edición: 2324 , Martes, 17 octubre 2017
20/01/2011
Efectos perversos de las crisis de la alta dirección en el negocio: el caso de Apple

Santander, tensión por el alcance del ‘caso Sáenz’ en los resultados

La inhabilitación del consejero delegado tendría un fuerte impacto en la cotización
Juan José González

El anuncio de Steve Jobs, director general de Apple, considerado como el cerebro de la firma de Silicon Valley, sobre su baja temporal, aduciendo una causa médica, se saldó para la cotización de la compañía con una considerable caída de la capitalización bursátil, nada menos que 16.800 millones de dólares en apenas dos sesiones de Bolsa. La compañía había anunciado unos resultados trimestrales espectaculares, con un avance del 77,5% sobre el año anterior y más de 6.000 millones de dólares de beneficio neto. La ausencia temporal de Jobs, no deja de ser una crisis puntual para la compañía, para el valor en Bolsa, que los inversores y accionistas tienen en cuenta a la hora de determinar el precio de la acción de Apple. En otro ámbito local, inversores y expertos financieros no han dejado pasar por alto la posible baja de Alfredo Sáenz, vicepresidente y consejero delegado de Banco Santander, tras conocerse parte de una deliberación secreta –que no sentencia todavía- del Tribunal Supremo y que afectaría al ejecutivo y, posiblemente, a la entidad financiera.

El asunto no tendría mayor importancia pública si no hubiera sospecha de una relación de causalidad. Y puesto que esta existe, se puede afirmar que Jobs es decisivo y determinante en Apple. Suele ocurrir cuando una cotizada sufre el relevo de un alto directivo, por la razón que sea, es un hecho que es objeto de estudio y valoración por parte de los analistas e inversores. Estos observan que, por ejemplo, la hipotética ausencia de Sáenz al frente del grupo Santander supondría la ausencia también de ‘talento carismático’ que denominan los expertos, y que por tanto podría tener su influencia en el negocio y en sus resultados.

El mercado, los inversores, los analistas y los propietarios –tanto los que se sientan en el consejo como los que no- ponen precio al talento y le asignan un valor. En este sentido, ni Jobs ni Sáenz, a pesar de que las circunstancias no sean las mismas, no se escapan de esa fría medición y, como cualquier activo asignado a la producción de bienes y servicios, tienen su precio. La ausencia de Jobs provocó la caída de la cotización de Apple a pesar de esos resultados espectaculares, la posibilidad de una inhabilitación de Sáenz marcó también una cotización a la baja, compensada, de forma inmediata, por un fastuoso rally bursátil que mitigó el ‘ruido’ ocasionado por los posibles efectos de una decisión judicial del TS.

No es la primera ni la segunda vez que sucede ese fenómeno de causalidad entre cambio de gestor y cambio de valor, como tampoco será la última. Cabe recordar algo similar cuando a finales de septiembre de 2009, el consejero delegado de JP Morgan prescinde del director de banca de inversión con gran talento y al que se le habían adjudicado numerosos éxitos del banco, lo que se interpretó como señal de cautela, experimentando la cotización de la entidad una subida anormal. En la misma semana, José Ignacio Goirigolzarri, consejero delegado de BBVA, daba el portazo en el banco. Este ofreció una versión tan oscura y carente de credibilidad que la acción del banco no ha logrado superar desde entonces.

Las comparaciones son odiosas, pero sirven para interpretar multitud de aspectos. La baja de Jobs tiene un impacto sobre el valor en Bolsa de Apple, donde trabajan decenas de miles de personas. El tiempo dirá, a través de las cifras, si la ausencia del director general y cerebro se salda con menor crecimiento de ventas y/o de beneficios; no deja de ser una especulación de futuro que se podrá comprobar en los próximos trimestres. La noticia que afecta al ejecutivo de Santander, puede tener, asimismo, efectos negativos sobre las cuentas del primer grupo bancario español. Una noticia que, a diferencia de la de Jobs, no provocó un golpe a la cotización del banco, si bien, ese día la capitalización cedió desde los 72.300 millones de euros a los 71.000 millones.

Ya se sabe que los mercados tienden a relacionar a la dirección de una empresa con unos activos más en producción, aunque la empresa los denomina recursos humanos. Son consejeros delegados, directores generales o presidentes, el grupo que representa la alta dirección, el ápice de la cúpula de la organización. Los analistas de inversiones los califican por sus logros, trayectoria, edad, y grado de previsibilidad. Un cóctel de criterios que determina un “personal track record”, un valor, una calificación y, por tanto, una variable susceptible de cotización. Los analistas anglosajones lo tienen muy claro. Desde el fiasco de Enron (octubre de 2001) el personal que habita la alta dirección esta clasificado por categorías; con calificativos y calificaciones, no se escapa ni uno de esas valoraciones particulares de los altos directivos.

Y visto que no es lo mismo que la baja de Jobs se cotice a 16.800 millones menos de capitalización, que el asunto de Sáenz, con poco más de 1.200 millones menos de capitalización, varios fondos de inversión internacionales no pierden de vista que a medio plazo sí puede tener un mayor reflejo en las cuentas de Banco Santander.

Dada la edad del consejero delegado (cumplirá próximamente 69 años) y el reciente avatar jurídico sobre Sáenz, es más que posible –probable- que el consejo de administración del grupo, presidido por Emilio Botín, ya haya pensado en un sustituto de emergencia para su primer escudero. De emergencia, puesto que en esta primera parte del año, el grupo tiene diversos frentes nacionales e internacionales abiertos, lo que provocaría una crisis –cambio- en el grupo bancario que aceleraría, a su vez, el proceso de relevo familiar.

Precisamente uno de ellos, Santander UK, con su máxima responsable en fase de aterrizaje, es uno de los encargos que mayor tiempo puede estar ocupando al equipo de Sáenz, volcado de lleno en que el frente británico mejore su aportación al balance en el presente ejercicio. Por otro lado, una posible inhabilitación profesional de Sáenz le impediría la presentación de los resultados anuales del grupo en 2010, una ceremonia que viene realizando en los últimos años junto al presidente del grupo, Emilio Botín. Mientras tanto, se espera que el mercado, los inversores o los propietarios –accionistas- le pongan precio al talento de Alfredo Sáenz.

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