edición: 2908 , Miércoles, 19 febrero 2020
05/02/2014
El hipotecario quiere asomar la cabeza

Santander y Bankinter aprovechan un mercado revuelto para vender hipotecas

El empleo de enero y las dudas sobre EE UU y China, pueden retrasar los planes de recuperación económica
Juan José González

Las entidades bancarias están confirmando estos días que cuentan con liquidez y deseos suficientes para conceder o desbloquear el crédito. Otra cosa es que subrayan que serán más estrictas en la selección de los futuros deudores. No es para menos, pues la morosidad acaba por dejar maltrechas a las entidades que la soportan. En todo caso, el escenario de los últimos meses se ha revelado como contradictorio por varios motivos. Entre otros, se han concedido ayudas directas al sector bancario por cerca de 62.000 millones de euros, así como un ingente volumen de avales; se puso en marcha el banco malo y los bancos tuvieron la oportunidad de hacer un negocio redondo tomando dinero del Banco Central Europeo al 0,25%. La sensación tras conocer las cuentas de las entidades, es que una buena parte de la banca ha aprovechado la coyuntura para hacer sus cuentas, salvar el balance, al tiempo que seguir recortando crédito y subiendo comisiones. Tan solo el hipotecario parece querer asomar la cabeza, aunque no se descarta que se trate de un espejismo provocado.

Sensación que alcanza también a los resultados, con unos beneficios que en algunos casos se demuestran artificiales, que no han surgido por arte de magia, sino por la negociación pura y dura de la deuda, carry trade. A pesar de todo, el crédito sigue a la baja y la morosidad en niveles de récord histórico. La valoración que hace el Gobierno, al tiempo que trabaja para imponerla en sociedad, es que la recuperación, como el cambio de tendencia o de ciclo, no aguanta el envoltorio de euforia. Los discursos bancarios de los últimos días, circularon plagados de mensajes optimistas y positivos, iban llenos de buenos deseos y en línea con el discurso oficial del Gobierno. Pero situaban la recuperación económica en una posición comprometida respecto a la realidad. Días pasados colmados de argumentos optimistas y, sin embargo, fueron los argumentos pesimistas los que han terminado por imponerse a los hechos. 

La cifra de paro registrado en enero, sitúa los problemas en la realidad: más de 113.000 personas respecto al mes anterior. Es una muestra de que la llamada `recuperación´ es endeble, apenas se sostiene y con ella se derrumba el mensaje oficial, igualmente tan débil como la coyuntura. El fin de la recesión fue presentado en un ambiente de recuperación bursátil, en realidad, una entrada puntual de dinero, quizás la primera de una serie que tendría continuidad posteriormente y que confirmaría el interés del capital extranjero por coger posiciones baratas en el mercado español. Sin embargo, entre un mal indicador macroeconómico adverso como el índice de gerentes de compras, que mide la actividad industrial, o la caída de los pedidos de exportaciones en China, han sido suficientes como para echar por tierra las campanas que el Gobierno había lanzado al vuelo.

El cambio al frente de la Reserva Federal norteamericana y la progresiva retirada de los estímulos al mercado, se unen ahora a las malas previsiones sobre la economía china y conforman un plato de difícil o muy pesada digestión. Anima esta especie de fiesta de la confusión la respuesta oficial al desempleo, confirmando que la `recuperación´ económica sigue adelante pero todavía en ausencia del empleo, a palo seco, incluso sin el concurso del consumo familiar ni empresarial. Entretanto, y entre tanto desconcierto, dos entidades financieras -Bankinter y Santander- aprovechan el río revuelto para relanzar la oferta hipotecaria, la cual había desaparecido, sin publicidad y sin espacio en escaparates.

La iniciativa vendedora de las dos entidades financieras será imitada en breve por los competidores. Se trata del primer impulso del crédito, del primer movimiento manual en la apertura del grifo de los préstamos. Pero tan solo se trata de un producto hipotecario, ya que nada se dice del resto de productos relacionados con el crédito a familias y empresas. Por la vía de la puesta en marcha de los créditos hipotecarios, las dos entidades quieren transmitir la idea de que la sequía de crédito ha llegado a su fin. Lo cual no deja de ser una buena señal, tan alentadora como esperanzadora, pero también tan lejana al final de la sequía que puede inducir a error cuando tan sólo se trata de crédito hipotecario. 

La estadística no engaña; es la interpretación la que suele concluir en una confusión. Y algo así es lo que parece estar sucediendo con la vuelta a la actividad hipotecaria. En los cinco últimos meses del año, los saldos de crédito hipotecario siguieron una pronunciada tendencia bajista, curiosamente lo contrario que una buena parte de los precios aplicados por la banca a las hipotecas. En cualquier caso, las entidades bancarias parecen haber cambiado el modelo y, lejos de la barra libre o hipotecas para todos y para todo, se han vuelto selectivas y dispuestas a abrir el grifo del crédito (solamente hipotecario) con exigentes criterios de riesgo, pero tan estrictos que se da por seguro que el mercado hipotecario no volverá a registrar cifras como las del pasado, de tan infausto recuerdo. Y esto sí es un avance en la buena dirección.

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