edición: 2361 , Lunes, 11 diciembre 2017
07/12/2017
banca 

Santander, bajo sospecha

Parece como si el mensaje de la OCDE sobre la urgencia de tomar decisiones valientes, arriesgadas, dolorosas y muy costosas en el asunto de las pensiones, dirigido a Gobiernos y agentes sociales, así como a quien haya querido escucharle, lo hubiera tomado Banco Santander como propio, habida cuenta de la oferta realizada a los trabajadores de 50 años de edad de su plantilla la pasada semana. Si fuera así, habría que reconocer que el banco de Botín ha reaccionado velozmente, tan deprisa que hasta ha conseguido levantar la sospecha en medios oficiales.

Sospechas que no están relacionadas con los problemas puntuales del banco, los que tiene en numerosos frentes, sino con la premura con la que se ha producido la oferta -ofertón- a la plantilla. Sospechas que van en otra dirección, como es la imposibilidad del banco de sostener los elevados costes salariales de una plantilla sobredimensionada así como sus costes sociales -cotizaciones-. En este sentido, en el de adelantarse a la norma que salga de la reforma de las pensiones, es donde debe situarse la oferta del Santander a los trabajadores de su grupo financiero procedentes del adquirido Popular.

Las decisiones que adopten las empresas privadas sobre pensiones en estos tiempos de cuenta atrás de reforma del sistema, deberían contar algo más que la aprobación en el consejo de administración, del acuerdo con los representantes sindicales y, para un mayor control de las decisiones de la autorización del ministerio de Trabajo. Que Santander se haya querido adelantar -como en efecto así ha sucedido- a los posibles efectos de una regulación restrictiva de las prejubilaciones, puede llevar a que otras grandes compañías sigan la misma vía, lo que llevaría a neutralizar algunos aspectos y puntos concretos de la futura reforma del sistema de pensiones.

Seguramente la colosal oferta laboral financiera del banco de Botín, suerte de operación por derribo, de tirar la casa por la ventana, como en los mejores tiempos de las ofertas comerciales, no sería aceptada, de ninguna forma por un legislador cabal, conocedor del alcance y efectos que a la postre puede provocar una oferta como la del banco. El alcance puede ser que ahora otros grupos necesitados de ajustes y en exhibir ante los accionistas una buena ratio de eficacia -léase BBVA- sigan la senda de la colosal oferta del Santander. Seguro que lo están pensando.

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