edición: 2597 , Viernes, 16 noviembre 2018
28/04/2015
Primer paso para otra OPV

Santander y Unicredit, una alianza especulativa que `bordea´ a la Fed

La salida a Bolsa de la sociedad aportaría en el futuro fuertes plusvalías para el capital
Ana Patricia Botín tendrá que seguir dando explicaciones a la FED
Juan José González
La comunidad financiera sigue atenta los movimientos de la fusión de las unidades de gestión de activos de Banco Santander y Unicredit. No es una operación al uso, a pesar de que a primera vista se presenta en forma de acuerdo puro y duro. Sin embargo, conlleva valoraciones de los negocios de una y otra parte, así como un nuevo papel de otros dos socios, Warburg Pincus y General Atlantic, ambas de capital riesgo, con las que se estructura legalmente la operación. Los beneficios de futuro parecen ser la tónica dominante para unos y para otros. Es una operación que se arrastra desde principios de 2013, como idea del entonces consejero delegado, Alfredo Sáenz y que comenzaría con la venta del 50% de la gestora del Santander a las dos firmas de capital riesgo. El banco se apuntó una plusvalía de 700 millones de euros.
Ahora el objetivo es doble: por un lado, asegurar plusvalías de futuro con la probable venta de otra participación de la nueva gestora que suma con Unicredit, y por otro, comenzar una fase de corrección de las deficiencias que en materia de riesgos sufre Santander en EE UU, a juicio de la Fed, y que le impiden superar, de forma reiterada, las pruebas de resistencia. Esta posición `divergente´ con los criterios de la Fed, no están beneficiando a la entidad de Ana Patricia Botín, y que obliga al banco a dar explicaciones de forma continuada a inversores y analistas.

La operación con Unicredit, de la que son parte accionarial los dos fondos estadounidenses, evita que el Santander sea propietario de las sociedades, motivo por el que algunos especialistas en fusiones y adquisiciones señalan que la operación de Santander y Unicredit es legal aunque para otros podría ser considerada como una solución para bordear la normativa.

Entre tanto, las autoridades financieras europeas analizan el movimiento de las dos entidades, en busca de posibles segundas y terceras lecturas del acuerdo. Y las americanas, la FED, también. Sobre el papel, la operación, a pesar de reunir las características propias de complejidad y dificultad, no debería molestar a las autoridades americanas. Pero tampoco evita las suspicacias sobre la misma al entender que Banco Santander continúa sin corregir las prácticas en la gestión de riesgos que llevaron a las autoridades de la Reserva Federal a suspender a la entidad financiera al no superar las pruebas de resistencia. Lo cierto es que a la entidad española siempre se le ha resistido la regulación americana, asignatura pendiente que Botín, seguramente, logrará superar algún día.

Pero la operación de 2015, a pesar de un cierto parecido en sus objetivos finales, no es igual a la de 2013, cuando el banco vendió el 50% de su gestora de activos. La operación era perseguida desde hace tiempo por la dirección del banco, y en el intento había llegado a ofrecer a varios socios que, finalmente, declinaron su entrada en una operación que era contemplada como un movimiento especulativo de corto plazo para obtener una plusvalía que corrigiera la deficiencia de capital que sufría el banco en 2013. Un ejercicio complicado que obligó al banco a reforzar capital y mejorar la cuenta de resultados en un momento de fuerte erosión de márgenes y cuantiosas provisiones por deterioro de activos.

La solución entonces fue la ampliación de capital de la gestora de Santander -con la entrada de Warburg Pincus y General Atlantic en el capital- pero ahora los problemas son distintos. El banco ha mejorado sus márgenes y sus necesidades de capital no tienen la misma urgencia que entonces en 2013. Con un negocio valorado en 5.400 millones de euros, la gestora contará con cerca de 400.000 millones de euros en activos que le pueden aportar beneficios por las numerosas sinergias de la unión con Unicredit.

Sin embargo, la operación con Unicredit no consigue despejar las dudas de los especialistas ni las suspicacias de los inversores que contemplan el movimiento especulativo del Santander con vistas a una OPV que le dejaría en caja fuertes plusvalías para una nueva operación corporativa en Europa. En todo caso, los problemas con el regulador norteamericano, seguirán siendo un obstáculo para otras operaciones del banco.

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