edición: 2494 , Viernes, 22 junio 2018
06/09/2011
Ni Economía ni Banco de España quieren conceder prórrogas a las cajas

Salgado apremia a Ordóñez: la reforma bancaria debe estar cerrada en octubre

El agravamiento de la crisis demora aún más las decisiones de los inversores
Elena Salgado, ministra de Economía
Juan José González

Difícil decisión la que debe tomar el Banco de España en estos días: o bien dar prórroga encubierta –señalar un fleco o simple requisito para retrasar una fecha- una versión de prórroga a la espera de un tramite o algo así, y por tanto, enfrentarse al Gobierno en su compromiso de dar por cerrada una reforma o capitalización del sistema financiero en los plazos comprometidos con la UE, o bien atender las demandas de los implicados, las cajas, cediendo a las presiones que con carácter intensivo vienen realizando en las últimas semanas. La semana se presenta en clave de situación de límite, cuatro días decisivos para que el jueves, final del plazo que obliga a pedir tregua o prórroga al supervisor, a aquellas entidades que no hayan resuelto aún los problemas que les impiden alcanzar el 10% como mínimo de capital principal. Posteriormente, y hasta finales de mes, estarán obligadas a acreditar que lo cumplen con cifras reales. Pero una sospecha sobre la verdadera intención de algunas cajas tiene en jaque a las autoridades.

El estado de las operaciones esta como sigue: Liberbank (Cajastur) esta cerca de anunciar la operación; Banco Mare Nostrum e Ibercaja se encuentran más cerca de la fusión; Caja España-Duero y Unicaja deshojan el calendario para acordar la unión en unos días; Novacaixagalicia sigue abonada al suspense y a tenor de la actualidad financiera puede pedir esta semana una mínima prórroga. El plano de situación no despeja muchas incógnitas respecto a la resolución final de la reforma financiera, tan sólo crea expectación política y tensión informativa. La solvencia tiene un precio, pero también tiene sus fechas.

Sobre el terreno, el asunto parece sencillo porque el papel lo aguanta todo, pero en la práctica el Banco de España se encuentra entre la espada que le sitúa en el mismo pecho la vicepresidenta, quien le exige que ya esta bien y que termine de una vez la reforma del sistema financiera, y por otra la pared de unas entidades con problemas en el balance que, a tenor de los informes de auditoría de finales de agosto, en poder del Supervisor, estarían reflejando situaciones de difícil solución para tan corto plazo: un mes.

Problemas que van mucho más allá de una insuficiencia de capital, como por ejemplo, los vencimientos de deuda y la imposibilidad de renegociación en algunos plazos; varias situaciones de iliquidez registradas en el tercer trimestre del año, y así algún que otro desajuste que en el caso de una caja de peso se traducirá en que al término de septiembre no podrá hacer efectivas las cantidades acordadas en concepto de indemnización por ajuste de plantilla. Todo un poema el que se puede empezar a vivir en este aciago mes de septiembre donde los recortes en el mercado bursátil pueden ser tan sólo una anécdota en el complicado paisaje que dibuja la rentrée.

Lo cierto es que no todas las cajas cuentan con la misma situación de partida ni mucho menos con los mismos mimbres en sus consejos de dirección. Hay de todo: diferentes situaciones, diferentes puntos de vista y, sobre todo, diferentes estrategias. En este punto es donde se viene observando que más de una entidad financiera, aspirante en las próximas horas –o días, pues hay plazo para solicitar prórroga- puede hacer uso de su capacidad para pedir un aplazamiento en el cumplimiento del decreto sobre solvencia aprobado por el Gobierno el pasado mes de febrero.

Las cajas se están jugando su futuro en estos días de septiembre, y tienen capacidad para ‘jugar’ y manejar los plazos que les permite la norma. Las cajas parecen haberse definido por dos estrategias diferentes, muy condicionadas ambas por una norma con más rasgos de rigidez que de permisividad. Las que han optado por buscar un socio que aporte capital, y las que han preferido la financiación bursátil. El plazo que contempla la norma es diferente para unas y para otras, y así mientras las primeras tienen la obligación de cerrar las operaciones en septiembre con una posibilidad –complicada por excepcional- de alargar el plazo hasta diciembre, las segundas cuentan con otro plazo de mayor alcance –marzo de 2012-.

El Supervisor no ve bien la prórroga de diciembre, y sí vería con buenos ojos que las que opten por el mercado bursátil se decidieran más bien antes que después. El Banco de España se muestra en sintonía con el ministerio de Economía, lo que no significa que los deseos del Ejecutivo puedan cumplirse en todos sus extremos: el interés del banco central y del ministerio de Economía es el mismo, incluso el camino puede servir para ambos, pero los tiempos no coinciden. Economía quiere el cierre del proceso de recapitalización antes de que finalice septiembre mientras el BdE lo considera misión casi imposible, pero conoce bien que además del compromiso legal existe el compromiso con Bruselas y la necesidad política del Gobierno de presentar la reforma bancaria cerrada en el inicio de la campaña electoral del próximo 20-N.

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