edición: 2514 , Viernes, 20 julio 2018
19/06/2018

Santander y la fábula del bono

Las fábulas morales de Samaniego pretendían moralizar, instruir y transmitir mensajes propios de las enseñanzas básicas. "La gallina de los huevos de oro", "La zorra y las ovejas", "El asno y el cochino", "Las moscas"... y tantas versiones de fábulas que bien podrían haber sido impresas en los folletos de muchos de los activos financieros que han visto la luz en los últimos tiempos, desde los célebres pagarés de Ruíz Mateos hasta los gloriosos bonos de hoy día de Santander entregados entre la sonrisa de su banco emisor y su promesa de rentabilidad a los exaccionistas y expropietarios de la deuda subordinada de Popular a cambio de renunciar a la vía judicial, perjudicial para Santander.

Un regalo el del bono Santander -que se dijo en su día- nada menos que procedente de la Divina Providencia el que les cayó encima a los 115.000 ahorradores y clientes, mitad ingenuos mitad confiados o sin mejor remedio que fiar la pérdida a la suerte de la mano `inocente´ del Santander y su promesa de revalorización y recuperación del capital si aceptaba el bono salvador. Así firmaron confiados en que era éste un banco serio, por supuesto, a la par que un tanto ingenuos por no ver que la Divina Providencia en cuestión tenía su sede en tierras de la Boadilla del Monte y no en el mundo celestial.

Así viven hoy los exahorradores del Popular a los que una oscura (e injusta) resolución de una oscura autoridad europea ha condenado a la suerte del mercado y su deriva coyuntural, a lo que hoy suceda en Italia o mañana en Reino Unido, pendientes de la migración o de la crisis de turno. Y por si no fuera suficiente el calvario, ahora se suma la voluntad o el capricho de un banco, para el caso el Santander, al que si le viene bien amortiza los bonos en unos años, seis o dieciseis, o si le viene mal los convierte en acciones del banco y a correr. Los que no pueden correr ni moverse son los exaccionistas del Popular y hoy con todas las papeletas para seguir perdiendo.

¿Algún aviso de la CNMV a los exaccionistas del Popular? ¿quizá alguna advertencia sobre el activo en cuestión, de que se trata de un tipo de deuda (que responde al nombre de bonos contingentes convertibles o `cocos´) perpetua diseñada en exclusiva para arriesgados inversores profesionales? Que se sepa, el supervisor del mercado nada dijo al respecto. Hoy se encuentran los 115.000 exaccionistas con unos papeles devaluados, aquellos que empezaron ganando casi un 10% pero que los avatares de los mercados financieros han devuelto a las pérdidas, un 6% esta semana y que amenaza con mantener su caída libre en los próximos días. De fábula.

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