edición: 3095 , Miércoles, 25 noviembre 2020
30/06/2016
banca 
Los demócratas animarán la economía

Santander quiere curar en EE UU las heridas del Brexit

Y BBVA copia el cambio de estrategia ante los problemas de sus inversiones en Europa
Juan José González
Las elecciones en Estados Unidos, según avanzan algunas encuestas, dan como probable el triunfo del partido demócrata, lo que en términos económicos brinda una oportunidad de probar suerte en el mercado que más se les resiste a Santander y a BBVA. Dejando a un lado las lecturas -siempre interesadas- de las encuestas, lo cierto es que los demócratas parecen estar más cerca de revalidar la Casa Blanca que los republicanos. La estadística, por su parte, se encarga de recordar que siempre que ha ganado el partido demócrata, la economía ha crecido más rápido que cuando el partido republicano llegaba al poder. Apostar en junio a quién ganará en noviembre es ahora un ejercicio de elevado riesgo político pero también financiero y empresarial que se plantea en un escenario nuevo: una Europa sin Reino Unido. Aunque para riesgo el de Santander y BBVA si se deciden, como parece, a potenciar su presencia en Norteamérica. Se espera que en esta ocasión lo consigan.
El expediente de los dos grandes bancos españoles con franquicia en Estados Unidos está jalonado de fracasos: compras de dudosa calidad a precios -no de saldo, precisamente- de dudoso negocio e incierta cartera de clientes, a lo que habría que sumar el desacierto del management asignado a las operaciones. En suma, una amplia y larga cosecha de decisiones estratégicas de Santander y BBVA que se han traducido en grandes inversiones con muy escasos rendimientos y cuya recuperación parece no encontrar lugar en el horizonte.

Es cierto que se trata de un mercado donde las autoridades financieras locales se han aplicado hasta el límite en construir una gruesa y dura barrera de entrada, que se ha visto acompañada en numerosas ocasiones con multas y sanciones que han provocado en alguna ocasión la permanencia en un mercado difícil por la hostilidad  manifiesta de las autoridades de EE UU. Sin embargo, las inversiones ya estaban hechas y una retirada habría incrementado el volumen del fiasco. Y por otra parte, no parece conveniente no estar presente en la primera economía mundial, por nefastos que sean los retornos conseguidos, hasta la fecha, muy escasos.

Pero ahora, el escenario político y económico que dibuja una Europa sin la potencia económica y financiera que representaba el socio Reino Unido, va a provocar numerosos cambios en el panorama bancario. En primer lugar porque las entidades más grandes van a recoger en sus cuentas los daños directos del Brexit. Santander y BBVA están inmersos estos días inmersos en una carrera por explicar que la salida de Reino Unido conlleva riesgos limitados, casi inapreciables para sus cuentas y negocios. Es probable que el impacto del Brexit en el caso del BBVA sea menor, que no leve. Pero el Banco Santander no puede decir lo mismo: Reino Unido es el 30% de sus recursos propios, el 23% de su beneficio, cerca de 26.000 empleados. La rentabilidad de su inversión en el mercado británico es del 10,5%.

De esta forma, la posición de Santander en Reino Unido que se considera diversificación, en el escenario del Brexit y según las cifras de rentabilidad, beneficios y demás, se vuelven altamente afectadas por el riesgo de contar con una cuarta parte del negocio del grupo en el epicentro de la tormenta política, económica y financiera. BBVA, grupo bancario sustancialmente menor que el Santander, parece salvarse del Brexit, pero no se libra de la caída del precio del crudo, un sector en el que anda pillado con elevado riesgo crediticio en su franquicia norteamericana. Dos posiciones diferentes que, sin embargo, obligan a considerar la renovación de la apuesta americana como un asunto estratégico.

Quizá es el momento más adecuado para invertir más capital, financiero y humano, en consolidar, definitivamente, la posición en EE UU, con un hueco en el país que ahora mismo es cuestionado por la postura proteccionista de las autoridades supervisoras locales. Si hasta ahora no se planteaba la discusión sobre el mantenimiento de la apuesta estratégica por aquel mercado, es probable que haya llegado el momento de hacer caso a las voces de algunos consejeros, tanto de BBVA como de Santander, para echar el resto en las franquicias estadounidenses. Y en especial, en el momento en el que, como hoy, se está cuestionando la estabilidad a medio plazo del sector bancario Europa.

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