edición: 2613 , Martes, 11 diciembre 2018
03/12/2018

Sánchez alerta a los empresarios de que el fracaso parlamentario de May desencadenará una crisis

Los pocos interlocutores empresariales que se acercan a la Moncloa reciben las advertencias presidenciales
Carlos Schwartz
Fuentes al tanto de los encuentros del presidente Pedro Sánchez, afirman que el dirigente socialista advierte a los empresarios que se acercan a la Moncloa de que deben tomar medidas cautelares porque las previsiones de su equipo son que la primera ministro de Reino Unido, Theresa May, no podrá ganar el voto a favor de su pacto para la salida de la Unión Europea (UE) en el parlamento británico que está previsto para el 11 de diciembre. Esta preocupación no sólo ronda la Moncloa, hay resignación en Bruselas porque todo parece indicar que el Brexit duro, es decir sin tratado, es inminente. La  fecha de salida del Reino Unido de la UE es marzo de 2019. Sánchez, de regreso de Buenos Aires, ha sufrido el fin de semana un golpe que tenía menos calibrado que el probable revés de May en Londres, el batacazo del PSOE de Susana Díaz en las elecciones regionales de Andalucía. 
 
Pero la realidad parece tener consistencia propia en materia de costes para la UE con la salida de Londres del acuerdo, algo que los medios políticos en Bruselas no suelen hacer evidente. El fuego se concentra sobre los costes que la salida sin acuerdos específicos supondrá para Londres, entre ellos una caída del producto interior bruto estimada en el 6%. Pero poco se habla de los costes que esa opción puede tener para la UE y sus países miembros. Las afirmaciones el domingo por parte del portavoz laborista para el Brexit, Keir Starmer, han vuelto a poner el asunto en el orden del día. El dirigente señaló que si May no lograba el voto del parlamento para aprobar el documento pactado con la UE su partido pediría que el Gobierno de May se someta a una moción de censura. Si la primera ministro, en ese caso, no lograra rechazar la moción de censura, se haría inevitable la convocatoria de unas nuevas elecciones generales en Reino Unido. 

Sin embargo, para perder la moción de censura sería necesario que algunos parlamentarios en su propio grupo o entre sus aliados, votaran en su contra. El debate sobre el acuerdo para el Brexit logrado por May se iniciará en la sede del parlamento esta semana y todos los grupos opositores han puntualizado su rechazo, al igual que sus aliados de Irlanda del Norte, el Partido Unionista, y lo que es aún más peligroso unos 100 miembros de su propio partido Conservador.

Las defecciones menudean, tanto de los partidarios del Brexit como de sus enemigos. El pasado viernes el ministro de Ciencias, Sam Gyimah, se convirtió en el vigésimo segundo miembro del Gobierno que abandona el cargo por sus divergencias en torno a la cuestión. Gyimah se marcha por desacuerdo con el abandono de la UE, lo que demuestra que este asunto sigue dividiendo las aguas en la isla. Hasta ahora el presidente del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, se mantenía en un cómodo segundo plano, por el supuesto de que May impondría, mal que bien, su opción. 

Los parlamentarios más próximos al dirigente señalan que, como miembro del ala izquierda dura del laborismo, es partidario del Brexit. Pero la posibilidad de que May no sea capaz de hacer aprobar su pacto con la UE puede obligar al dirigente a tomar cartas en esta cuestión, incluso en contra de su propio punto de vista. Hay una corriente fuerte en el seno del laborismo y dentro de la propia sociedad británica que aspira a un segundo referéndum sobre el abandono de la UE, y en el caso de una caída del Gobierno por una moción de censura, quedaría planteada la posibilidad de que esta alternativa quede al alcance de la oposición. 

De acuerdo con la legislación británica si un Gobierno pierde ante una moción de censura se abre un periodo de dos semanas para la formación de un nuevo gobierno viable. Si éste no se materializa en ese plazo, se debe hacer una convocatoria inmediata de elecciones generales. Hasta ahora Corbyn ha evitado disgustar a los militantes de base de su partido que han votado por el Brexit, que se suponen por otra parte un sector nada desdeñable. Pero el temor a las consecuencias de una salida “dura”, es decir sin el paraguas de un tratado regulador, consecuencias económicas por otro lado poco halagüeñas, puede polarizar un sector del laborismo hacia la opción de un nuevo referéndum. Esta ha sido la posición del ex primer ministro Tony Blair, quien aun influye en un ala del partido. Los medios de prensa más próximos al empresariado vienen analizando de forma sistemática la posibilidad de que esta alternativa se convierta en una opción viable en el seno del parlamento británico.

Que esta es una opción que está en el candelero ha quedado claramente expuesta cuando el dirigente laborista y ministro de Exteriores en la sombra, John McDowell, declaró la semana pasada que la crisis abierta acabaría “inevitablemente” forzando un nuevo referéndum. El político es una persona muy próxima a Corbyn, lo que ha multiplicado la sorpresa. 

También Starmer ha señalado que votar sería “mejor que esto”, por referencia a los esfuerzos agónicos de May por lograr la aprobación de su paquete en el parlamento, en medio de la resistencia de su propio partido, y la lluvia de dimisiones a la que tuvo que hacer frente. La estrategia laborista, en este nuevo cuadro de la situación, sería forzar la convocatoria de elecciones generales tras una moción de censura exitosa. A esas elecciones el laborismo se presentaría con un programa que incluye su propuesta de Unión Aduanera Permanente. Esta situación en su conjunta indica a las claras que la cuestión del Brexit todavía no acabó y aun puede dar más vueltas que las previstas inicialmente. 

Incluido un nuevo referéndum, desde luego, de resultado incierto. Habrá que ver si el equipo asesor de Sánchez es capaz de percibir estas menudencias y ajustar el discurso del presidente de forma más ceñida a la realidad allende nuestras fronteras. De hacerlo puede que incluso logre afinar la percepción de lo que ocurre en nuestro propio país.
 

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