Santander quiere evitar las subastas del Tesoro
edición: 2534 , Viernes, 17 agosto 2018
12/11/2008

Santander quiere evitar las subastas del Tesoro

Juan José González

Gran revuelo, como no se recordaba, el que se ha organizado a propósito de la ampliación de capital del Banco Santander, al fin y al cabo, un movimiento empresarial al que habría que atribuir un mayor sentido ideológico que económico. Pendiente como está todo el mercado, más de lo que hace el vecino que de lo que uno debe hacer, con la tensión por las nubes por las cifras de las cuentas de resultados que van llegando al cabo del trimestre, y con el Gobierno de turno a pleno rendimiento, al Santander se le ocurre que es el momento de dar primero, y ampliar el capital. La reacción inmediata del sector bancario, sus colegas, BBVA, Popular, Sabadell y Bankinter, consiste en sentirse aludidos por el movimiento del primer banco. Todo parece indicar que se ha producido una “sobrerreacción” a un hecho que es llamativo por la autoría –el primer banco español- y por el volumen –un 25% de su capital-. Pero habría que tener en cuenta otra coordenada, la de fondo, la ideológica.

Los gestores del Santander, los que marcan la línea estratégica de la sociedad financiera, los propietarios o dueños de esa “factoría”, pueden presumir de muchas cosas, y una de ellas es la de contar con varios miembros con amplia perspectiva histórica. Han visto, conocido y vivido varias etapas y movimientos políticos y económicos en las últimas cinco décadas, en todo el mundo. Quien más quien menos, recuerda la época de Harold Wilson, como referencia histórica de las nacionalizaciones en Reino Unido. Entonces, Gordon Brown era demasiado joven para interpretar lo que estaba haciendo aquel gobierno laborista, pero parece que le debió de servir de inspiración para elaborar su hoja de ruta en la solución de los problemas del sector financiero en estos días que corren.

La participación, o intervención, del Estado en la Banca se presenta desde hace unos meses como el mal mayor a evitar cómo sea, por encima de todo, de cualquier forma y a cualquier precio. El consejero delegado del banco, Alfredo Sáenz, se encargó de matizar ayer que los fondos de liquidez del Gobierno son créditos del Tesoro al precio de subasta y no ayudas a los bancos. Así que, viene a decir Sáenz, quede bien claro lo que pensamos de los fondos de rescate.

Se teme el Santander que estos fondos de rescate, bajo el pretexto sutil de reforzar la solvencia de todas las entidades financieras, se conviertan o encubran una nacionalización parcial. Y para evitarlo, nada mejor que levantar barreras, una ampliación de capital, es enviarle a todo el mundo un mensaje concreto: independencia de criterio y actuación y rapidez extrema rapidez en ponerla en marcha, es decir, antes de la reunión del G20 y de la primera subasta del día 20 de noviembre.

Es probable, pero no descartable, que el Santander no acuda a las subastas del Tesoro a partir del próximo día 20, por orgullo, porque no lo necesite y porque en el fondo repudie -y se tema- esa fórmula que, como ya dejó patente Sáenz en la presentación de resultados del tercer trimestre, puede producir un “efecto reputacional negativo y posiblemente desproporcionado”, ya que el mercado puede interpretar que los bancos que acepten esa fórmula de las “ayudas” que están en apuros. A fin de cuentas, tras la ampliación de capital, ¿para que va a acudir a una subasta de fondos que no necesita?

Es por ello que no extraña la reacción de algunos líderes bancarios, cuya apreciación de los movimientos públicos no deja lugar a dudas de que nos encontramos ante un nuevo modelo de cogestión o intervención temporal, o responsabilidad compartida, de las entidades financieras, de los bancos. Si la participación/intervención del Estado en la Banca es una novedad en Estados Unidos, no lo es así en Europa, como ya se ha recordado, pero es, en definitiva, un modelo impuesto en la práctica por el descomunal tamaño y gravedad de la situación.

En el Santander han valorado que la situación es única y, por tanto, que los peligros son todos los imaginables. Los responsables de Gobierno de los principales países del mundo se van a reunir en Washington a propósito de un problema común; la crisis del sistema financiero. Las tentaciones intervencionistas que se pondrán encima de la mesa  en esa reunión serán inmensas, y la misma necesidad de salir de tan magna cita con alguna resolución que ofrecer al mundo, hace temblar a los dueños de las propiedades terrenales; financieros, empresarios…

El temor a que se produzcan cambios normativos y nuevas regulaciones nacionales e internacionales, pone los pelos de punta a más de uno y quita el sueño a todos los demás. Da la sensación de que a partir de las nuevas reuniones de todos los G’s del mundo, las potestades del Gobierno, en su ayuda al sistema financiero, deberán ser compensadas de alguna manera. El dinero público, dinero de los contribuyentes, será utilizado para adquirir esos activos que llaman “basura” pero también para entrar en los consejos de los bancos privados, y esto sí que pone en pie de guerra a las sensibilidades del capitalismo –lógicamente- amenazadas por el Estado, a quien veremos en un futuro más bien próximo que lejano, “cogestionando” el sector financiero.

Más allá de esta apreciación ideológica, las entidades financieras, en una etapa de crisis de confianza, con un creciente nivel de morosos e impagados, puede verse necesitado de mayor volumen de capital. Una situación ante la que los bancos tienen varias vías para captar recursos, además de la mencionada ampliación de capital. Por ejemplo, la emisión de activos, acciones preferentes, o acudiendo al mercado institucional, al mercado mayorista, para colocar bonos, obligaciones o cédulas, y como no, recurrir al ahorrador minoritario para captar recursos. Pues bien, el Santander, decidió el lunes la primera de ellas, la ampliación de capital.

La reacción del resto de la Banca, ha dejado en evidencia que, de nuevo, Santander, ha sido el primero en tomar una decisión en el momento más oportuno para solucionar y/o prevenir un problema, mejorar los ratios de solvencia que, se diga lo que se diga, no por su carácter de urgencia, necesitarán ser superiores de cara al próximo ejercicio de 2009, un año que se presenta complicado en extremo para todas las entidades financieras,  Santander incluido.

Por lo demás, el resto de entidades nacionales, si tuvieran que ampliar capital bajo el mismo criterio que Santander, alcanzar el 7% de core capital, no tendrían que hacer demasiados esfuerzos, aunque al BBVA le costaría acelerar un paso su estrategia. Este banco, caso de optar por la ampliación de capital, tendría que emitir del orden de 1.700 millones de euros, aproximadamente un 10% de su capital actual. En el caso del Popular (200 millones de €), Sabadell (200 millones de €) y Bankinter (300 millones de €), se estima que necesitarían en total unos 700 millones de euros para llegar al 7% de core capital.

Los expertos de mercado recuerdan que no hay que perder de vista la intención del Santander de aumentar en 0,03 euros el actual dividendo de 0,72 euros por título. En este caso, una retribución de 0,75 euros por acción, se estima que el banco difícilmente podría pagar los 5.700 millones de euros en dividendos previstos sin la ampliación, más  otros 300 millones tras la ampliación, al contar con las nuevas acciones. Ya veremos.

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