su filial turca -Garanti- por la enésima depreciación de la divisa del país, algo que se reflejará en las cuentas del cierre del año, dado que el quebranto -el mayor en los últimos meses- figurará en el cuarto trimestre. 

Si la depreciación bursátil en el caso de Banco de Sabadell es uno de los problemas a los que ahora mismo tiene que hacer frente la entidad, no es menor el que tiene que gestionar BBVA en su filial turca, Garanti, en caída libre por el parón de la actividad empresarial y de consumo que vive el país como consecuencia de la pandemia. Es decir, dos entidades bancarias con problemas extras al típico que comparte el sector bancario por la caída de la rentabilidad. Dos problemas, el bursátil y la divisa turca, que se pueden considerar como crónicos mientras dure la pandemia y no se consiga la remontada económica.

Vista la posibilidad de una fusión entre las dos entidades como un cóctel de problemas que no haría, si no, agrandar el problema, la operación es desaconsejable desde la óptica financiera y del negocio. Nadie se imagina a los accionistas reunidos en sus juntas respectivas para aprobar una unión con vicios o defectos de forma, con inconvenientes que seguramente se reflejarán en el valor de las acciones del teórico nuevo banco. Los accionistas, como los consejos de las dos entidades, conocen mejor que nadie el estado de salud de sus balances, y los problemas.

Sin embargo, esta visión del cóctel explosivo de problemas de una fusión BBVA-Sabadell no parece ser compartido por los supervisores bancarios -el BCE y el Banco de España- en la medida que consideren el cóctel de problemas como la mejor estrategia para centralizarlos en una misma cesta, en un mismo paquete para su tratamiento. En opinión de uno de los supervisores, resultaría más práctico lidiar con una fusión de dos entidades que ya tienen identificados sus puntos críticos que con dos por separado y la necesidad de corregir el deterioro de los dos balances. Aunque en este caso la obra sería más extensa e intensa.

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